Historia del arte · Mitología comparada · Psicología profunda · Simbología religiosa · Filosofía

6 de diciembre de 2010

Volando con los renos de Santa Claus


ndudablemente, gran parte de la figura de Papá Noel, o Santa Claus, proviene de la leyenda de San Nicolás de Bari (270-345), un obispo de Myra del siglo IV que habría repartido su riqueza a los pobres y a quien se le atribuyeron ciertos milagros, por lo que terminó convirtiéndose en santo patrono de varias ciudades, así como de los niños y de los marineros.

En los Países Bajos se le celebra del 5 al 6 de diciembre (fecha oficial de su fallecimiento ocurrida en el año 345), con el nombre de Sinterklaas, un querido personaje que trae regalos a los niños el día de la fiesta. Según la tradición de estas regiones, San Nicolás viene de España, y llega a los Países Bajos en un barco de vapor, con un caballo blanco y acompañado de un ayudante de raza negra llamado Zwarte Piet (Pedro el Negro).

No obstante, algunos elementos de la figura de Sinterklaas, no están relacionados con el cristianismo, y de hecho, existen algunos paralelismos entre este personaje y la figura de Odín, el dios central de los pueblos germánicos.

Ambos, Sinterklaas y Odín, son representados como ancianos con barba y vuelan por el cielo con sus caballos blancos. Sinterklaas monta en su caballo sobre los tejados de las casas, mientras que Odín cabalga sobre Sleipnir, su caballo blanco de ocho patas.

Sinterklaas posee un báculo, y sus sirvientes, como Zwarte Piet, tienen la piel de color negro. Odin porta una lanza llamada Gungnir, y tiene dos cuervos negros, Hugin y Munin, como ayudantes. Sinterklaas tiene también a elfos como ayudantes, mientras que Odín es el Señor del Alfheim, la Tierra de los Elfos.

Los ocho renos de Santa Claus, fueron una licencia artística del cuento estadounidense del siglo XIX, Twas the Night Before Christmas, de Clement Clarke Moore, y tienen su origen en las ocho patas de Sleipnir, sustituyendo así al caballo blanco original en el que montaba por el aire.

Antes del cristianismo, los niños esperaban la llegada de Yule y la visita de Odín, quien al final de la gran cacería, cabalgaba por las villas. Los niños colocaban paja en sus botas para Sleipnir y a cambio Odín llenaba sus botas con regalos.


Derecha: Ilustración de un manuscrito islandés del siglo XVIII, Odín montando a Sleipnir.

Pero existen también algunos paralelismos entre Santa Claus y un pequeño espíritu del bosque que vive realmente bajo la sombra de los helados pinos del Polo Norte, esperando cual regalo bajo el árbol navideño, a ser encontrado por alguien que busca ser objeto de sus poderes.

Es el Amanita muscaria, un hongo de brillante sombrerillo color rojo con tallo y motas blancas que crece cerca de las raíces de los pinos con los que intercambia sales minerales y agua por otras sustancias, de manera que mantiene una relación simbiótica con ellos. Este hongo es usado por tribus de Siberia como los chukchi y los koryak, o los sami de Laponia (al norte de Escandinavia), para preparar una bebida ritual que provoca un estado alterado de la conciencia. Por ello algunos investigadores como el etnomicólogo Robert Gordon Wasson, lo han vinculado con el mítico soma de los Vedas, el alimento de los dioses. También aparecen comúnmente representados en muchos cuentos de hadas y también en los famosos videojuegos de Nintendo, mismos que ya se han convertido en parte importante del imaginario colectivo moderno. Incluso la mitología nórdica relata que de la boca del caballo de Odín, Sleipnir, brotaba una espuma roja cuyas gotas al caer al suelo se transformaban en hongos de esta especie.

Los principios activos de este hongo, el ácido iboténico, el muscimol y la muscarina, son muy tóxicos y letales, pero en dosis bajas producen efectos alucinógenos. Los efectos comienzan entre 2 a 3 horas depués de la ingestión de la bebida y duran de 6 a 8 horas.

Al llegar al cerebro, estos alcaloides psicoactivos disminuyen la recaptación de la serotonina en el cerebro y en la periferia. El ácido iboténico no cruza la barrera sanguínea del cerebro como tal, sino que es parcialmente metabolizado y transformado en muscimol y el resto es excretado. La acción primaria del muscimol consiste en ocupar los receptores de ácido gamma-amino-butíricos (GABA) y actuar como un potente agonista GABA-A. Se ha observado que es activo en diversas partes del cerebro incluyendo el córtex cerebral, el hipocampo y el cerebelo. El muscimol actúa entre las sinapsis neuronales y bloquea la acción del neurotransmisor que controla la transmisión de señales entre las células nerviosas, lo que genera alucinaciones espectaculares que consisten en la percepción distorsionada de formas y distancias, y un efecto común es la sensación de volar.

El uso de drogas psicotrópicas se puede observar en diversas culturas a lo largo de la historia. Este uso ha tenido principalmente fines religiosos y rituales por lo que en el contexto antropológico y arqueológico estas sustancias se conocen como enteógenos (del griego, éntheos (ἔνθεος) 'dios dentro' y génos (γένος) 'origen'), término que alude a la posibilidad de ser inspirado por un dios; de encontrar, experimentar u originar algo divino dentro de uno mismo, proceso que es supervisado generalmente por un guía espiritual denominado chamán.

En relación al Amanita muscaria, por ejemplo, se cree que los guerreros vikingos llamados berserkers los consumían en un brebaje, con sus debidos rituales iniciáticos, antes de emprender un combate, ya que sus efectos facilitaban entrar bajo un trance denominado berserksgangr, el cual les daba más valor, fuerza, resistencia e insensibilidad al dolor, y se dice que llegaban a morder sus escudos y a echar espuma por la boca, lo que aterrorizaba a sus enemigos. De hecho, de la boca del caballo Sleipnir goteaba una espuma roja que, al llegar al suelo, se transformaba en el hongo.

En los bosques de coníferas del ártico donde crece el Amanita muscaria, habitan manadas de renos que en ocasiones disfrutan comiendo estos hongos. Y una vez que los animales se alimentaban del hongo, los sami, que son pastores de renos, bebían la orina del animal, ya que en ella los tóxicos del hongo están más diluidos y, por ende, son más seguros para su consumo. Los sami, así como muchas culturas de carácter chamánico, tienen un sistema de creencias animista, es decir, que todo elemento de la naturaleza tiene alma; animales, plantas y minerales. De modo que, al entrar en trance por medio del fluido "activado" con la sustancia, el chamán entra en contacto con el propio espíritu del reno. La idea de los "renos voladores" (que más adelante debió extenderse hacia el sur en dirección a Europa central, hasta adoptar en el siglo XIX su forma actual) surgió de las visiones inspiradas por el enteógeno, pues esta representación hace alusión a uno de los efectos que produce.

Además, parece ser que los nombres de los renos de Santa Claus están estrechamente relacionados con el hongo: Dasher, Dancer y Prancer (Brioso, Bailarín y Acróbata) hacen referencia a algunos de sus efectos. Cupid (Cupido), el dios del amor, pues parece ser que al Amanita muscaria también se le atribuyen ciertas propiedades afrodisíacas. Comet, Donner y Blitzen (Cometa, Trueno y Relámpago, en alemán); la aparición de los hongos siempre ha sido asociada con la lluvia, misma que viene acompañada de truenos y rayos; de hecho, en algunas culturas, se pensaba que los hongos aparecían allí donde los rayos golpean la tierra. Finalmente, Vixen (Travieso). Su nombre deriva de otra palabra germánica: wicca, que pasa al inglés como witch, 'brujo/a'.

Santa Claus está ataviado con un traje de color rojo y blanco, los mismos colores del hongo, y viaja en un trineo conducido por renos voladores. Entrará por las chimeneas de las casas y colocará sus regalos al pie de un pino, justo donde crecen los hongos en la naturaleza.

Por último, según algunas fuentes, el hongo también provocaría la sensación de morir y renacer en un nuevo estado de conciencia, experiencia cuyo significado finalmente es el mismo que el que refleja la fiesta de Navidad, celebrada cada 25 de diciembre, cuando culmina el solsticio de invierno. Después de un tiempo en que aparenta estar muriendo, con días cada vez más cortos y fríos, el Sol "resucita" anunciando la llegada de la primavera.

Quizás el significado que de antaño ha poseído el solsticio de invierno, junto a la leyenda de un extraño obispo de Asia Menor que habría repartido su fortuna y salvado niños, con el paso de los años haya terminado fusionándose con las experiencias místicas provocadas por este hongo, para producir finalmente la Navidad que hoy conocemos.

Y así, el espíritu del Amanita muscaria persiste aún entre el bullicio de la modernidad y la sociedad de consumo, ocultándose discretamente en cada adorno de nuestra fiesta: los colores navideños (el verde de los pinos y el blanco y rojo del hongo); la espera de un fabuloso mago del Polo Norte —¿un chamán?—, que vuela en un trineo tirado por renos voladores y que entra a las casas para dejar "obsequios" bajo un pino.


Véase también:

·Navidad: orígenes y significado
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Videos relacionados.

-Amanita muscaria ¿Origen de Santa Claus?.

11 de octubre de 2010

Halloween: orígenes y significado


xiste una noche del año en la que las leyes del tiempo y el espacio se suspenden temporalmente y la barrera que separa al mundo de los vivos del mundo de los muertos desaparece.

