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22 de abril de 2011

El Secreto de la Serpiente I - El Abismo, el Dragón, el Héroe

He aquí las heroicas obras de Indra, y la primera que logró el Portador del Trueno. Él mató al Dragón, liberó las aguas y abrió los canales de los torrentes de la montaña. Al Dragón mató, que yacía en la montaña con su rayo celeste por Tvashtri forjado.

Rig Veda, I.32.1-2.
n gran misterio rodea el comienzo del Universo y de la existencia humana. En la oscuridad de la conciencia yace dormido un monstruoso y terrible Dragón que desea despertar y liberarse de su largo sueño encadenado en las profundidades de la tierra.

Historias de serpientes o dragones gigantescos que habitan un abismo acuático y primigenio y que son derrotadas por héroes divinos o semidivinos, se remontan a la prehistoria y se encuentran en los mitos de los pueblos indoeuropeos. Este mito, así como gran parte de sus variaciones, aunque de origen ario, evidentemente llegó a transferirse por sincretismo a otras culturas como la egipcia, la babilónica e incluso la judeocristiana, por lo que resulta el motivo folclórico más prolífico y antiguo del mundo, denominado a veces como "Chaoskampf", la "Batalla del Caos".

En diversas mitologías, se describe la lucha de un elemento heroico, viril, solar, celeste y espiritual contra un elemento subterráneo, telúrico, ctónico, lunar y material, generalmente en forma de reptil. Así, encontramos las siguientes parejas de combatientes:
  • Indra vs. Vritra (India)
  • Krishna vs. Kaliya (India)
  • Fereydun/Thraetaona/Garshasp vs. Azhi Dahaka (Persia)
  • Teshub/Tarhunt vs. Illuyanka (Mitología hitita)
  • Perún vs. Veles (Mitología eslava)
  • Dobrynya Nikitich vs. Gorynych (Mitología eslava)
  • Thor vs. Jörmungandr (Escandinavia)
  • Sigfried vs. Fafnir (Escandinavia)
  • Beowulf vs. el Dragón (Escandinavia)
  • Cronos vs. Ophion (Grecia)
  • Zeus vs. Tifón (Grecia)
  • Apolo vs. Pitón (Grecia)
  • Heracles vs. las dos serpientes de Hera, la Hidra de Lerna y Ladón (Grecia)
  • Perseo vs. Medusa y el monstruo marino Ceto (Grecia)
  • Marduk vs. Tiamat (Sumeria y Babilonia)
  • Ra vs. Apep/Apophis (Egipto)
  • Hadad vs. Lotan (Mitología ugarítica)
  • YHVH vs. Leviatán (Judaísmo)
  • Miguel vs. Satán/Dragón (Judaísmo y cristianismo)
  • San Jorge vs. el Dragón (Cristianismo)
Hay quienes afirman que este mito es una metáfora cosmológica asociada con el triunfo de las civilizaciones patriarcales (indoeuropeas) sobre las matriarcales (pre-indoeuropeas) durante la Edad de Bronce. Las civilizaciones patriarcales indoeuropeas se caracterizaron por cultivar una férrea disciplina, un espíritu guerrero, un fuerte sentimiento de unidad de grupo, una inquebrantable austeridad, el valor, el orden, la espiritualidad y la plena libertad, y cuando se enfrentaron con las culturas matriarcales, caracterizadas por la indisciplina, la pereza, el egoísmo, el individualismo, el apego a las cosas materiales, el placer desmedido, el lujo, el multiculturalismo, el hedonismo, el libertinaje y la promiscuidad (se trataba de pueblos decadentes y espiritualmente agotados), los ejércitos patriarcales salieron siempre victoriosos, a pesar de que siempre eran colosalmente superados en gran número por los ejércitos matriarcales, razón por la que a la Serpiente/Dragón se le represente mucho más grande y aparentemente más fuerte.

Erróneamente algunos intelectualoides marxistas culturales han venido describiendo al patriarcado como un sistema donde a la mujer se le coloca en un segundo plano, donde no goza de libertades y donde desempeña un papel "inferior" al del hombre. Desde este punto de vista, intarpretaciones marxistas y feministas buscan instituir una sociedad matriarcal (ignorando que ya vivimos global y plenamente en una y con todas las consecuencias que ello conlleva) creyendo que así contrarrestarán el desequilibrio entre los sexos que habría sido originado, supuestamente, por el auge y dominio del patriarcado. Sin embargo, esa descripción no responde de ninguna manera al patriarcado de civilizaciones tan notables como la griega, la romana y la nórdica, donde las mujeres gozaron de infinitamente mucha más libertad que en las sociedades matriarcales pre-indoeuropeas donde paradójicamente sí existía y existe todavía represión contra la mujer, y a su vez, una notable desvalorización del hombre.

Por otro lado, me inclino a pensar que este gran mito está relacionado además con potencias internas y psicológicas, de las que la manifestación "patriarcado/matriarcado" sería tan sólo un efecto, y que el mito, así como el verdadero patriarcado, de modo alguno implica un sometimiento del principio masculino sobre el principio femenino sino, antes bien, un auténtico equilibrio entre ambos, a diferencia del matriarcado que representa un total desequilibrio entre los principios masculino y femenino.

