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6 de diciembre de 2010

Volando con los renos de Santa Claus


ndudablemente, gran parte de la figura de Papá Noel, o Santa Claus, proviene de la leyenda de San Nicolás de Bari (270-345), un obispo de Myra del siglo IV que habría repartido su riqueza a los pobres y a quien se le atribuyeron ciertos milagros, por lo que terminó convirtiéndose en santo patrono de varias ciudades, así como de los niños y de los marineros.

En los Países Bajos se le celebra del 5 al 6 de diciembre (fecha oficial de su fallecimiento ocurrida en el año 345), con el nombre de Sinterklaas, un querido personaje que trae regalos a los niños el día de la fiesta. Según la tradición de estas regiones, San Nicolás viene de España, y llega a los Países Bajos en un barco de vapor, con un caballo blanco y acompañado de un ayudante de raza negra llamado Zwarte Piet (Pedro el Negro).

No obstante, algunos elementos de la figura de Sinterklaas, no están relacionados con el cristianismo, y de hecho, existen algunos paralelismos entre este personaje y la figura de Odín, el dios central de los pueblos germánicos.

Ambos, Sinterklaas y Odín, son representados como ancianos con barba y vuelan por el cielo con sus caballos blancos. Sinterklaas monta en su caballo sobre los tejados de las casas, mientras que Odín cabalga sobre Sleipnir, su caballo blanco de ocho patas.

Sinterklaas posee un báculo, y sus sirvientes, como Zwarte Piet, tienen la piel de color negro. Odin porta una lanza llamada Gungnir, y tiene dos cuervos negros, Hugin y Munin, como ayudantes.

De hecho, posiblemente los ocho renos de Santa Claus, aparecidos posteriormente en cuentos estadounidenses del siglo XIX, tienen su origen en las ocho patas de Sleipnir, sustituyendo así al caballo blanco original en el que montaba por el aire.


Derecha: Ilustración de un manuscrito islandés del siglo XVIII, Odín montando a Sleipnir.

Pero existen también algunos paralelismos entre Santa Claus y un pequeño espíritu del bosque que vive realmente bajo la sombra de los helados pinos del Polo Norte, esperando cual regalo bajo el árbol navideño, a ser encontrado por alguien que busca ser objeto de sus poderes.

Es el Amanita muscaria, un hongo de brillante sombrerillo color rojo con tallo y motas blancas que crece cerca de las raíces de los pinos con los que intercambia sales minerales y agua por otras sustancias, de manera que mantiene una relación simbiótica con ellos. Este hongo es usado por tribus de Siberia como los chukchi y los koryak, o los sami de Laponia (al norte de Escandinavia), para preparar una bebida ritual que provoca un estado alterado de la conciencia. Por ello algunos investigadores como el etnomicólogo Robert Gordon Wasson, lo han vinculado con el mítico soma de los Vedas, el alimento de los dioses. También aparecen comúnmente representados en muchos cuentos de hadas y también en los famosos videojuegos de Nintendo, mismos que ya se han convertido en parte importante del imaginario colectivo moderno. Incluso la mitología nórdica relata que de la boca del caballo de Odín, Sleipnir, brotaba una espuma roja cuyas gotas al caer al suelo se transformaban en hongos de esta especie.

Los principios activos de este hongo, el ácido iboténico, el muscimol y la muscarina, son muy tóxicos y letales, pero en dosis bajas producen efectos alucinógenos. Los efectos comienzan entre 2 a 3 horas depués de la ingestión de la bebida y duran de 6 a 8 horas.

Al llegar al cerebro, estos alcaloides psicoactivos disminuyen la recaptación de la serotonina en el cerebro y en la periferia. El ácido iboténico no cruza la barrera sanguínea del cerebro como tal, sino que es parcialmente metabolizado y transformado en muscimol y el resto es excretado. La acción primaria del muscimol consiste en ocupar los receptores de ácido gamma-amino-butíricos (GABA) y actuar como un potente agonista GABA-A. Se ha observado que es activo en diversas partes del cerebro incluyendo el córtex cerebral, el hipocampo y el cerebelo. El muscimol actúa entre las sinapsis neuronales y bloquea la acción del neurotransmisor que controla la transmisión de señales entre las células nerviosas, lo que genera alucinaciones espectaculares que consisten en la percepción distorsionada de formas y distancias, y un efecto común es la sensación de volar.