Cada 31 de octubre personas de todo el mundo se preparan para recibir la inusitada visita de seres que alguna vez también pisaron la Tierra y gozaron de un cuerpo físico.

Es Halloween, la noche de los espíritus, conocida en los países hispanohablantes como Noche de Brujas. La versión oficial, que no es más que la versión cristiana, afirma que el nombre de esta festividad se deriva del inglés All Hallow's Eve, es decir, la Víspera del Día de Todos los Santos, una denominación dada por la Iglesia Católica[1], ya que como fiesta mayor, el Día de Todos los Santos tuvo su celebración vespertina del día anterior en la "vigilia" para preparar la fiesta (víspera). Según esta versión, misma que más adelante cuestionaremos, con el paso del tiempo su pronunciación fue supuestamente cambiando primero a All Hallowed Eve, luego a All Hallow Een para terminar en Halloween, palabra que hoy conocemos.

Desafortunadamente a muchos se nos ha inducido a pensar superficialmente que Halloween es sólo un evento comercial para vender imaginería de esqueletos, brujas y vampiros, y no muchos pueden vislumbrar su importancia. Hoy en día muchos celebran esta festividad por las razones incorrectas, y este artículo propone que gradualmente eso llegue a cambiar.

Las fiestas cristianas

El Día de Todos los Santos (1 de noviembre), como su nombre lo indica, es celebrado en honor de todos los santos, conocidos y desconocidos, y según el papa Urbano IV (1195-1264), para compensar cualquier falta a las fiestas de los santos durante el año por parte de los fieles. Su origen parece estar ligado a la mediocre persecución de los cristianos por parte del emperador Diocleciano (284-305), persecución que, como sus antecesoras, tenían la intención de defender a Roma ante la grave amenaza que constituían los subversivos cristianos para la tradicional sociedad romana. La Iglesia terminó incrementando tanto el número de supuestos "mártires" que no podía venerarlos a todos por separado, por lo que surgió la necesidad de conmemorarlos en una fiesta para "Todos los Mártires" que la Iglesia de Siria comenzó a celebrar, aunque en diferentes fechas, a partir del siglo IV. Tres siglos después, el 13 de mayo de 610, el Papa Bonifacio IV usurpó el antiguo Panteón Romano (templo dedicado a todos los dioses) para convertirlo el "templo de la Santísima Virgen y de todos los Mártires", por lo que a partir de entonces esta fiesta se celebraba cada 13 de mayo. Posteriormente, en el año 741, el Papa Gregorio III (731–741) trasladó esta conmemoración al primer día de noviembre que era el día de la "Dedicación" de la Capilla de Todos los Santos en la Basílica de San Pedro en Roma, y más tarde, en el año 840, Gregorio IV (827–844) la extendió a toda la Iglesia.

Al día siguiente la Iglesia conmemora el día de los Fieles Difuntos, o Día de Muertos, que tiene lugar cada 2 de noviembre, cuyo objetivo es orar por aquellos cristianos que han acabado su vida terrenal y, especialmente, por aquellos que se encuentran aún en estado de purificación en el Purgatorio. En el siglo VI los benedictinos tenían la costumbre de orar por los difuntos al día siguiente de Pentecostés. En Alemania cerca del año 980, según el testimonio del abad de la Corvey, hubo una ceremonia consagrada a la oración de los difuntos el día 1 de noviembre, fecha aceptada y bendecida por la Iglesia. San Odilón u Odilo en el 980, abad del Monasterio de Cluny, en el sur de Francia, añadió la celebración del 2 de noviembre como fiesta para orar por las almas de los fieles que habían fallecido, por lo que fue llamada "Conmemoración de los Fieles Difuntos". De allí se extendió a otras congregaciones de benedictinos y entre los cartujos; la Diócesis de Lieja la adoptó cerca del año 1000, y en Milán se adoptó en el siglo XII, hasta ser aceptado el 2 de noviembre, como fecha en que la Iglesia celebraría esta fiesta.


Derecha: William-Adolphe Bouguereau, The Day of the Dead. 1859.

Las fiestas paganas

Pero como ocurre con gran parte de las fechas cristianas, el origen del Halloween en realidad es pagano. Con el fin de erradicar al paganismo y convertir con mayor facilidad a los europeos, la Iglesia adoptó una serie de antiguas festividades europeas, en este caso principalmente de origen celta, intentando reemplazarlas bajo sus propios conceptos, es decir, "cristianizarlas", en lugar de simplemente proscribir las prácticas populares, del mismo modo que sucedió con el caso de la Navidad.

La celebración celta más significativa en este sentido se llama Samhain, que en gaélico significa "Fin del Verano". Marca el fin de año y de las cosechas, así como el comienzo del año nuevo celta. Es una de las cuatro festividades más importantes del calendario celta (Samhain, Imbolc, Beltane y Lughnassad) en la cual se celebraba el final de la temporada de cosechas al inicio del otoño, cuando se recolectaban los frutos de los campos y se realizaban las provisiones para el crudo invierno, estación en la que la Oscuridad aparenta vencer por un instante a la Luz y en la que el mundo vegetal perece. Para los antiguos, obtener una buena cosecha durante ese período era un asunto de vida o muerte ya que si los cultivos fallaban, la gente moría de hambre. La muerte estaba siempre acechando.

El calendario celta fue diseñado para ordenar el ciclo agrícola con las fases lunares ya que la posición del Sol tenía una importancia secundaria para la agricultura. Dividía el año en dos mitades: la mitad oscura comenzando en el mes de Samonios (lunación octubre-noviembre), y la mitad clara, comenzando en el mes de Giamonios (lunación abril-mayo). Se consideraba que el año comenzaba con la mitad oscura, así Samonios era el primer mes del año nuevo celta. Todos los meses comenzaban con luna llena y la celebración del año nuevo duraba tres noches, Trinouxtion Samonii (Tres noches de Samonios), durante la luna llena más cercana al punto medio entre el equinoccio de otoño y el solsticio de invierno. De este modo, las lunas llenas marcaban el punto medio de cada cuarto del año durante las cuales se celebraban las Cuatro Grandes Fiestas, por ello no existía una fecha fija para cada celebración.

Los antiguos britanos tenían una festividad similar al Samhain conocida como Nos Calan Gaeaf, la víspera del primer día de invierno, mientras que los romanos celebraban la "Fiesta de la Cosecha" (Pomonalia), en honor a Pomona, diosa de los árboles frutales, no obstante, en la Antigua Roma se observaba el fin del año el 21 de febrero con una fiesta llamada Feralia, en la que también se rezaba y hacían sacrificios por los manes (espíritus de los muertos)[2]. Este día marcaba el final de Parentalia, un festival de nueve días (del 13 al 21 de febrero) en honor a los ancestros difuntos. Pero
 la fecha más misteriosa y fantasmal para celebrar a sus muertos era el 13 de mayo, fiesta conocida como Lemuralia, y que como hemos visto, se convirtió en la primera fecha que la Iglesia adoptó en honor a todos los "santos".

Durante Lemuralia, los romanos realizaban rituales para impedir que perturbaran sus hogares y vertían leche sobre las tumbas con el fin de llamar a los muertos. En esta fiesta, los espectros de los muertos inquietos o Larvael eran aplacados con ofrendas de granos y las vestales preparaban una salsa sagrada y un pastel de harina con sal de las primeras espigas de trigo de la temporada para ofrecerlos. Asimismo, los patres familiarum romanos se levantaban a medianoche para realizar una serie de rituales arrojando un puñado de habas negras por la espalda para expulsar a los espíritus de los antepasados golpeando un objeto de bronce y pronunciando determinadas liturgias.

Con la conquista romana de las galias, se llegarían a mezclar en diversa medida las tradiciones romanas y las celtas. Posteriormente, los intransigentes, intolerantes y fanáticos monoteístas cristianos consideraron todas estas celebraciones como prácticas heréticas, por lo que comenzó la destrucción de la cultura europea y el sometimiento de los pueblos libres paganos forzados a convertirse al cristianismo, demonizando sus creencias y absorbiendo sus festivales con el fin de afianzar el dominio político y social del cristianismo.

El festival de los antiguos eslavos para conmemorar a los muertos se llama Dziady, que literalmente se traduce como "abuelos", en el sentido de "antepasados". Se celebraba dos veces al año, en primavera y en otoño, siendo el de otoño el principal. Durante la fiesta, los antiguos eslavos organizaban libaciones y comidas rituales en las que se ofrecían alimentos y alcohol a los difuntos. 

Para permitir que las almas de los muertos encuentren su camino al mundo de los vivos, se encendían fuegos y velas. Asimismo, eran tradicionales las máscaras de madera con rostros grotescos, similares a los tallados en las calabazas de difuntos. En las mitologías locales tales banquetes eran organizados tanto por los vivos como por las almas de los antepasados que comparten el dziady en las tinieblas. 

En polaco esta tradición pagana prevaleció en la forma de banquete cristiano de Zaduszki (el 2 de noviembre, Día de los Difuntos). Los lituanos y otros pueblos bálticos también tienen un banquete similar, llamado Ilges y se diferencia muy poco del eslavo Dziady. La segunda parte de la poema épico Dziady de Adam Mickiewicz se dedica principalmente al banquete de Dziady organizado en lo que hoy es Bielorrusia, y es popular entre los rutenios y lituanos durante los tiempos de la Mancomunidad Polaco-Lituana. En Bielorrusia, Dziady (Дзяды) fue llevado a cabo generalmente el último sábado antes del pasado antes del día de San Demetrio, a fines de octubre e inicios de noviembre (Dźmitreuskija dziady, San Demetrio Dziady).