En este caso, este equilibrio está ya implícito en el mito tal como es: en la derrota (control y dominio) de la Serpiente como fuerza psicológica inconsciente y primitiva y del uso adecuado de sus poderes y sabiduría, misma que, por ser una potencia del Caos, vendría precisamente a desequilibrar el Universo si no se le limita y somete, proeza que el hombre y la mujer deben ejecutar conjuntamente, e integrar en su cosmovisión tanto la importancia de la materia, representada por el arquetipo de la Madre Tierra y la Serpiente/Dragón como la del espíritu, representado por el arquetipo del Padre Cielo y el Héroe. Por ello, una manifestación matriarcal, feminista y fundamentalmente misándrica, estaría rompiendo ese balance, así como el machismo, la misoginia y la torpe respuesta al feminismo que es el "masculinismo", lo hacen de igual manera. Por lo tanto, cualquier desequilibrio social que pudiese existir como resultado de preponderar el valor de uno de ambos sexos, o bien, de despojarlos de sus funciones naturales en la sociedad como pretenden algunos, y cuyos efectos negativos en los acontecimientos modernos los percibimos ya en aquellas patologías que hoy se ven incluso como "normales y aceptables", responde únicamente al hecho de desear dejar libre a ese elemento reptiliano, caótico, materialista, libertino y egoísta de nuestra conciencia primitiva.

La constelación de Ophiuchus (Ofiuco), el Serpentario, está representada por un hombre que domina la fuerza bruta de una gran serpiente. Es un emblema elocuente de la necesidad que tiene la humanidad de luchar contra las partes más arcaicas de su conciencia, y de dominarlas, so pena de ser devorado por ellas.

Quizás la actual pretensión materialista y errónea de que esta constelación forme parte del Zodiaco como el signo número 13, responda a una forma simbólica e inconsciente de liberar a la Serpiente de su prisión, ya que sus fuerzas benefactoras son conocidas, o al menos intuidas, y podrían salvar a la humanidad y llevarla a una "Nueva Era" y a un "Nuevo Orden Mundial", pero en realidad se corre el riesgo de desatar una terrible fuerza pues se subestima su verdadero poder, cuyas virtudes requieren que el hombre esté realmente preparado y capacitado física, mental y espiritualmente para que no se salgan de su control, así como hoy están completamente fuera del control espiritual, la ciencia y la tecnología, a las que tanto hemos endiosado últimamente.

Mitológicamente Ofiuco corresponde con Asclepios, hijo de Apolo y la humana Corónide. Éste desarrolló tal habilidad en Medicina, que era capaz incluso de resucitar a los muertos, y Hades, molesto por ello, pidió a Zeus que lo castigara por violar el orden natural, a lo que Zeus accedió. No obstante, como homenaje a su valía, decidió situarlo en el cielo rodeado por la serpiente, símbolo de la vida renovada. El distintivo de Asclepios es un báculo con una serpiente enroscada en él, símbolo que actualmente representa a las instituciones médicas.

Zeus y Tifón

Tifón (Τυφών; Typhon) es el nombre que se le dio al monstruoso y gigantesco hijo de Hera/Juno, la diosa del matrimonio y quien dio a luz a Tifón por sí misma (el egoísmo feminista[1]) a causa de la ira que sentía contra su hermano y esposo Zeus/Júpiter por haber hecho nacer de su cabeza a Atenea. En otras versiones es hijo de Gea, la Madre Tierra y Tártaro, el vacío interior. Tifón nació en una cueva de Cilicia y confinado allí en la misteriosa tierra de Arimos.

Aunque su aspecto no era enteramente reptiliano, Tifón era llamado por los griegos como δράκων (drákōn) tenía dedos con forma de cabezas de dragón y sus piernas estaban formadas por serpientes. Tifón podía quemar todo lo que se le opusiese con su mirada, así como vomitar fuego y lava de su boca, crear huracanes y terremotos moviendo sus alas.

Hesíodo narra que, después de que Zeus derrotó y expulsó a los Titanes, la madre de ellos, Gea, llevó al Tártaro a su hijo más joven, Tifón, quien habría tomado el Cielo y derrocado a los dioses olímpicos ese mismo día si Zeus no lo hubiese visto a tiempo y comenzado a pelear contra él. El dios primero lanzó sus rayos desde el Cielo, luego bajó a la Tierra para golpearlo de cerca. Fue en Cilicia donde Zeus luchó con el monstruo. En la batalla, Tifón atacó a Zeus con sus llamas, derrotándole temporalmente, cortándole los tendones.

Tifón fue finalmente vencido por Zeus, quemándole sus cientos de cabezas serpentinas y arrojado al Tártaro o, según Esquilo, encerrado bajo el volcán Etna donde "su lecho raspa y aguijonea todo el largo de su espalda extendida contra él", o en otras regiones volcánicas, donde es el causante de las erupciones. Esta batalla constituye el principal evento en la Gigantomaquia.[2]

Zeus y Tifón
Apolo y Pitón

En el himno homérico a Apolo/Febo, encontramos el más temprano registro de Apolo combatiendo contra un dragón en Delfos. Muy poco después de su nacimiento en la isla de Delos, Apolo cruzó el mar y vagó por el continente buscando un lugar en el cual establecer un santuario oracular. Finalmente llegó a Haliartos donde comenzó a construir las fundaciones, pero una ninfa lo persuadió para que fuese a Crisa en las laderas del monte Parnaso en Delfos, a construir su gran templo.

Mientras trabajaba en su construcción, encontró cerca de un manantial a una mujer-dragón (drakaina) que era una criatura monstruosa, enorme y salvaje que había sido culpable de una gran violencia contra la gente y los rebaños de esa tierra. Para cualquier hombre, encontrarla significaba la muerte. Ella había sido, además, la nodriza de Tifón. En su discurso de victoria, Apolo le dice a su agonizante oponente que ni Tifón ni Quimera podrán salvarla de la muerte. Esta mujer-dragón no tiene nombre en el himno, pero la literatura posterior la denominó Delphyne, y la describió como guardiana del Oráculo de Delfos. Es a veces equiparada con Equidna (en griego antiguo, Ἔχιδνα: 'víbora'), un monstruo con cabeza y torso de mujer pero con la parte baja de serpiente, y consorte de Tifón.