El uso de drogas psicotrópicas se puede observar en diversas culturas a lo largo de la historia. Este uso ha tenido principalmente fines religiosos y rituales por lo que en el contexto antropológico y arqueológico estas sustancias se conocen como enteógenos (del griego, éntheos (ἔνθεος) 'dios dentro' y génos (γένος) 'origen'), término que alude a la posibilidad de ser inspirado por un dios; de encontrar, experimentar u originar algo divino dentro de uno mismo, proceso que es supervisado generalmente por un guía espiritual denominado chamán.

En relación al Amanita muscaria, por ejemplo, los guerreros vikingos llamados berserkers los consumían antes de emprender un combate, ya que sus efectos aportaban más valor, fuerza y resistencia; entraban en batalla bajo un trance denominado berserksgangr, con una insensibilidad al dolor, y se dice que llegaban a morder sus escudos y a echar espuma por la boca, lo que aterrorizaba a sus enemigos.

En los bosques de coníferas del ártico donde crece el Amanita muscaria, habitan manadas de renos que en ocasiones disfrutan comiendo estos hongos. Y una vez que los animales se alimentaban del hongo, los sami, que son pastores de renos, bebían la orina del animal, ya que en ella los tóxicos del hongo están más diluidos y, por ende, son más seguros para su consumo. Los sami, así como muchas culturas de carácter chamánico, tienen un sistema de creencias animista, es decir, que todo elemento de la naturaleza tiene alma; animales, plantas y minerales. De modo que, al entrar en trance por medio del fluido "activado" con la sustancia, el chamán entra en contacto con el propio espíritu del reno. La idea de los "renos voladores" (que más adelante debió extenderse hacia el sur en dirección a Europa central, hasta adoptar en el siglo XIX su forma actual) surgió de las visiones inspiradas por el enteógeno, pues esta representación hace alusión a uno de los efectos que produce.

Además, parece ser que los nombres de los renos de Santa Claus están estrechamente relacionados con el hongo: Dasher, Dancer y Prancer (Brioso, Bailarín y Acróbata) hacen referencia a algunos de sus efectos. Cupid (Cupido), el dios del amor, pues parece ser que al Amanita muscaria también se le atribuyen ciertas propiedades afrodisíacas. Comet, Donner y Blitzen (Cometa, Trueno y Relámpago, en alemán); la aparición de los hongos siempre ha sido asociada con la lluvia, misma que viene acompañada de truenos y rayos; de hecho, en algunas culturas, se pensaba que los hongos aparecían allí donde los rayos golpean la tierra. Finalmente, Vixen (Travieso). Su nombre deriva de otra palabra germánica: wicca, que pasa al inglés como witch, 'brujo/a'.

Santa Claus está ataviado con un traje de color rojo y blanco, los mismos colores del hongo, y viaja en un trineo conducido por renos voladores. Entrará por las chimeneas de las casas y colocará sus regalos al pie de un pino, justo donde crecen los hongos en la naturaleza.

Por último, según algunas fuentes, el hongo también provocaría la sensación de morir y renacer en un nuevo estado de conciencia, experiencia cuyo significado finalmente es el mismo que el que refleja la fiesta de Navidad, celebrada cada 25 de diciembre, cuando culmina el solsticio de invierno. Después de un tiempo en que aparenta estar muriendo, con días cada vez más cortos y fríos, el Sol "resucita" anunciando la llegada de la primavera.

Quizás el significado que de antaño ha poseído el solsticio de invierno, junto a la leyenda de un extraño obispo de Asia Menor que habría repartido su fortuna y salvado niños, con el paso de los años haya terminado fusionándose con las experiencias místicas provocadas por este hongo, para producir finalmente la Navidad que hoy conocemos.

Y así, el espíritu del Amanita muscaria persiste aún entre el bullicio de la modernidad y la sociedad de consumo, ocultándose discretamente en cada adorno de nuestra fiesta: los colores navideños (el verde de los pinos y el blanco y rojo del hongo); la espera de un fabuloso mago del Polo Norte —¿un chamán?—, que vuela en un trineo tirado por renos voladores y que entra a las casas para dejar "obsequios" bajo un pino.


Véase también:

·Navidad: orígenes y significado
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