Los celtas, ese fascinante pueblo indoeuropeo forjado durante la Edad de Hierro y extendido por gran parte de Europa, creían que con la llegada del Samhain, las fuerzas espirituales aumentaban su potencia, lo que generaba un debilitamiento de los límites entre el mundo material y el mundo espiritual, y causando que la línea que une a ambos mundos se estrechara, permitiendo que las almas de los muertos cruzaran los límites de su mundo teniendo la oportunidad de convivir temporalmente con los vivos.

Este debilitamiento se originaba porque en estas fechas ocurría la unión entre Dagda, dios de la luz, la abundancia y la vida, y Morrigan, diosa de la noche, la guerra y la muerte.


Jim Fitzpatrick, Dagda y la mujer del río Uinnius
El mito narra que existía una guerra entre los dioses llamados Tuatha Dé Dannan (gente de la diosa Danu), y los Fomoré, una especie de deidades monstruosas y malévolas; aberraciones infernales que tenían diversas formas: algunos con un ojo, un pie y una mano; otros tenían cabezas de animales, generalmente de cabra. Antes de la segunda batalla de Magh Tuireadh, mientras Dagda caminaba por el bosque en dirección hacia el palacio para encontrarse con sus hermanos y prepararse para el combate, llegó a un río llamado Uinnius, donde vio a una hermosa mujer bañándose en él. Cuando se acercó, Dagda se dio cuenta de que se trataba de la bella Morrigan, la oscura Señora de la Guerra. Ella persuade a Dagda a pasar la noche juntos, lo que finalmente logró prometiéndole ayudarle en la batalla. De este modo, las fuerzas opuestas de la Vida y la Muerte; de la Luz y las Tinieblas, danzaron y se unieron sexualmente en un acto apasionado (Coincidentia oppositorum), por lo que los límites entre los mundos de los vivos y los muertos se desvanecían y el alma de los ancestros podía visitar a sus familias.

Dagda, Morrigan y los Tuatha Dé Dannan vencieron finalmente a los Fomoré expulsándolos al Mundo Subterráneo, y establecieron así un reinado de paz. La unión sagrada entre Dagda y Morrigan se repetía cada año al finalizar el verano con el fin de renovar la futura prosperidad del pueblo y asegurar la fertilidad de las cosechas.


Jim Fitzpatrick, Dagda y la hija de Indech.
Sin embargo, no sólo las almas de los difuntos podían atravesar la delgada línea que separaba a ambos mundos, sino también cualquier clase de espíritus, tanto buenos y amigables como malvados y hostiles, por lo que las personas tienen que ser muy precavidas en estos días.

Con el fin de ahuyentar a los espíritus malignos, decoraban el exterior de sus viviendas con nabos ahuecados (que posteriormente se cambiarían por calabazas) tallados con forma de horribles rostros y colocando en su interior una vela. Se dejaba comida afuera de las casas para recibir a los ancestros muertos en su viaje, se prendían grandes fogatas en los campos llamadas Samhnag un elemento indispensable en Samhain y que, como en toda fiesta estacional, simbolizan la luz del Sol, que en este caso irá disminuyendo. La hoguera propicia la unión de la comunidad, por lo que además toma un sentido social. Los fuegos de las casas se mantenían encendidos toda la noche. Las hogueras, además de alejar a los espíritus malignos, cumplían la función de mostrar a los antepasados el camino a casa.

Se piensa que el uso actual de disfraces y máscaras se origina en la práctica ritual de los druidas, sacerdotes celtas, quienes salían en la noche y se cubrían con pieles de animales, se pintaban la cara o usaban máscaras con características grotescas. Su propósito era adoptar la apariencia de un demonio o espíritu maligno para evitar ser atacado por éste.

Otras actividades que realizaban los druidas durante esos días era la de recolectar hierbas y raíces para preparar sus brebajes, orar y hacer toda clase de ejercicios espirituales, sobre todo prácticas de adivinación, pues se creía que eran más efectivas durante el festival.

Entre las hierbas y alimentos asociados al Samhain se encuentran el crisantemo, el ajenjo, las manzanas, las, zarzamoras, las fresas, las cerezas, las ciruelas, las peras, el muérdago, la bellota, el avellano, el cardo, las granadas, las nueces, las calabazas, el trigo, las remolachas, los nabos, el pan de jengibre, las flores de rosas y jazmín, etc.

La iniciación de los niños.

De acuerdo con algunos, Halloween (hallow evening) es la noche, cuando comienza la santificación, consagración o iniciación (Hallowing) de los niños en la cosmovisión indoeuropea, y que esta noche está estrechamente relacionada con la fecha de "Navidad".


Esta iniciación no se limitaba al mundo celta, sino que era algo común a todos los pueblos indoeuropeos. En el mundo pagano, para poder convertirse en un hombre de verdad, e incluso para poder ganarse un nombre apropiado, cada niño tenía que atravesar este aterrador, peligroso y difícil ritual de iniciación, y con ello, superar su miedo a la oscuridad, a las bestias, a los muertos y a lo desconocido, valiéndose por sí mismos durante mucho tiempo.

El ritual comenzaba con su simbólico descenso a los infiernos, al reino de los muertos: por lo general una cueva o un árbol hueco o, más tarde, un túmulo funerario. Allí encontrarían los restos de la persona muerta de quien querían tomar el nombre; la persona muerta que ellos mismos elegían para adquirir su esencia y así, otorgarles un renacimiento, una nueva vida. Esto también implicaba que ellos se convertían en esa persona.

Naturalmente, sólo los más honorables eran elegidos para ser renacidos. Mientras más honorable era y de más fama gozaba alguien, más probabilidades tenía de ser elegido. Los hombres también llevaban con ellos sus riquezas a sus tumbas, no sólo sus nombres, "con el fin de que disfrutaran de éstos en la próxima vida", o más bien para aumentar sus posibilidades de ser elegidos para renacer. En efecto, los niños iban a los sepulcros encontrando estos objetos de valor, y los llevaban de regreso al mundo de los vivos. Se los mostraban al hechicero, indicándole así a quién querían revivir.

Esto era sólo el comienzo de la iniciación, el hechicero mantenía custodiando los objetos de valor hasta la noche de Yule o Solsticio de Invierno - cuando TîwaR (Tyr), el honorable, re-nace (Nacimiento, Navidad).

Entre Halloween y la víspera Yule los niños pasaban por muchas pruebas, y luego en la víspera de Yule los que tenían éxito eran devueltos a sus familias, por la noche, guiados por el hechicero. Naturalmente, los niños llegaban a pasar hambre después de haber vivido solos durante tanto tiempo, por lo que sus padres colocaban alimentos para ellos en la víspera de Yule. El hechicero luego les regresaba los objetos de valor que habían recogido de las tumbas pues los niños habían renacido como los hombres que habían elegido ser, heredando estos objetos.

No todos los niños tenían éxito en sus pruebas, pues se consideraba que no eran lo suficientemente "buenos", y varios morían antes de que llegara la noche de "Navidad". Los que sobrevivieron sin aún poder superar las pruebas, tenían que intentar de nuevo ganar un nombre el próximo "Halloween", y permanecían como niños. El hechicero devolvía a la tumba aquellos objetos de los muertos que aún no habían renacido. Los niños que lo lograban recibían un nombre, un nombre real, por lo que viajaron de granja en granja para saludar a sus familiares y vecinos, presentándose con sus nuevos nombres.

El folclore irlandés

Durante la Edad Media, Samhain era la fiesta más importante en Irlanda, en la cual se realizaba una gran reunión. En todas las colinas se encendían fuegos, señalando donde debía reunirse la gente, y contaban historias sobre sus antepasados y cuentos populares.

Existe un viejo cuento irlandés que relata acerca de Jack "El Tacaño" (Stingy Jack en el original inglés), un perezoso pero astuto granjero que engañaba y mentía a vecinos y amigos. Esta conducta le consiguió toda clase de enemistades pero también una reputación de persona tan malvada que llegaría a rivalizar con el mismísimo Diablo a quien engañó para que no pudiera llevarse su alma al infierno.

Una de las muchas versiones de esta leyenda poscristiana, dice que Jack estaba siendo perseguido por algunos aldeanos a quienes había robado cuando se encontró con el Diablo. Éste se había disfrazado como un hombre para visitar el pueblo donde vivía Jack, y cuando lo encontró se puso a beber con él durante largas horas, revelando su identidad tras ver que en efecto era un auténtico malvado. Cuando el Diablo le dijo que venía a llevárselo para pagar por sus pecados, Jack le pidió una ronda más juntos como última voluntad. El Diablo se lo concedió pero al ir a pagar ninguno de los dos tenía dinero, así que Jack retó al Diablo a convertirse en una moneda para pagar la ronda y demostrar sus poderes. El Diablo lo hizo, pero en lugar de pagar con la moneda Jack la metió en su bolsillo, donde llevaba un crucifijo de plata. Incapaz de salir de allí el Diablo ordenó al granjero que le dejara libre, pero Jack no lo haría a menos que prometiera volver al infierno para no molestarle durante un año.