Jan Boeckhorst, Apolo y Pitón. S. XVII
Después del año 300 a.C. se hizo popular la versión, retomada por Ovidio, en la que Apolo, cuatro días después de nacer, llegó a Delfos cuando Gea o Temis todavía regían el santuario que era custiodado por un dragón llamado Pitón (Πύθων; Python), el cual vivía dentro de una gruta cerca de Delfos, sobre el monte Parnaso, junto a la Fuente de Castalia. Este manantial era el que emitía los vapores causantes de que el Oráculo de Delfos hiciese sus profecías. El monstruo era hijo de Gea, la Madre Tierra, nacida del barro que quedó después del Gran Diluvio. Apolo, para proteger a su madre, Leto, quien era perseguida por Hera, suplicó que le hiciera un arco y flechas a Hefesto/Vulcano, el divino herrero. Tras recibirlos, Apolo arrinconó a Pitón en la cueva sagrada de Delfos. El dios luchó contra el dragón y después de dispararle varias flechas con su arco, finalmente lo asesinó. Luego Apolo fue a Creta para purificar su sangre y después regresó a Delfos para tomar posesión del Oráculo y se le conoció como Apolo Pitio. Fundó el Festival y los Juegos Píticos para celebrar su victoria.[2]

Heracles y las Serpientes de Hera

En los mitos de Zeus y Apolo, Hera aparece como ese arquetipo oscuro del principio femenino, la Sombra-Mujer que es egoísta, individualista y feminista, y en los mitos de Heracles/Hércules se verá igualmente como el principal obstáculo de las hazañas del héroe semidivino a quien odia profundamente y desea destruirle.

Así pues, a los pocos días de haber nacido Heracles, hijo de Zeus y de Alcmena, Hera envía dos serpientes para que lo mataran mientras dormía en su cuna. Pero el pequeño Heracles estranguló a las serpientes, una con cada mano y fue hallado por su niñera jugando con sus cuerpos como si fueran insignificantes juguetes.

Heracles y la Hidra de Lerna

En un ataque de locura provocado por Hera, Heracles mató a sus propios hijos y a dos de sus sobrinos con sus propias manos. Al despertar y descubrir los odiosos actos que había cometido, sintió mucho dolor, y no quiso continuar viviendo con Mégara (otras versiones dicen que también Mégara fue asesinada junto con sus hijos). En penitencia por haber realizado tan criminal acción, la sibila délfica le dijo que tenía que llevar a cabo diez trabajos que dispusiera Euristeo, el hombre que había usurpado su legítimo derecho a la corona y a quien más odiaba.

El segundo de los trabajos de Heracles consistía en matar a la Hidra de Lerna, que era hija de Tifón y Equidna, y fue criada por Hera cerca de la fuente Amimone en Lerna.

Antonio Pollaiuolo, Hércules y la Hidra. 1475
Heracles disparó flechas en llamas al refugio de la Hidra, que era la fuente de Amimone, para obligarle a salir de ella. La Hidra tenía inicialmente tres cabezas serpentinas y un aliento venenoso pero Heracles descubrió que cada vez que cortaba una cabeza, le crecían dos más en su lugar.

Los detalles del enfrentamiento son explicados por Apolodoro. Advirtiendo que no podría derrotar a la Hidra de esta forma, Heracles pidió ayuda a su sobrino Yolao. Éste tuvo la idea (posiblemente inspirada por Atenea) de usar una antorcha para quemar el muñón del cuello tras cada decapitación, cauterizando la herida y evitando así que las dos nuevas cabezas brotasen. Heracles cortó todas las cabezas y Yolao quemó los cuellos abiertos, matando así a la Hidra. Heracles tomó entonces su única cabeza inmortal y la enterró bajo una gran roca en el camino sagrado entre Lerna y Eleia, mojando sus flechas en la sangre venenosa de la Hidra y completando así su segundo trabajo.

Heracles y Ladón

Después de que Heracles cumpliese con éxito sus diez trabajos, Hera le hizo ver a Euristeo que dos de los trabajos no contaban pues había recibido ayuda: ni el de la Hidra; porque le había ayudado Yolao, ni el de los establos de Augías, porque recibió un pago por él (o bien, porque los ríos hicieron el trabajo), de modo que Euristeo ordenó dos más, que Heracles también completó, haciendo un total de doce.

El primero de estos dos trabajos adicionales consistía en robar las manzanas de oro del Jardín de las Hespérides, que era el huerto de Hera en el Oeste. Para proteger el árbol del cual crecían las manzanas doradas, Hera colocó en el jardín a un dragón de cien cabezas que nunca dormía llamado Ladón el cual, al igual que la Hidra, fue engendrado por Tifón y Equidna.

Después de que Heracles matase al dragón, Hera lo puso en el cielo del polo norte en forma de constelación, la cual se llama Draco.

Ra y Apep

En la mitología egipcia, el gran Ra, dios del Sol, navega en su barca solar y debe enfrentarse diariamente contra la gran serpiente Apofis/Apep, que habita en la Duat (Inframundo), y que intenta detener el avance de la barca. Para ello emplea varios métodos: ataca la barca directamente o culebrea para provocar bancos de arena donde el navío encallara. Todo ello tiene sólo una finalidad: romper la Maat, es decir, el Orden Cósmico. Tras derrotarla, Ra, el Sol, asciende de nuevo al firmamento cada mañana por el Este.

La Gran Serpiente Apofis
Apofis representa el mal, con el que había que luchar diariamente para contenerlo; sin embargo, nunca sería aniquilado, sólo era dañado o sometido, ya que de otro modo el ciclo solar no podría llevarse a cabo diariamente y el mundo perecería. Para los antiguos egipcios la existencia del mal era necesaria para que el bien fuera posible. Cuando el cielo se teñía de rojo, era a causa de las heridas provocadas a Apofis. También, interpretaron que los eclipses eran obra suya, en su lucha en la Duat. En la interpretatio græca, el dios Horus es identificado como Apolo, y su enemigo Seth, como Tifón.

Fereydun y Azhi Dahaka

La mitología persa describe a Azhi Dahaka (en avéstico, 'Gran Serpiente') como un monstruo parecido a un dragón de tres cabezas y seis ojos. Se dice que tiene mil sentidos, para sangrar serpientes, escorpiones, y otras criaturas venenosas. Se dice también que puede controlar las tempestades y traer la enfermedad. Este dragón fue derrotado por el héroe Thraetaona o Fereydun, pero no podía ser matado; por ello fue encadenado a la montaña Damavand.

El Monstruo del Caos y el Dios del Sol. Asiria.
Indra y Vritra

Así como en Persia, Grecia y Egipto, en India abundan relatos de combates contra serpientes y dragones, y el más importante es el que se llevó a cabo entre los védicos Indra y Vritra.

Vritra era una serpiente gigante que en los comienzos del mundo abarcó las Aguas Primordiales del Caos impidíendo que fluyeran los siete ríos y la lluvia. Era hijo de Danu, madre de los Danavas, como se les llamaba a veces a los demonios (asuras). De acuerdo con el Taittiriya Sanhita y el Catapatha-Brahmana, fue creado por Tvashtri, el divino artesano y herrero, de algunas gotas de soma fundido sobre fuego; a partir de entonces surgió una flecha que se disparó en todas direcciones, hasta que el monstruo fuese forzado a regresar a los océanos.

Vritra era tramposo (mayin), ateo (adeva), burlón y prepotente (piyaru), malicioso (arcasana) y un demonio insultante (atra mrdhavac). Consumió enormes cantidades de comida, creció en tamaño y no dejó que drenaran libremente las aguas cósmicas de los ríos.

En el Rig Veda (el texto indoeuropeo más antiguo que existe), Indra es el dios más importante. Le están dedicados unos doscientos cincuenta himnos, cantidad elevadísima en comparación con los diez dirigidos a Varuna y treinta y cinco a Mitra. Es el héroe por excelencia, modelo ejemplar de los guerreros, temible adversario de los dasyus o dasas ('enemigos') como se les llamaba a los aborígenes dravídicos de la India, "los de piel negra" (krishnam vacham), matriarcales, a quienes los invasores indo-arios sometieron alrededor del año 1500 a.C. estableciendo la cultura védica. Esta invasión constituyó un conflicto racial y espiritual entre una religiosidad aborigen, siniestra y demoníaca, y la nueva religiosidad solar, "olímpica" y heroica de los invasores aryas, personificada por Indra, igual que la invasión doria de Grecia tuvo como patrón a Apolo, y la de Creta a Teseo, símbolo de lo nuevo y lo heroico, que dio muerte al Minotauro, símbolo de la cultura minoica, pre-helénica y matriarcal.

Los acólitos de Indra, los maruts, reflejan, a nivel mitológico, las sociedades indoiranias de jóvenes guerreros (maiya). Pero Indra es al mismo tiempo demiurgo y fecundador, personificación de la vida exuberante, de la energía cósmica y biológica. Bebedor insaciable de soma, arquetipo de las fuerzas genesíacas, desencadena las tempestades, hace caer las lluvias y es señor de todo lo húmedo.[3]

Dios del Cielo, la tormenta y el trueno (vajrin), equivalente al nórdico Thor, al celta Taranis, al eslavo Perún y al grecorromano Zeus/Júpiter[4] y al igual que Zeus, Baal y Apolo, mató a su enemigo a temprana edad, de hecho, algunos himnos refieren que fue en búsqueda del dragón para combatirlo cuando tenía solamente unos días de haber nacido. Para ello, había bebido una gran cantidad de soma en casa del sabio Tvashtri con el fin de empoderarlo antes de enfrentarse al monstruo. Tvashtri forjó los rayos (vashra) para armar a Indra[5], y cuando Indra se lo pidió, el dios Vishnú hizo espacio para la batalla.

Fue una cruenta batalla la que se libró entre ambos: Vritra le rompió la mandíbula a Indra, y éste lanzó sus rayos, de los cuales muchos de ellos dieron en la espalda, cara y otras partes vulnerables del dragón quien finalmente fue derribado. De acuerdo con algunos himnos védicos, Indra también usó arco y flechas, aunque estas mismas flechas no eran más que sus mismos rayos. De este modo, los rayos de Zeus y las flechas de Apolo, constituyen el mismo poder para derrotar a la Serpiente.

Indra destruyó sus noventa y nueve fortalezas y liberó al fin las aguas y el Sol que hasta entonces estaban confinados en la oscuridad del Caos Primigenio, lo que simboliza claramente el Ordenamiento del Mundo a partir del Caos (Ordo ab Chaos). Vritra fue arrojado a las tinieblas del Inframundo y el Caos permanente que rodea o delimita el Cosmos, y donde permanece. El destierro al infierno y la muerte son equivalentes.

Como sucede en los mitos cananeo, babilónico y egipcio, la recompensa por su victoria fue el reinado del mundo. Por esta hazaña, Indra fue conocido como Vritrahan ('Asesino de Vritra') y también como "Asesino del primogénito de los dragones". Después Indra atacó nuevamente con su rayo y derrotó a Danu, la madre de Vritra. Al igual que el griego Tifón, el egipcio Apofis y el persa Azhi Dahaka, Vritra yace bajo la tierra y las montañas en los bordes de la oscuridad.[2]

Sigfried y Fafnir

La figura del dragón también se destaca notablemente en el folclore nórdico. En el Cantar de los Nibelungos, Sigfried mata a Fafnir, dragón que custodia el tesoro de los nibelungos. Al bañarse con su sangre, Siegfried obtiene la invencibilidad y el don de hablar el Lenguaje de los Pájaros. Igualmente, en la mitología tradicional escandinava aparece Sigurd, el dios cazador de dragones, quien comparte su nombre con la versión islandesa de Sigfried.