Transcurrido ese tiempo, el Diablo apareció de nuevo en casa de Jack para llevárselo al infierno pero de nuevo Jack pidió un último deseo, en este caso que el Diablo le diera una manzana situada en lo alto de un árbol, como su última comida antes de su castigo. El Diablo accedió, pero cuando estaba en el árbol Jack talló una cruz en su tronco para que no pudiera escapar. En esta ocasión Jack le pidió no ser molestado en diez años, además de otra condición: que nunca pudiera reclamar su alma para el infierno, lo que el Diablo le concedió.

Sin embargo, luego de un tiempo Jack muere, y por supuesto, se le impidió la entrada al Cielo por su mal comportamiento en vida, y como el Diablo prometió no llevarse su alma, quedó también fuera del Infierno, por lo que fue condenado a vagar sin rumbo por el mundo con un nabo hueco con un carbón ardiendo dentro como única luz que guiara su errante y oscuro camino. Con el paso del tiempo Jack el Tacaño fue conocido como Jack el de la Linterna o "Jack of the Lantern", nombre que se abrevió a "Jack O'Lantern". Esta es la razón de usar nabos, y más tarde calabazas, al ser más grandes y fáciles de tallar, para alumbrar el camino a los difuntos en Halloween.

Parece ser que el nombre de jack-o'-lantern se refirió originalmente a un vigilante nocturno, u hombre con farol, siendo conocido su uso a partir de mediados del siglo XVIII, y más tarde se aplicó al fenómeno de los fuegos fatuos (will-o'-the-wisp, en inglés).

Truco o Trato


El famoso "Truco o Trato" (en inglés, Trick-or-Treat) proviene también de la creencia de que entre los espíritus malignos que podían visitar el mundo material, se encontraba este mismo Jack, quien iba de casa en casa pidiendo "truco o trato". Los habitantes debían aceptar el "trato" que el espectro deseara sin importar el costo que éste tuviera, de lo contrario, usaría sus poderes para maldecirlos y toda clase de calamidades podrían caer sobre ellos, tales como enfermedades, destrucción de sus cultivos, muerte del ganado o hasta quemar la casa, entre otras horribles consecuencias, todo ello en forma de "truco".

Como protección surgió la idea de tallar en los nabos y calabazas, caras horrendas, para así evitar encontrarse con Jack O'Lantern. Con el tiempo, el nombre del espectro sería asociado a las propias calabazas talladas, que es como son conocidas hoy en día.

En la actualidad, las personas, sobre todo los niños, se disfrazan para la ocasión y pasean por las calles pidiendo dulces de puerta en puerta. Después de llamar a la puerta los niños pronuncian "trick or treat" "truco o trato", o bien "dulce o travesura". Si los adultos les dan caramelos, dinero o cualquier otro tipo de recompensa, se interpreta que han aceptado el trato. Si por el contrario se niegan, los chicos les gastarán una pequeña broma, siendo la más común arrojar huevos contra la puerta.

El recorrido infantil en busca de golosinas probablemente se origina en la tradición neerlandesa de la Fiesta de San Martín (11 de noviembre), misma que según el antropólogo escocés James Frazer (1854-1941) en La rama dorada, tendría también un origen pagano: la excursión portando el fuego sagrado como ritual de fertilidad pre-cristiano, extendido por toda Europa Occidental.

Hay quien sostiene que esta práctica se debe más bien a una tradición surgida en Inglaterra en los tiempos de la feroz lucha del protestantismo contra el catolicismo. En aquel tiempo, los católicos no tenían derechos legales, no podían acceder a ningún cargo público y eran acosados con multas, impuestos elevados y hasta con cárcel. Celebrar misa al modo católico era una ofensa capital y cientos de sacerdotes fueron martirizados por ejercer su ministerio. Según cuenta la historiografía inglesa, el 5 de noviembre de 1605 se descubrió una conspiración para matar a James I, a su familia y a los lores con barriles de pólvora colocados bajo el Parlamento inglés y que explotarían en la ceremonia de Apertura del Estado. El artífice de esta conspiración fue Guido Fawkes, o Guy Fawkes, quien fue arrestado el 5 de noviembre de 1605 y declaró que sus intenciones eran acabar con las persecuciones religiosas. Fue ejecutado el 31 de enero de 1606. Desde entonces se rememora ese día como Noche de Guy Fawkes o la Noche de las Hogueras (Bonfire Night, en inglés).


Este complot, denominado como la Conspiración de la Pólvora, fue utilizado por los protestantes ingleses para justificar sus ataques a los católicos y mandar a buena parte de ellos a la horca. El descubrimiento de tal conspiración se convirtió en motivo de una gran celebración en Inglaterra, que habría llegado hasta nuestros días bajo la forma del Trick or treat. Los protestantes de dichas regiones, ocultos con máscaras, se dice, celebraban el evento los primeros días de noviembre visitando a los católicos y exigiéndoles cerveza y comida para su celebración, amenazándolos con dañarles si no proveían de regalos para el festejo. Dicha costumbre, según dicen los defensores de esta versión, fue llevada por los emigrantes a los Estados Unidos, y acabaría fundiéndose con las tradiciones ya existentes de Halloween.

La Muerte

Otra figura folclórica que debido al sincretismo cultural ha adquirido gran relevancia en estas fechas es la propia personificación de la Muerte, misma que en México incluso ha llegado a ser objeto de culto, llamándola la "Santa Muerte".

Aunque este bizarro culto, mismo que la Iglesia no aprueba, tiene origen en un error de interpretación de una oración católica en la que se pide por "tener una santa muerte" (más que por un pretendido sincretismo entre del dios azteca de la muerte Mictlantecuhtli y las representaciones europeas), lo cierto es que en la propia Biblia ya existía una personificación de la muerte: uno de los cuatro jinetes aparecidos en el libro del Apocalipsis:

Miré, y vi un caballo amarillo. El que lo montaba tenía por nombre Muerte, y el Hades (Abismo) detrás de él: y les fue dada potestad sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con espada, con hambre, con mortandad y con las fieras de la tierra.
Apocalipsis, 6:8.
La Muerte, conocida en inglés como Grim Reaper ("El Siniestro Segador"), su guadaña (instrumento de la cosecha) es un símbolo que le da el título de "Segador de almas". Suele representársele también con un reloj de arena, símbolo del tiempo, ya que el tiempo siempre termina con extinguir la vida de todo lo que existe: tarde o temprano, el tiempo nos lleva a nuestro destino inexorable. Ya los griegos la representaban por medio de Thanatos, hijo de Nix, la Noche y hermano de Hypnos, el Sueño, con íntima relación con todos los dioses "oscuros", como Hades, el Señor del Inframundo. En la mitología nórdica se asocia a Hela, la reina del Helheim mientras que en la mitología judía e islámica se encuentra Azrael, el Ángel de la Muerte.
_________________________
Notas.

[1] ↑ N. del A. Halloween sería por lo tanto, y según esta versión dada por el mismo cristianismo, una palabra de origen católico, no pagano ni protestante, y mucho menos satánico o diabólico.
[2] ↑ N. del A. Las lápidas romanas a menudo incluían las letras D. M., que significaba Dis Manibus, o "Dedicado a los manes". El vocablo manes (espíritus de los muertos) deriva del protoindoeuropeo men-, "pensar". Son palabras relacionadas el griego antiguo menos ("vida, fuerza") y el avéstico mainyu ("espíritu").

Bibliografía.

-Héctor Lujambio Valle, Historias de Dioses, Demonios y Héroes: La verdadera tradición y origen del Halloween.
-Keltopedia: Samhain.
-Nicholas Rogers, Halloween: From Pagan Ritual to Party Night: Samhain and the Celtic Origins of Halloween. New York: Oxford University Press, 2002.
-John Gregorson Campbell, The Gaelic Otherworld.
-Bettina Arnold, Halloween Customs in the Celtic World. University of Wisconsin-Milwaukee.
-Elizabeth Gray, Cath Maige Tuired: The Second Battle of Mag Tuired. Irish Texts Society, 1982.
-Miranda Jane Green, Dictionary of Celtic Myth and Legend. London. 1992.
-Alexander McBain, Celtic Mythology and Religion. New York, 1917.
-John A. McCulloch, The Religion of Ancient Celts. Edimburg, 1911.
-James George Frazer, The Golden Bough: A Study in Magic and Religion.

-Varg Vikernes, Sorcery and Religion in Ancient Scandinavia.

9 de junio de 2010

Grifo

Serie Bestiarum (Nº2).

rifo (del latín gryphus y éste del griego γρύφον). Criatura mitológica cuya parte superior es la de un águila, con plumas doradas, afilado pico y poderosas garras. La parte inferior es la de un león, con pelaje amarillo, musculosas patas y cola. Considerado como un vástago del rey de las bestias, el león; y el rey de las aves, el águila, el grifo era particularmente fuerte, majestuoso y noble.

Como híbrido místico formado por la unión del león y el águila, el grifo simboliza la unión de la Tierra y el Cielo, por lo que es un representante de las dos naturalezas, humana y divina.

A veces el folclore medieval representaba a los grifos con orejas puntiagudas en la cabeza o plumas en la cola o una cola de serpiente. De acuerdo a los mitos, es ocho veces más grande y fuerte que un león común y no es raro que se lleve a un jinete con su caballo, o a un par de bueyes, que entran en sus patas. Con sus garras se fabrican copas para beber, y con sus costillas arcos para tirar flechas.