Beowulf y el Dragón

En Beowulf, el poema épico anglosajón más importante y antiguo de la literatura medieval inglesa, se narran las hazañas de un rey escandinavo llamado Beowulf quien, en la última etapa de su vida y con la ayuda de su sobrino Wiglaf, lucha contra un dragón que amenazaba a su pueblo. Después de una sanguinaria batalla, ambos logran acabar con la bestia, pero Beowulf cae gravemente herido y antes de morir encomienda a su sobrino apoderarse del tesoro custodiado por el dragón y utilizarlo para reconstruir el reino.

Thor y Jörmungandr

Jörmungandr (jörmun: 'grande' y gandr 'bastón': 'gran bastón') es una colosal serpiente que rodea Midgard que fue engendrada por Loki y la giganta Angrboda. Cuando los Æsir (dioses mayores) se enteraron de la existencia de este ser maligno engendrado por tan terribles padres, y vieron con su don de la adivinación las cosas horribles que haría, decidieron encargarse del monstruo. Odín lo lanzó al mar que rodea Midgard, donde quedará atrapado hasta el Ragnarök, tiempo en el que se liberará arrastrándose fuera del océano y envenenando los cielos. De sus fauces brotará el veneno y reptará entre el fuego de los gigantes hasta el lugar donde se halle su rival: el gran Thor, dios del trueno, los rayos y la tormenta y protector de la humanidad. Éste, enfrentándose con él por tercera y última vez, lo matará, tras lo cual caminará nueve pasos antes de caer muerto víctima del veneno de la sierpe.

Tanto a Thor como a Zeus/Júpiter, les corresponde el día jueves: en latín Iovis dies, 'día de Júpiter'; y en inglés, Thursday, 'día de Thor'. En alemán, jueves es Donnerstag, 'día del trueno' y asombrosamente en quechua, lengua sudamericana, jueves es illapachaw, 'día del rayo').

Henry Fuseli, Der Kampf des Thor mit der Schlange des Midgard
(La lucha de Thor y la Serpiente de Midgard). 1788. Royal Academy of Arts, Londres.
Dobrynya Nikitich y Gorynych

El poema tradicional eslavo (byliny) narra la hazaña del héroe épico (bogatyr) Dobrynya Nikitich, un excelente arquero, nadador y luchador conocido por su cortesía y astucia, quien encuentra al dragón (zmey) Gorynych mientras se bañaba en el río Puchai. Dobrynya se encontró indefenso y pensó que moriría ante el monstruo pero luego descubre algún objeto y lo utiliza para derrotar al dragón. El dragón suplica a Dobrynya por su vida y ambos llegan a una tregua. Una vez que el pacto termina, el dragón captura a Zabava Putyatishna, la sobrina del príncipe Volodymir.

Cuando Dobrynya llega a Kiev, el príncipe Volodymir le pide a Dobrynya que rescate a su sobrina. Con la ayuda de un látigo mágico regalado por su madre, Dobrynia comienza a luchar contra el dragón en una batalla que duró tres días. En el tercer día de la sangrienta batalla, Dobrynya siente el deseo de rendirse y huir, pero una voz del cielo le dice que persista y que luche por tres horas más, así lo hizo y después de tres horas Dobrynya logra al fin matar al dragón.

Viktor Vasnetsov, Dobrynya Nikitich matando al dragón Gorynych
La sangre del dragón no fue absorbida por el suelo y Dobrynya y su caballo quedaron atrapados rodeados por la sangre durante tres días. Nuevamente, una voz del cielo le dijo al héroe que enterrara su lanza en el suelo y pronunciara un conjuro. Hecho esto, la sangre comenzó a ser absorbida por la tierra y Dobrynya rescató a Zabava.

Perún y Veles

La batalla mítica entre Perún y Veles fue reconstruida mediante un estudio comparativo de los mitos indoeuropeos y un gran número de canciones y cuentos populares eslavos.

Perún es el dios de la tormenta, del rayo y el trueno (o del lado oscuro del Cielo iracundo), equivalente al Perkunas de la mitología báltica, y a los demás dioses arios del trueno. Sus atributos eran un caballo, un carro, un hacha o martillo, y flechas de piedra. Presidía sobre las armas y sobre la guerra, y los antiguos eslavos lo invocaban antes de entrar en combate. Vladimir el Grande lo colocó como jefe del panteón de la Rusia de Kiev. Cuando Perún dominaba el panteón, era concebido como una figura regia que dirigía el mundo mortal desde una fortaleza situada en la más alta rama del Árbol del Mundo, y que lanzaba rayos sobre la Tierra en momentos de choque con las fuerzas telúricas.

El nombre Veles se asemeja a Vels o Velinas, el diablo de la mitología báltica y enemigo del dios del trueno Perkunas. Es un dios antiguo y complejo, emparentado con las demás versiones indoeuropeas del Dragón, asociado al Mundo Subterráneo, las aguas, la tierra y los dragones. Se le representa como una serpiente con cuernos y barba.

La causa de la enemistad de estos dioses puede deberse a que Veles raptó al hijo, la esposa o el ganado de Perún. También se convierte en un reto: Veles, transformado en una enorme serpiente, sube desde las cuevas del Mundo Subterráneo y repta hasta el Árbol del Universo eslavo, con dirección a los dominios celestiales de Perún, quien se defiende contra Veles con sus rayos. Veles huye, se esconde o se transforma en árboles, animales o personas, hasta que al final Perún lo mata y, mediante esta muerte ritual, todo lo que Veles había robado sale de su cuerpo inerte en forma de lluvia que cae desde las alturas.

Este mito de la tormenta, según algunos investigadores, explicaba el cambio de estaciones a lo largo del año. Los períodos secos se interpretaban como el caótico resultado del hurto de Veles; las tormentas y los rayos eran la batalla entre los dioses y la lluvia significaba el triunfo de Perún sobre Veles y el restablecimiento del orden del mundo.

De manera que el mito se repetía cada año y la muerte de Veles nunca era permanente, ya que volvía a tomar la forma de una serpiente que muda su vieja piel y renace con un nuevo cuerpo. Aunque en este mito en particular desempeña un papel negativo como causante del caos, Veles no era un dios maligno para los antiguos eslavos.

Iván Bilibin, Perún contra Veles.
Teshub e Illuyanka

Teshub, al igual que Thor, Indra y Zeus, está asociado con el cielo, la lluvia y la tormenta en la mitología hitita, es un guerrero que sostiene un rayo triple, yelmo y armas, generalmente un hacha doble (labrys) y espada. Fue una figura adoptada de los hurritas que le rendían culto como su dios principal, el rey de los dioses. Su nombre hitita y luvita fue Tarhunt.

Illuyanka es el dragón-serpiente que fue derrocado por Teshub. Su nombre probablemente es una composición de dos palabras protoindoeuropeas que significan 'serpiente': h₁illu y h₂eng(w)eh₂. Estos componentes invertidos forman la palabra en latín anguilla. Serpiente en latín es anguis.

En una de las versiones del mito, Illuyanka vence en la lucha entre los dos, y Teshub va a la diosa Inaras para pedirle consejo. Siguiendo éste, promete amor a una mortal llamada Hupasiyas a cambio de su ayuda, ella idea una trampa para el dragón y va a él con grandes cantidades de alimentos y bebida, consiguiendo que beba hasta hartarse. Una vez borracho, Hupasiyas ata al dragón y el dios del cielo Teshub aparece con los otros dioses y le mata.

Relieve del dios de la Tormenta, Teshub y su hijo Sarruma matando al dragón Illuyanka.
Museo de las Civilizaciones de Anatolia, Ankara, Turquía. 1050-850 a.C.
En la segunda versión (conocida por el relieve de arriba en la imagen), después de la lucha, Illuyanka arranca a Teshub los ojos y el corazón. Para vengarse del dragón, el dios del Cielo se casa con la semidiosa Hebat, hija de un mortal llamado Arm. Tienen un hijo, Sarruma, que cuado es adulto se casa con la hija de Illuyanka. El dios Teshub encarga a su hijo que pida los ojos y el corazón como regalo de bodas, y éste lo hace. Con ojos y corazón restaurados, Teshub se enfrenta a Illuyanka una vez más. Cuando está a punto de vencer al dragón, Sarruma se entera de la batalla y se da cuenta de que ha sido utilizado para este propósito. Exige que su padre le quite la vida junto con Illuyanka, así que Teshub mata a ambos por medio de una tormenta de lluvia y relámpagos.

Hadad y Lotan

En la mitología ugarítica (no indoeuropea), Lotan es un dragón o serpiente marina de siete cabezas. Lotan vive en un palacio en el mar y es la octava mascota del dios Yaw o tal vez Yaw mismo, quien también fue conocido como Yam (mar) o Nahar (río); el Océano Cósmico. Es el análogo hebreo de Leviatán (serpiente de Levi). Representa la destrucción masiva de las inundaciones, los océanos y el invierno.

Baal Hadad es el dios de la tormenta, el trueno y la lluvia, y fue adaptado del dios acadio Adad. Es hijo de Anu, el Cielo. Lucha contra la Serpiente Lotan y le derrota.

Gustave Doré, La Destrucción del Leviatán. 1865.
En aquel día YHVH castigará con su espada firme, grande y pesada a la serpiente Leviatán,
que siempre sale huyendo, a Leviatán, serpiente astuta, y matará al dragón del mar.
(Isaías, 27:1).
Marduk y Tiamat

El poema épico de la creación sumerio-babilónico-acadio, Enuma Elish, es probablemente el relato más antiguo de la Historia, en el cual se narra una batalla entre las "Fuerzas de la Luz" y las "Fuerzas de la Oscuridad", lucha que dio origen al Cosmos y a la especie humana.

Tablilla babilónica de Tiamat
De ella participa la Antigua Tiamat (del sumerio Ti: 'Vida' y Ama: 'Madre'), una mujer monstruosa, terrible diosa serpiente de dos caras, cuatro ojos y cuatro oídos (aunque no necesariamente se le representa como tal), reina y madre de diversos dioses y criaturas que engendró con su contraparte masculina, Apsu, el Abismo/Océano Subterráneo, que tenía su morada en Kur (palabra que significa literalmente 'montaña', pues los sumerios, así como otros pueblos, concibieron el reino de los muertos como una montaña). Estos nuevos dioses perturbaron a Apsu, por lo que decidió destruirlos, pero uno de ellos, Ea/Enki, dios de la magia y del agua, se anticipó a los deseos de Apsu haciendo un conjuro y sumergiéndolo en un largo sueño para luego matarlo. Sin embargo, Ea no pudo hacer nada contra Tiamat quien deseó vengarse por la muerte de Apsu. Enfurecida, creó una legión de demonios liderados por Kingu, que era su amante y uno de sus engendros.