Parece tener su origen en Oriente Próximo, pues se le encuentra en las pinturas y esculturas de los antiguos babilonios, asirios y persas.

También se encuentran representaciones de grifos en la pintura minoica, como en el famoso sarcófago de Hagia Triada.

Una leyenda griega relata que el dios Apolo había ido a buscar grifos y había regresado a Grecia cabalgando sobre el lomo de uno de ellos. Por ello estaban consagrados a Apolo y vigilaban sus tesoros para protegerlos de los Arimaspos. Los grifos custodiaban además las cráteras de vino de Dioniso. Los griegos creían también que los grifos eran guardianes celosos del oro de los hiperbóreos, un mítico pueblo que habitaba en las desconocidas tierras septentrionales.


Un mito más reciente cuenta que se encargaban de velar por el oro que había en los desiertos del norte de la India. La razón de esta vigilancia podía deberse al deseo de proteger sus crías, puesto que ponían sus nidos en las montañas de las cuales se extraía el preciado metal.

Los romanos lo usaban simplemente con propósitos decorativos en frisos y en patas de mesa, altares y candelabros. El motivo del grifo se utilizó en los primeros tiempos del cristianismo en los bestiarios (o alegorías de animales) de san Basilio y san Ambrosio. Réplicas de piedra sirven con frecuencia como gárgolas en la arquitectura gótica de la baja Edad Media.

El grifo es también un emblema en la heráldica, escudos de armas y estandartes. Representa convencionalmente la fuerza, el valor, la realeza y la vigilancia.

Existe otra variante del grifo: el hipogrifo, mitad caballo y mitad grifo. Esta criatura aparece en el poema épico Orlando Furioso (1516), del autor italiano Ludovico Ariosto. El animal fue el resultado la unión de un grifo con una yegua y se convirtió en el corcel del mago Atlante. En otros relatos también transporta por el aire a los héroes durante sus hazañas.

25 de marzo de 2010

La Palabra

Con los Rudra, con los Vasu,
con los Aditya y con Todos los dioses voy.
Sostengo simultáneamente a Varuna y a Mitra,
a Indra y a Agni, y a los dos Asvines sustento.

Soy quien guía al Soma exuberante,
dirijo al Tvastar y también a Pusan y a Bhaga.

Otorgo la riquieza al preste,
al que invoca bien, al estrujador de soma y al inmolador lego.

Soy la que tiene el dominio, la que concentra los bienes preciosos,
quien discurre, la primera entre los que gozan del homenaje.

A muchos lugares me han asignado los dioses,
entro en muchas imágenes, tengo muchas estancias.

El que distingue, se alimenta merced a mí,
quien entiende la cosa dicha y el que alienta,
todos residen en mí sin ser conscientes de ello.
Tú que sabes, escucha: lo que yo te digo es digno de creerse.

Soy yo quien, por naturaleza, anuncia
lo que complace a los devas y a los hombres
Hago poderoso a quien amo,
yo hago al que proclama fórmulas y al perspicaz yo doy la sabiduría.

Yo soy quien tensa el arco para Rudra,
¡que destruya la flecha al enemigo del enunciado!
Yo he creado la contradicción entre los hombres
He penetrado el cielo y la tierra.

Yo soy quien creó al Padre en la cúspide de este mundo.
En el mar, en las aguas está mi origen,
desde allí me propagué por entre todos los seres,
y concierno al mismo cielo con lo que mi cerebro vierte.

Yo también aliento, como el viento,
y me adueño de todas las existencias.
En el Cielo y más allá, en la Tierra y más allá,
hasta tal extremo de grandeza he llegado.
Rig Veda, X.125


Ἐν ἀρχῇ ἦν ὁ Λόγος,
καὶ ὁ Λόγος ἦν πρὸς τὸν Θεόν,
καὶ Θεὸς ἦν ὁ Λόγος

Al principio era la Palabra,
y la Palabra estaba con Dios,
y la Palabra era Dios.
Juan, 1:1.


Así pues, la palabra es imagen del pensamiento; y el pensamiento es imagen de Dios.
Corpus Hermeticum, Libelo XII.
La Palabra es Magia

ara todas las culturas de la antigüedad, el lenguaje y la escritura eran considerados como un don sagrado. Así, en Egipto, el escriba Thot, patrón de las artes y las ciencias, fue el creador del lenguaje que obsequió a los hombres, y junto a su compañera Seshat, son los señores de la escritura. Thot, dios de la sabiduría y la magia, comparte estos títulos con el gran Odín/Wotan germánico quien, a través de su autosacrificio: colgado nueve días en el Árbol del Universo atravesado por una lanza, obtuvo el conocimiento de las runas que luego heredó a la humanidad, no sólo para utilzarlas como lenguaje común sino también para la adivinación y la preparación de sortilegios. Los caracteres germánicos eran considerados, no como meras letras con un valor fonético, sino como símbolos con vida propia, dotados de poder, lo que se atestigua por el propio significado de la palabra runa, "secreto", "susurrar".



Veit ec at ec hecc vindga meiði a
netr allar nío,
geiri vndaþr oc gefinn Oðni,
sialfr sialfom mer,
a þeim meiþi, er mangi veit, hvers hann af rótom renn.

Við hleifi mic seldo ne viþ hornigi,
nysta ec niþr,
nam ec vp rvnar,
opandi nam,
fell ec aptr þaðan.


Sé que pendí .. nueve noches enteras
del árbol que mece el viento;
herido de lanza .. y a Odín ofrecido,
—yo mismo ofrecido a mí mismo—
del árbol colgué .. del que nadie sabe
de cuáles raíces arranca.

Ni pan me tendieron ni copa alguna;
fijo en lo hondo miré;
las runas alcé, las gané entre gritos;
caí a la tierra de nuevo.
Edda Mayor, Hávamál o Los Dichos de Har, 138 y 139.

Elder Futhark, alfabeto rúnico.
Los babilonios tenían a Nabu como dios de la escritura y los mayas a Itzamná, muy identificable con el Thot egipcio. En las religiones monoteístas más ortodoxas, ya que no está permitido representar a Dios bajo una forma e imagen definidas, se le representa con una sola palabra, a menudo de cuatro letras (tetragrammaton): como יהוה (YHVH, latinizado Yahvéh o Jehováh) en hebreo entre los judíos, y الله (Aláh) en árabe entre los musulmanes. En la tradición judaica, el demiurgo YHVH creó al Universo por medio de las 22 letras del alfabeto hebreo, mismo que, según creen los cabalistas, es la esencia de todas las cosas.
Veintidós letras fundamentales. Él las estableció, grabó, agrupó, pesó e intercambió. Y formó con ellas toda la creación y todo lo destinado a formarse.
Sepher Yetzirah, 2:2
Para judíos y cristianos, la Biblia, recipiente de la "Palabra de Dios", es un libro viviente.

Para nuestros ancestros, el simple hecho de leer una escritura; la ciertamente "milagrosa" capacidad de transmitir ideas y conceptos desde un aparentemente inerte pedazo de piedra, madera, cuero o papiro a la propia mente, era un acto de la más alta magia.

Y no hay razón para contradecir esto.

El sólo hecho de que algún sabio de la Antigua Grecia o un poeta de la Edad Media pueda hablarnos hoy aún después de haber muerto hace siglos, no puede ser otra cosa que magia.

Versos, fórmulas, mantras, conjuros, encantamientos, oraciones y hechizos, se han usado durante toda la historia para transformar la realidad. Una de las palabras mágicas más famosas de la historia proviene de la cultura romana y era la fórmula Abracadabra aparecida por primera vez en el siglo II en el poema De Medicina Præcepta, escrito por el sabio Serenus Sammonicus, médico del emperador Caracalla, usada para curar enfermedades. Las letras de la palabra debían ser escritas en pergamino de la siguiente manera:


ABRACADABRA
ABRACADABR
ABRACADAB
ABRACADA
ABRACAD
ABRACA
ABRAC
ABRA
ABR
AB
A
El paciente, o alguien en su nombre, recitaba la fórmula tal como se había escrito. A medida que la fórmula decrece, la fiebre desaparece. Un posible origen de esta fórmula es el arameo Avrah Kahdabra que significa "Yo crearé como hablo". También es posible que se haya derivado del caldeo Abbada Ke Dabra, el cual quiere decir aproximadamente "perecer como la palabra", pues en el amuleto de pergamino se escribe dicha palabra de forma que "muere" gradualmente, (los fans de Harry Potter notarán de inmediato la razón de usar la frase caldea original como un peligroso hechizo).