Detalle de un dibujo a lápiz que realicé en 2004 con motivo de la derrota de Tiamat dando origen al Cosmos.
Tiamat entregó las Tablas del Destino al comandante del ejército Antiguo, Kingu, así como gran poder. Los Dioses Mayores le encomiendan a Marduk, hijo de Ea, la misión de matar a Tiamat y a Kingu, y es nombrado Príncipe de los Dioses. Al derrotar a Kingu, le arrebata las Tablas del Destino. Después de la muerte de éstos en manos del Señor Marduk y encerrados en el Abismo, el Universo fue creado del cuerpo inmolado de la Serpiente: Tiamat fue cortada en dos, su mitad superior formó el Cielo y su mitad inferior formó la Tierra. Luego, Marduk comunica a su padre un nuevo plan que tiene para la sangre de Kingu:
Amasaré la sangre y haré que haya huesos. Crearé una criatura salvaje, 'hombre' se llamará. Tendrá que estar al servicio de los dioses, para que ellos vivan sin cuidado.
De modo que la humanidad fue creada de la sangre, o las "Aguas Vivientes" de Kingu. No deja de ser llamativo el hecho de que el ADN humano se asemeja a dos serpientes enroscadas.

Miguel y Satán

No es raro que muchos identifiquen a Marduk con el Arcángel Miguel, jefe de los ángeles, por la semejanza que presentan las tradiciones judeocristianas en referencia al dragón.
En ese momento empezó una batalla en el cielo. Miguel y sus ángeles combatieron contra el Dragón. El Dragón se defendía apoyado por sus ángeles, pero no pudo resistir, y ya no hubo lugar para ellos en el cielo. Arrojaron pues, al enorme Dragón, a la Serpiente Antigua, al Diablo o Satanás, como lo llaman, al seductor del mundo entero, lo echaron a la tierra y a sus ángeles con él…

Apocalipsis 12:7-9
El Arcángel Miguel arrojando a Satán al Abismo
La fuente que probablemente inspiró al autor para la redacción de éste capítulo de la revelación, fue el apócrifo Libro de Enoch. Según éste, Miguel y sus tropas derrocaron al arcángel rebelde y a sus seguidores y a los cuales arrojaron al Infierno.

Ocho capítulos después, se dice:
Después un ángel bajó del cielo llevando en la mano la llave del Abismo y además una enorme cadena. Sujetó al Dragón y lo encadenó por mil años. Lo arrojó al Abismo y cerró su entrada con la Llave y la aseguró con candados, para que en adelante ya no engañara a las naciones hasta que pasen los mil años. Luego será dejado en libertad por un poco tiempo (…) Y cuando se cumplan los mil años Satanás será liberado de su prisión, saliendo a engañar a las naciones de los cuatro extremos de la Tierra, a Gog y Magog. Los juntará para la guerra y su número será tan grande como las arenas a la orilla del mar…

Apocalipsis. 20:1-9
El Apocalipsis da un tiempo de "mil años" para que se desaten el Ragnarök y la Serpiente encadenada. Este tiempo ya se ha cumplido y vemos ahora por todo el mundo las consecuencias del arrastre del Dragón descontrolado.

San Jorge y el Dragón

Dentro de la cultura judeocristiana, la serpiente o dragón es efigie del mismo Diablo. En la Edad Media, afloraron y cobraron popularidad cuantiosas leyendas como las de Santiago, San Patricio y San Jorge, quienes derrotan a este reptil alado. Así mismo, en el arte cristiano, la sierpe simboliza la tentación y el pecado, y se presenta pisada por el pie de diversos santos, figurando el triunfo del cristianismo sobre el pecado y el paganismo.

Hans von Aachen, San Jorge matando al Dragón. s. XVI.
Paganismo disfrazado de cristianismo.
La leyenda de San Jorge y el dragón aparece en el siglo IX, recopilada luego en el siglo XIII por Jacobo de Vorágine en su Legenda Aurea. En ella, un dragón hace un nido en la fuente que provee de agua a una ciudad, bloqueando su acceso (como sucede con la lluvia de Indra). Para que los ciudadanos pudieran conseguir agua de la fuente ofrecían diariamente un sacrificio humano que se decidía al azar entre los habitantes. Un día resultó seleccionada la princesa y justo cuando estaba a punto de ser devorada por el dragón, Jorge aparece sobre un caballo blanco, se enfrenta con el dragón al que lo mata salvando a la princesa. Los agradecidos ciudadanos abandonan el paganismo y se convierten al cristianismo. Sin duda, un final que cumple una función muy distinta al mensaje pagano original y tal vez en lugar de sólo "someterse", la serpiente quedaría completamente aniquilada en el nuevo imaginario europeo judeocristiano y, con ella, la sabiduría que tenía para ofrecer, pues es a partir de la exégesis abrahámica donde a la mujer se le comienza a identificar con el mal y el pecado, demonizándola y despreciándola como un "ser inferior", muy al contrario que el paganismo indoeuropeo.

El Abismo

Como hemos visto, la Antigua Serpiente Primordial de la cosmogonía indoeuropea reside en el Inframundo, que es muchas veces descrito como un Océano Subterráneo, abismal, oscuro, primigenio, un vacío cósmico, una masa confussa, caótica, informe, de la cual fue creado todo el Universo. Algo semejante a un útero materno.

La cosmogonía gnóstica de Valentinus (s. II d.C.) comienza con el perfecto Eón, Abismo, preexistente, el cual estaba con Silencio. Anaximandro (610-546 a.C.) lo llamaba ἄπειρον (apeirón, 'sin límites', 'sin definición'), es decir, lo indefinido, lo indeterminado, lo no diferenciado. Los gnósticos denominaban Pleroma a la substancia primordial de la que provinieron las formas, espíritus y esencias por medio de emanaciones. Los chinos lo llaman Wuji.