En el hinduísmo y el budismo las fórmulas y oraciones se denominan mantras. El término «mantra» (तन्त्र) proviene del sánscrito y significa 'liberador de la mente'; está formado por manaḥ ('mente') y trāiate ('liberación') y tradicionalmente se refiere a las sílabas, palabras o frases sagradas de origen sánscrito que se repiten para invocar a un dios o como apoyo para meditar o para formar un sonido capaz de transformar el entorno. Entre ellos el más famoso es la sílaba AUM, , símbolo que corresponde a la tríada brahmánica (Trimurti): Brahman (A), Vishnú (U) y Shiva (M). Esta sílaba también se le llama udgīthá ("canto fuerte") o praṇava mantra ("oración vibrante"), pues es considerada por los hindúes como el sonido primordial, origen y principio de la mayoría de los mantras, palabras o sonidos divinos y poderosos tal como el mantra de Avalokitesvara, el boddhisatva de la compasión:
ॐ मणि पद्मे हूँ
Aum mani padme hum
Este mantra significa literalmente "gloria a la joya en el loto". Al recitar repetidamente los mantras, los monjes llegan a alcanzar estados alterados de conciencia debido a que el cerebro emite constantemente ondas de baja frecuencia y éstas son amplificadas por las vibraciones sonoras que producen las entrenadas cuerdas vocales de los monjes. Se cree también que cada una de las siete vocales del alfabeto sánscrito, al ser pronunciadas correctamente, producen una vibración específica que sirve al oyente como medio de meditación para cambiar estados anímicos.

Incluso hoy, hay métodos y técnicas psicológicas modernas que afirman tener la capacidad de lograr la transformación del comportamiento mediante las palabras. Una de ellas es la cada vez más popular Programación Neurolingüística (PNL) que, a semejanza de la hipnosis, se basa principalmente en "programar" la mente a través del uso de palabras precisas o sabiamente elegidas que tengan un significado en la mente de los demás de acuerdo con la personalidad y con el propósito en particular, ello en conjunto con la correcta dicción, el volumen, la velocidad, el espaciamiento, el tono de voz e incluso el lenguaje corporal. En definitiva, se trata del arte de usar el lenguaje con diversos fines que van desde los terapéuticos hasta el de influir y convencer socialmente para el éxito en los negocios y las relaciones personales.

La pluma es más poderosa que la espada, dice el dicho de Edward Bulwer-Lytton. El lenguaje, surgido y desarrollado por medio del largo proceso evolutivo que fue adaptando nuestros cerebros para utilizarlo, es una de las características más importantes que distinguen al ser humano del resto de los seres vivos, pues a diferencia del lenguaje animal que es básicamente sensorial, el lenguaje humano es un sistema abstracto de códigos que utiliza signos y símbolos. El lenguaje es una herramienta que permite la expresión del pensamiento y de la voluntad. Como dice el biólogo evolutivo Richard Dawkins tratando de explicar la evolución tecnológica, "el lenguaje permite compartir ideas y un ser capaz de comunicar ideas comienza también a pensar con propósito, a actuar con propósito y a crear con propósito. El lenguaje permite incluso que nuestras ideas perduren en el tiempo y sobrevivan a los individuos. Así por ejemplo, alguien en el pasado ha ideado la rueda y a través del tiempo otros, deseando viajar más rápido utilizan la idea transmitida y logran inventar otras máquinas como el automóvil". Sin el lenguaje, todos nuestros conocimientos no habrían podido subsistir y todos nuestros avances tecnológicos no existirían.

La Palabra es Luz

Heráclito (535-475 a.C.), fue el primero en usar el término Λόγος (Logos), -traducido como "razón", "tratado", "estudio", "discurso", "palabra"[1]- para nombrar al principio de orden y conocimiento en el Universo: "No a mí, sino habiendo escuchado al Logos, es sabio decir junto a él que todo es uno". Los estoicos identificaron al Logos con el principio divino animador del Universo y los cristianos reconocen a Jesús, el Cristo como encarnación del Logos/Verbum, que para los gnósticos es a su vez la Gnosis.

Derecha: Heinrich Füger, Prometheus bringt der Menschheit das Feuer (Prometeo lleva el fuego a la humanidad), 1817.
Es la Gnosis conferida al hombre por el Cristo; el Fuego robado a los dioses por el osado titán Prometeo quien, castigado por ello, reveló luego a Heracles el modo de obtener las preciadas manzanas de oro del Árbol del Jardín de las Hespérides, custodiado por el dragón Ladón. Semejante era la creencia de la secta gnóstica de los ofitas (s. II): la Serpiente del Paraíso otorgó a los hombres la oportunidad de "ser como dioses" (Génesis 3:5) por la Luz del Conocimiento, desafiando los designios del Demiurgo quien deseaba mantener sumergida a la humanidad en la oscuridad de la ignorancia. "¿No está escrito en vuestra Ley?: Yo digo, vosotros dioses sois." (Juan, 10:34). De manera que la encarnación del Verbo en hombre, misma que lo eleva en su Iluminación y Apoteosis, le otorga el don de la palabra verdadera y la oportunidad de sentarse "a la derecha del Padre".

Sin embargo, puesto que el conocimiento es poder, el hombre por naturaleza es fácil de ser seducido por el poder, corromperse por su arrogancia y llegar a creerse Dios mismo, pues "ser como dioses" no es igual a "ser como Dios":
Quomodo cecidisti de cælo, lucifer, fili auroræ? Deiectus es in terram, qui deiciebas gentes!, qui dicebas in corde tuo: 'In cælum conscendam, super astra Dei exaltabo solium meum, sedebo in monte conventus in lateribus aquilonis; ascendam super altitudinem nubium, similis ero Altisimo.

¿Cómo has caído del cielo, lucero, hijo de la Aurora? ¿Cómo, tú, dominador de naciones, has sido derribado y arrojado a la tierra? En tu corazón decías: "Ascenderé hasta el cielo y levantaré mi trono encima de las estrellas de Dios, me sentaré en la montaña del encuentro, donde se reúnen los dioses, allá donde el Norte se termina; en los confines de Safón; subiré a las alturas de las nubes, seré igual al Altísimo (Elyón)." Mas has sido precipitado a las honduras del Abismo, el lugar adonde van los muertos.
[2]
Isaías, 14:12-15.
Tal parece ser lo que le ha ocurrido a nuestra divinizada ciencia moderna, pues en su soberbia, los cientificistas la han proclamado como el "único camino", con las terribles consecuencias que ahora enfrentamos por ello.

Es así que, Lucifer y Cristo (Xριστoς, 'Ungido'), como figuras de la Luz, son parte de una misma y única figura; las dos caras de una sola moneda. Pero cada una posee la función de moderar a la otra, una en su Orgullo y la otra en su Humillación, para equilibrarse entre ambas en Dignidad y Humildad.

Según los ofitas, la Serpiente deseaba la exaltación del hombre y no su decadencia, anhelaba un Hombre-Dios que pudiese reinar en la Tierra con las leyes celestiales, y ascendiendo por el Árbol del Conocimiento desde las raíces hasta su copa, simbolizaba así la unión del Cielo con la Tierra. El propósito real de la serpiente era, entonces, de servir como intermediario entre el Cosmos y el hombre; de traer el conocimiento divino a los seres humanos.

No obstante, YHVH, protagonista absoluto del Antiguo Testamento, ente iracundo y vengativo al que se le ha confundido con el Uno, el Todo, expulsó del Paraíso al hombre por su aspiración de divinidad y lo privó de sus privilegios, maldijo y condenó a la Serpiente, sembrando la enemistad entre su estirpe (el conocimiento) y la especie humana. Pero la función expresa y suprema del Logos, el Verbo por el cual "todo fue hecho", es que nuestra naturaleza humana cobre conciencia de su naturaleza divina y retorne al estado de gracia del que una vez habría gozado, siendo nuevamente Uno con el Todo.

La Palabra es Espíritu

El constante proceso de transmitir la información de un medio físico a otro, puede hacernos comprender que es posible separar -al menos conceptualmente ya que Todo es Uno- la información de la materia, es decir, que la información no es material y que, al igual que el espíritu, comprende un plano de existencia distinto al de la materia, un plano metafísico.

Un libro o un programa de computadora contienen información compleja registrada en materia, sea tinta, papel o un CD. La información puede cambiarse de un medio a otro o hasta ser almacenada en el cerebro. Pero el contenido de un libro o del CD no es especificado por las leyes físicas o químicas que rigen a los medios, si fuese así todos los libros serían iguales o sólo diferirían de acuerdo a los materiales utilizados. El contenido del mensaje es independiente de la composición material del medio. El Don Quijote no pierde su significado o calidad literaria si está impreso en el más barato de los papeles y una mala novela no mejora su calidad si se imprime en costoso pergamino. El medio material y la información son dos cosas totalmente diferentes. Se puede hablar de galaxias y de partículas subatómicas en los mismos términos porque ambas tienen masa y carga, ancho y largo.

No podemos hacer eso con la información y la materia pues la información no tiene masa, ni carga, ni largo en milímetros. La materia/energía y la información constituyen dos dominios de existencia completamente diferentes que deben ser tratados de manera diferente y bajo sus propios términos. La información es una realidad distinta a la materia y no puede ser reducida a ella, no pueden establecerse al mismo nivel, ni siguen las mismas leyes, aunque evidentemente, como sucede con todo principio dualista, no pueden separarse, tal como no puede separarse la mente del cuerpo; son complementarias, interdependientes e inherentes entre sí; dos partes de un todo.

La Palabra es Vida

George C. Williams (1994) -uno de los más importantes y respetados científicos en el desarrollo de la teoría genética y de la biología evolucionista- coincide con la idea anterior, pues no sólo los libros, los discos fonográficos de vinilo, los CD's y las neuronas funcionan como medios materiales de almacenamiento de información, sino también esa molécula que tanto nos recuerda al Caduceo de Hermes: el Ácido Desoxirribonucleico (ADN), que almacena la información genética (código genético) y la transmite. Y puesto que existen innumerables especies animales que contienen información genética muy diferente entre sí, queda claro que la molécula del ADN es sólo el medio, no el mensaje. Los seres vivos están hechos -además de materia orgánica- de información que se ha transmitido desde hace millones de años, aunque, por supuesto, con aquellas variaciones que conocemos como mutaciones y que hacen posible la evolución y la biodiversidad.