Otras cosmogonías no indoeuropeas coinciden en este concepto. En la mitología azteca, al principio existía sólo un océano primigenio donde únicamente vivía el monstruo marino Cipactli. Los dioses, cuando se vieron en la necesidad de dar forma al mundo, decidieron que el cuerpo de Cipactli se dividiera a la mitad: una mitad sobre la otra, obteniendo así el Cielo y la Tierra (Lo mismo que en el relato de Tiamat). El relato cosmogónico de los mayas, el Popol Vuh, comienza describiendo este abismo océanico:
Esta es la relación de cómo todo estaba en suspenso, todo en calma, en silencio; todo inmóvil, callado, y vacía la extensión del cielo. (…) No había nada que estuviera en pie, sólo el agua en reposo, el mar apacible, solo y tranquilo. No había nada dotado de existencia.
Asimismo, Ovidio describe en Las Metamorfosis, el origen del mundo de forma similar:
Antes de que existieran el mar, la tierra y esa cobertura de los cielos que se extiende por doquier, la naturaleza ofrecía el mismo aspecto en todo el universo: es lo que los hombres denominaron Caos, masa informe y confusa, peso inerte en el que se depositaban indiscriminadamente juntos y sin ajustamiento alguno los elementos primordiales de las cosas. Ningún Titán iluminaba todavía el mundo con su luz, ni la luna creciente henchía aún sus cuernos, ni la tierra se balanceaba girando en el éter por el impulso de su propio peso, ni Anfitrite extendía sus brazos a lo largo de las costas y riberas. Aunque allí estaban los elementos de la tierra, del mar y del aire, la tierra carecía de firmeza, el mar de fluidez y el aire de luz y brillo. Ninguno de ellos tenía forma definida y cada uno interfería estorbando el desarrollo de los demás. En una única mezcolanza agitábanse el frío y el calor, lo húmedo y lo seco, lo muelle y lo duro, lo ligero y lo pesado.

Ovidius, Metamorphoseon libri, Libro I:1, Orígenes del mundo. El Caos.
El poema épico nórdico Völuspá o Visión de la Adivina, describe también un período de Caos primitivo, el Vacío abismal del Ginnungagap, seguido por la creación de gigantes, dioses y de la humanidad. El Ginnungagap era el vasto abismo que existía entre Niflheim y Muspelheim antes de la creación. Al norte de éste yacía el intenso frío del Niflheim, al sur, el calor infernal del Muspelheim. Al principio de los tiempos, los dos, Hielo y Fuego, se encontraban en el Ginnungagap; y donde el calor tocaba la escarcha, las gotas de ésta se derretían y formaban la sustancia eitr, que se aceleró en vida en la forma del gigante Ymir, el padre de todos los gigantes de la escarcha.

En Sumeria, el Mundo Subterráneo o Infierno, era conocido con varios nombres, como Absu o Apsu (del sumerio temprano: ab, "agua" y su, "lejos", "profundo", agua profunda o abismo); como Nar Mattaru (El Gran Océano Subterráneo), como también se lo llama en el Enuma Elish:
Cuando los cielos en lo alto no eran nombrados ni la tierra abajo llamada por su nombre. Cuando el Apsu primordial, su procreador, y Mummu-Tiamat que a todos había engendrado, entremezclaron sus aguas en un solo cuerpo pero las cámaras sagradas no habían sido consolidadas ni se podían encontrar cañas en los juncales. Cuando ninguno de los dioses resplandecía ni eran llamados por sus nombres. Cuando los destinos no estaban fijados, entonces nacieron de su seno.

Enuma Elish I, 1-11.
La misma idea se refleja en el Génesis bíblico:
En el principio Dios creó el cielo y la Tierra. La Tierra estaba desierta y sin nada, y las tinieblas cubrían el abismo mientras el espíritu de Dios aleteaba sobre la superficie de las aguas.

Génesis 1:1-2.
La palabra hebrea para abismo, empleada en el texto original del Bereshit (Génesis), es tehom תהום (veharetz hayta tohu vavohu vekhoshekh al-pnei tehom veruach elohim merakhefet al-pnei hamayyim) la cual algunos estudiosos concuerdan en que se trata de un término decadente del nombre sumerio Tiamat.

-Véase también: El Laberinto del Minotauro
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Referencias.

[1] ↑ N. del A. Probablemente Hera fue una diosa de un pueblo matriarcal que habitó Grecia antes de la llegada de los helenos quienes establecieron una sociedad patriarcal. Desde esta perspectiva, su función como diosa del matrimonio y la familia debía moderar las acciones de los hombres. Su ira hacia las infidelidades de Zeus forma el tema principal de las anécdotas literarias de su antiguo culto.
[2] ↑ Joseph Eddy Fontenrose, Python: a study of Delphic myth and its origins.
[3] ↑ Mircea Eliade, Historia de las creencias y de las ideas religiosas. Volumen I: De la Edad de Piedra a los Misterios de Eleusis. Paidós.
[4] ↑ N. del A. Proveniente del dios védico Dyaus Pitar; derivado a Dyu-Piter (Iupiter) y Iovis Pater: 'Padre Cielo'; Deus Pater: 'Dios Padre'.
[5] ↑ N. del A. Tvashtri corresponde exactamente al Hefestos griego, al Vulcano romano y al egipcio Ptah.

Bibliografía.

-Publius Ovidius Naso, Metamorphoseon libri. Porrúa.
-Hesíodo, Teogonía. Porrúa.
-Rig Veda.
-Edda Mayor, Völuspá o La Visión de la Adivina. Alianza Editorial.
-Beowulf y otros poemas anglosajones. Alianza Editorial.
-Cantar de los Nibelungos. Porrúa.
-Enuma Elish, poema épico de la creación. Trotta.
-Biblia de Jerusalén.
-Popol Vuh. Fondo de Cultura Económica.