Por otro lado, en distintas tradiciones como en la bíblica, se relata que Dios formó el cuerpo del hombre del polvo de la tierra; de arcilla inerte al que luego dotó de vida con su aliento divino o ruah (Génesis 2:7). Los egipcios compartían esta concepción y daban a este espíritu o soplo divino, el nombre de kneph, la energía vital.

¿En qué difiere, pues, un cuerpo de un animal vivo de uno muerto si ambos cuerpos se componen de las mismas sustancias?

Si mandamos a analizar un pedazo de cinta de grabación virgen y otro pedazo de cinta con alguna grabación previa para saber la composición de las dos, ambos análisis arrojarán el mismo resultado: se nos dirá que se trata de un substrato polimérico recubierto por una de sus caras con un óxido férrico. El análisis fisicoquímico no detectará que en una de las cintas las moléculas de ferrita están orientadas de una manera organizada (grabación magnética), mientras que en la otra su orientación es aleatoria y, mucho menos, será capaz de interpretar la información contenida en dicha orientación.

Este es un principio esencial que siguen con suma obediencia los adeptos del arte alquímico. Se afirma que la Materia de los filósofos del Opus Magnum -que es de poco precio y se la encuentra en todas partes- es una muy oculta simiente secreta que dará vida al Hijo de la Sabiduría, una simiente que es necesario saber extraerla de forma natural y sin violencia por medio del Fuego Secreto. Se dice que cualquier materia que contenga dicha simiente, es una materia "viva", y la que no la contiene está "muerta" y no sirve para el propósito de la Obra, de modo que puede existir un átomo de mercurio "vivo" y también uno "muerto", aunque la estructura química y configuración electrónica de ambos sea la misma.

Por ello, no se trata de un elemento o compuesto químico conocido; la Materia de los Filósofos no es ninguna forma de materia obtenida del mineral, sino una cierta propiedad especial e intrínseca del mismo, sutil e invisible como han descrito los alquimistas, y, en términos más actuales, puede decirse que se trata de una ordenación generatriz subnuclear, cuya estructura geométrica altera la matriz espaciotemporal, produciendo una sincronización o una especie de resonancia cósmica con la fuente universal, lo que le asemeja a la esencia misma del Universo. Esta ordenación puede romperse y desaparecer para siempre cuando se produce una aportación incontrolada de energía como la proporcionada por las altas temperaturas, pues afecta a la estructura atómica de la materia que le sirve de substrato. Por lo tanto, es un tipo de información cósmica contenida en la Prima Materia y desde el punto de vista de un análisis físicoquímico, nadie notará la diferencia entre una materia "viva" y una "muerta".

La información se crea, se transforma y se destruye

La prueba definitiva que demuestra la inmaterialidad de la información y de las ideas, así como su diferencia sustancial con respecto a la materia/energía y, consecuentemente, la falsedad del dogma "todo es materia" del materialismo, es que, al menos en nuestro mundo sensible y mutable, la información puede ser destruida, pero de acuerdo con la primera ley de la termodinámica, la materia/energía no se crea ni se destruye, sólo se transforma.

Si todas las copias de las obras de Shakespeare, o todas las partituras y grabaciones de la música de Beethoven fuesen destruídas, y además todos los actores y músicos que hubiesen aprendido estas obras murieran, entonces esas obras se perderían para siempre sin posibilidad de recuperarlas.

Como ejemplos históricos de esta destrucción podemos citar el incendio del año 48 AEC. que hizo arder miles de textos de la Biblioteca de Alejandría, o la extinción masiva de las especies de dinosaurios hace 65 millones de años, ambas creaciones cuya información se perdió para siempre.

Tal es el inevitable destino que le espera a toda creación. Un día, dentro de aproximadamente cinco mil millones de años, el Sol se expanderá en una gigante roja y devorará a la Tierra con su calor, destruyendo no sólo toda forma de vida existente, sino también, todas las obras producidas por la humanidad. Pero esta característica fatal y perecedera de la información no debe hacernos suponer que la materia, por su aparente eternidad, es superior a ella, pues esto es sólo ilusorio y en realidad Todo ha de volver finalmente a su Fuente Original.

Desde la incipiente escritura cuneiforme realizada en tablillas de arcilla, que dejó atrás a la Prehistoria para dar comienzo a la Historia, hasta nuestros sofisticados sistemas de comunicación, la palabra, ya sea escrita o hablada, seguirá siendo un regalo de los dioses.
________________
Bibliografía.

-Biblia de Jerusalén.
-Hermes Trismegisto, Corpus Hermeticum y otros textos apócrifos. Selección y versión de Walter Scott. Edaf.
-Rig Veda. Traducción de Juan Miguel de Mora. Conaculta.
-Edda Mayor. Traducción de Luis Lerate. Alianza.
-Sepher Yetzirah (Libro de la Formación).
-Migene González-Wippler, Amuletos y Talismanes. Llewellyn.
-Philip E. Johnson, Defeating Darwinism by Opening Minds. 2002.

Notas.

[1] ↑ N. del A. El sustantivo λόγος procede del verbo λέγω, yo digo, y significa primordialmente lo dicho, la palabra como tal en sentido externo. En sentido interno significa hablar en el sentido de pensar. Y es que antes de decir algo a otros en palabras, nos lo decimos a nosotros mismos.
[2] ↑ N. del A. Estas palabras de Isaías aluden directamente al rey de Babilonia, pero posteriormente san Jerónimo creyó ver en ellas una referencia a la rebelión y caída en desgracia de Satán, y en la elaboración de la Vulgata sustituyó el término hebreo helel, "resplandeciente", por el de Lucifer (Lucipheros), palabra que significa: "Portador de la Luz" (Del latín lux, "luz" y fero, "llevar"), por lo que a partir de entonces se identificó a Satán o el Ángel caído con Lucifer, a pesar de que son figuras distintas y que tienen un origen independiente. Lucifer es un dios menor de la mitología clásica conocido por los griegos como Έωσφόρος (Eosphoros), Héspero, Heósforo o Fósforo, hijo de Eos, la Aurora, diosa de la mañana. Esta decisión pretendía ajustar los distintos significados que el texto hebreo original parecía poseer y el hecho de que Lucifer fuera un descendiente de los dioses paganos, también influyó en la elección de San Jerónimo, pues la evangelización intentaba hacer ver un demonio en cada dios pagano. También Lucifer era en la antigüedad, el nombre del planeta Venus, el cual se ha conocido también como la Estrella de la Mañana o Lucero del Alba.

20 de febrero de 2010

Atalanta Fugiens

Introducción

ichael Maier (Michaele Majero) (Rendsburg, Holstein 1568 - ¿Magdeburg? ¿1622?, ¿1631?) es uno de los representantes más importantes de la Alquimia. Estudió filosofía y medicina en Rostock (1587), Fráncfort del Óder (M.A. 1592), y Padua. Obtuvo en 1596 un doctorado en medicina, en Basilea, y volvió a Rostock para practicar la profesión médica. También trabajó brevemente en Kaliningrado y Gdansk. Durante este periodo de tiempo empezó a interesarse por la alquimia. En 1608 viajó a Praga para ofrecer sus servicios a uno de los mecenas más importantes en toda la historia de la Alquimia europea, el emperador germano Rodolfo II (llamado en su tiempo el Hermes Alemán) de quien llegó a ser médico y consejero en 1609. Aquella corte, repleta de rosacruces, astrólogos y esoteristas de todo tipo, le favoreció de manera que no tardó en triunfar constituyéndose en miembro del consejo real y en primer médico de cámara de su majestad.

Su obra impresa apareció a lo largo de un periodo de tiempo sorprendentemente corto (1614 - 1620), apenas seis años en los que vieron la luz títulos apoteósicos de la literatura hermética como Septimana Philosophica, Arcana Arcanissima, Viatorum, Lusus Scrius, Symbola Aureæ, Themis Aurea, o De Circulo Physico Cuadrato. Son ediciones excelsamente cuidadas, verdaderas obras de arte que hoy día alcanzan precios exorbitantes en librerías especializadas y en casas de subastas. De entre todas ellas, Atalanta Fugiens ocupa un lugar destacado para los discípulos de Hermes.

Atalanta Fugiens o La Fuga de Atalanta se imprimió en 1618 por Hieronymus Gallerus con edición de Johann Theodorus de Bry, y se dedicó a los miembros del consistorio imperial de Mühlhausen, especialmente a Christophorus Reinhart, jurista y conde palatino.
Se trata de una obra de arte "total" en el que se asocian imágenes, texto y música con el fin, según Maier, de abrazar a la vez los tres objetos de los sentidos más espirituales, a saber: la vista, el oído y la inteligencia misma. En este sentido, se considera como un ejemplo de multimedia antigua.

La composición del libro es, básicamente, la siguiente:
  • Una portada que es verdaderamente el primer emblema de todo el conjunto. Se trata de diversas escenas, distribuidas alrededor del título, en las que se escenifica el mito de Atalanta tal y como lo relata Ovidio en las Metamorfosis (Libro X, capítulo X). Se acompaña de un largo epígrafe.
  • Un prefacio al lector, que llega hasta la página undécima, donde Maier explica el sentido de su libro y la manera en la que debe leerse.
  • Un verdadero manual hermético audiovisual en cincuenta cuadros divididos en dos partes dispuestas sobre páginas enfrentadas, a saber: a la derecha un emblema con su mote, su epigrama en latín, y a la izquierda una pieza musical (la fuga) con el mismo mote y epigrama traducidos al alemán.[1]
    De la parte musical, que aquí se incluye en formato mp3, las fugas son a dos voces sobre un bajo continuo. El musicólogo F. H. Sawyer las ejecutó en 1935 y realizó un interesante estudio del que damos cumplida referencia para los interesados: F. H. Sawyer. The Music in Atalanta Fugiens, Prelude to Chemistry. J. Read. Londres. 1961.

    El mito que inspira la obra

    En la mitología griega, Atalanta fue una heroína vinculada al ciclo arcaico, consagrada a Artemisa y reconocida por sus inmejorables habilidades para la caza.

    Sus orígenes descienden de Árcade, y de Clímene. Para Eurípides y otros, su padre es más bien Ménalo, por quien la isla Ménalo fue nombrada. Sin embargo, la versión más difundida, especialmente desde Hesíodo, es la de que Atalanta es hija de Atamante y Temisto, gracias a lo cual se relaciona con la cultura beocia.

    Su padre quería únicamente hijos varones y por eso, al nacer Atalanta, la abandonó en el monte Partenio a su suerte. Pudo sobrevivir gracias a que una osa la cuidó y la amamantó, hasta que unos cazadores la encontraron y decidieron criarla.

    Una vez que se convirtió en una bella y ágil mujer, Atalanta decidió no casarse y mantenerse virgen para consagrarse a la diosa de la cacería, Artemisa, a quien emulaba con sus acciones. Por ello, Atalanta vivía en el bosque cazando y llegó a ser una de las cazadoras más renombradas de la antigüedad.

    Como mujer se enfrentó a muchos peligros, como cuando dos centauros —Reco e Hileo— quisieron violarla, pero pudo defenderse gracias a sus inigualables habilidades y mató a los centauros con sus flechas. Su fama se difundió sobre todo después de participar en la cacería del jabalí de Calidón y después de obtener el premio a la carrera en los juegos fúnebres organizados en nombre de Pelias, donde compitió con Peleo, padre de Aquiles, el de los pies ligeros, héroe del ciclo troyano.

    Además de estar consagrada a Artemisa, lo que implicaba que debía mantenerse virgen, le predijo un oráculo que el día en que se casara, iba a ser convertida en animal. Por ello, y para evitar cualquier pretendiente, anunció que su esposo sería sólo aquel que lograra vencerla en la carrera, con la condición de que si ella triunfaba, debía matar a su oponente. Sin embargo, a pesar del peligro, muchos lo intentaron e irremediablemente perecieron, porque era invencible, aún cuando les daba alguna ventaja al inicio de la carrera.

    Hasta que llegó el momento en que apareció el joven que logró vencer a Atalanta en la competencia. Este apuesto joven llamado Hipómenes decidió probar suerte en la carrera para obtener la mano de Atalanta, pero tenía una gran ventaja y es que llevaba con él unas manzanas de oro que le había regalado Afrodita, diosa del amor, y que procedían del jardín de las Hespérides, y con ellas engañó a Atalanta; cada vez que la joven le iba a dar alcance, Hipómenes dejaba caer una de las manzanas, que Atalanta se detenía a recoger fascinada por su belleza. Mientras ella se distraía con cada manzana que caía, el joven pudo vencerla y así obtuvo su mano.

    La pareja muy enamorada vivió feliz durante un tiempo, compartiendo sus cacerías y hazañas. En una de estas persecuciones, los esposos entraron en el santuario de la diosa Cibeles[2], y enamorados como estaban se detuvieron y gozaron de su amor. Cibeles montó en cólera por el sacrilegio y transformó a la pareja en dos leones para condenarlos a tirar de su carro.

    Atalanta dio a luz un hijo, Partenopeo, que participó en la primera expedición de los siete contra Tebas. A veces se dice que este niño fue fruto de su matrimonio, pero también hay leyendas que indican que es hijo de Ares o de Meleagro.

    Atalanta fue tan importante que de hecho hay varios mitógrafos, como Apolodoro de Atenas, que la incluyen entre los Argonautas, grupo de héroes de la antigüedad que partió en un difícil viaje en busca del vellocino de oro. Ella, como era de esperarse, fue la única mujer que participó en esta travesía.

    En Epidauro, estaba la fuente de Atalanta, y se decía que en una cacería, la joven tuvo sed por lo que golpeó la roca con su jabalina, de donde brotó al instante la fuente.

    Atalanta es de gran importancia, pues simboliza la mujer contestataria que se rebeló contra todos los esquemas patriarcales de la Grecia Antigua y logró obtener el respeto de sus contemporáneos así como de la posteridad.

    Atalanta Fugiens

    He aquí,

    LA FUGA DE ATALANTA.

    LOS NUEVOS
    EMBLEMAS


    DE LOS SECRETOS DE LA NATURALEZA
    QUÍMICA,

    Acomodados en parte a los ojos y al intelecto con figuras
    incisas en cobre, con sus epigramas y notas; en parte al
    oído y al recreo del ánimo con unas cincuenta fugas musicales
    a tres voces, dos de las cuales se corresponden para ser cantadas
    en dísticos con una sola melodía, no sin alegría singular para la vista,
    la lectura, la meditación, el pensamiento, el juicio, el canto y el oído.

    Autor

    Michael Maier
    Médico de su Majestad, al Consistorio Imperial.

    OPPENHEIM.

    Impreso por Hieronymus Gallerus,
    con la edición de Johann Theodorus de Bry,
    1618.

    Michael Maier

    EPIGRAMMA AUTHORIS

    Hesperii precium iuvenis tulit impiger horti
    Dante Deá pomum Cypride tergeminum:
    Idque sequens fugientis humo glomeravit adora
    Virginis, hinc tardas contrahit illa moras:
    Mox micat is, micat haec mox ante fugacior Euris,
    Alteratum spargens aurea dona solo,
    Ille morabatur vestigia lenta puellae
    Rursus at haec rursus dat sua terga fugae;
    Tertia donec amans iterârit pondera, cessit
    Victori merces hin ATALANTA suo.
    Hippomenes virtus est sulphuris, illa fugacis
    Mercurii, in cursu femina victa mare est.
    Qui postquam cupido se complectuntur amore
    In fano Cybeles corrigit ira Deam;
    Pelle leonina vindex & vestiit ambos,
    In de rubent posthac corpore, suntque feri.
    Hujus ut exprimeret simulacra simillima cursus
    Voce tibi ternâ dat mea Musa fugæs:
    Una manet simplex pomúmque refert remorans vox,
    Altera sed fugiens, tertia ritè sequens.
    Auribus ista tuis, oculísque Emblemata prostent,
    At ratio arcanas expetat inde notas:
    Sensibus haec objecta tuli, intellectus ut illis
    Illicibus caparet, quae preciosa latent.
    Orbis quic quid opum, vel habet Medicina salutis,
    Omne Leo geminus suppeditare potest.
    Epigrama del autor

    Llevó el inteligente muchacho las tres manzanas del Huerto de las Hespérides que le había regalado la diosa Cipris, y las puso en el suelo ante la carrera de la virgen en fuga para que se demorara recogiéndolas. Ahora brilla ésta, luego ésa, después aquélla, él ha esparcido los áureos dones por el suelo delante de la que va más rápida que los Euros. Así demoró los pasos de la joven, a la que hizo detenerse, y luego reemprender la carrera.

    Cuando el amante hubo repetido tres veces la añagaza, Atalanta se entregó como premio a su vencedor. Hipómenes es la virtud del azufre; ella el mercurio volátil, la hembra vencida en la carrera por el macho. Luego que estos se abrazan por causa del deseo amoroso en el santuario de Cibeles, encienden la ira de la diosa, que para castigarlos viste a ambos con piel de león, por lo que sus cuerpos enrojecen y se vuelven fieras.

    A fin de expresar fielmente las escenas de esta carrera, mi musa os ofrece una fuga a tres voces: una permanece única y corresponde a la voz de las manzanas; la otra, a la que huye, y la tercera, a quien la sigue. Esto es para vuestros oídos, y hay algunos emblemas para que los tengáis ante los ojos, pero de ahí ha de sacar la razón las señales arcanas.

    Estos objetos son llevados a los sentidos para que, utilizados como reclamos, el intelecto recoja las preciosidades recogidas en ellos. La superficie de la tierra tiene toda clase de riquezas, y la medicina posee la de la salud: el león doble puede proporcionarlo todo en abundancia.

    Continúa:
    ________________
    Notas.

    [1] ↑ N. del Ed. La edición de 1687, publicada bajo el título Secretioris Naturæ Secretorum Scrutinium Chymicum, contiene los motes, emblemas y epigramas además de un discurso por cada uno, no así las fugas. El prefacio al lector y los cincuenta discursos se incluirán próximamente.
    [2] ↑ N. del Ed. O, según la versión, de Zeus.

    Referencias.

    -Revista Azogue, José Rodríguez Guerrero
    -The Alchemy Web Site, Atalanta Fugiens
    -http://www.kunstderfuge.com/maier.htm