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16 de octubre de 2008

Jung y la Alquimia


l célebre psiquiatra suizo Carl Gustav Jung inició su contacto con la Alquimia desde un claro desinterés: «La Alquimia me parecía una cosa afectada y ridícula». Su opinión cambiaría radicalmente en 1928 a raiz del comentario solicitado por parte del sinólogo alemán Richard Wilhelm sobre la traducción de las ocho primeras secciones de un tratado de alquimia fisiológica china del siglo XIII llamado El Secreto de la Flor de Oro, un libro budista de influencias taoistas. El inicio de su contacto con la Alquimia se vio por lo tanto determinado al contemplar en la obra las bases del Proceso de Individuación, así como un centro procesual al que denominó posteriormente Sí-mismo. Necesitó diez años para elaborar un diccionario de referencias cruzadas con el fin de poder entender los significados incluidos en los textos alquímicos, así como quince años para disponer de una biblioteca semejante a las de sus sueños.

Para Jung, el análisis del Inconsciente ya se había implantado al inicio de la segunda mitad de su vida, de ahí una de las razones por las cuales todo analista, o candidato a analista junguiano, deba disponer de una edad similar. Añade que necesitó aún veinte años más para comprender los contenidos de sus imaginaciones. Pero que lo fundamental en su obra fue hallar «la prueba de la prefiguración histórica de las experiencias internas». Es decir, que para confirmar sus ideas debió buscar sus premisas en la historia. En ello tuvo un papel fundamental su hallazgo de la Alquimia.

Desde 1918 hasta 1926 me ocupé seriamente de los gnósticos, pues también ellos tropezaron con el mundo primitivo del Inconsciente. Captaron sus contenidos e imágenes, que manifiestamente estaban contaminados por el mundo de los impulsos. Es difícil, sin embargo, decir hasta qué punto comprendieron las imágenes, a causa de la escasez de noticias posteriores, que, por lo demás, hemos de agradecer a sus adversarios, los padres de la Iglesia. Pero no es probable, en ningún caso, que tuvieran una concepción psicológica. Respecto a mis interrogantes, los gnósticos estaban muy lejos en el tiempo para que pudiera relacionarme con ellos. La tradición entre Gnosis y actualidad me pareció rota y durante mucho tiempo no me fue posible hallar el puente entre el Gnosticismo, el Neoplatonismo y la actualidad. Sólo cuando comencé a comprender la Alquimia reconocí que por medio de ella se produce la vinculación histórica con el Gnosticismo, que por la Alquimia se constituye la continuidad del pasado hasta la actualidad. Como filosofía de la Edad Media, la Alquimia tendió un puente lo mismo con el pasado, concretamente con el Gnosticismo, que con el futuro, con la Psicología del Inconsciente.

Carl Gustav Jung, Recuerdos, sueños y pensamientos.
Jung vio la Alquimia como una proto-psicología occidental dedicada al logro de la Individuación. En su interpretación, la Alquimia era el recipiente en el que el gnosticismo sobrevivió sus diversas purgas en la Edad Media. En este sentido, Jung veía la alquimia como comparable al yoga de Occidente. También interpretaba los textos alquímicos chinos en términos de su psicología analítica como medios para la individuación. Jung sostiene en su obra Psicología y Alquimia (1944) que los fenómenos observables del inconsciente, tales como los sueños o las visiones, contienen elementos simbólicos que también se encuentran en la simbología alquímica. Además, dedica un análisis al paralelismo entre los conceptos de la llamada Piedra Filosofal, por un lado, y la figura de Cristo, por otro. Ilustró a través de las figuras del Rosarium Philosophorum aquellos fenómenos transferenciales acaecidos en el Proceso de Individuación en su obra La Psicología de la Transferencia (1946). Finalmente, en su obra Mysterium Coniunctionis (1955-1956), configura la culminación de la confrontación entre la Alquimia y la psicología analítica. Como tercera parte de dicha obra se incluiría, editado y comentado por Marie-Louise von Franz, el Aurora Consurgens.

A todo ello no hay que olvidar la importancia que revistieron para el acceso de Jung a la esencia de la Alquimia dos figuras históricas relevantes: Zósimo de Panópolis y Paracelso.

Paracelso (1493-1541) fue una de las figuras que más atrajo la atención y admiración de Jung, quien le dedicó un estudio central en su obra Paracelsica y dos conferencias, una de 1929 y la otra de 1941, incluidas en la edición de los Textos esenciales realizada por la Dra. Jolande Jacobi. El gran médico y alquimista suizo del Renacimiento encarnó con singular violencia el conflicto entre "fe" y "razón". El tránsito del mundo teocéntrico de la Edad Media al antrópocéntrico del Renacimiento, ladeaba ciertos valores hacia un lado escéptico. La preocupación fundamental de Paracelso fue la de establecer la validez de la experiencia científica frente a la tradición, pero sin destruir los valores específicos de ésta. Aceptaba la autoridad de la Revelación divina a la vez que estudiaba los fenómenos naturales. En el espíritu de Paracelso, las dos fuentes del conocimiento, la revelación y las luces naturales, no entraban en conflicto, pero en el curso de los siglos la oposición entre los dos polos se hizo muy notoria y en el siglo XIX se tornó mortal, condición que, al decir de Édouard Schuré, se ha convertido en uno de los mayores males de nuestros tiempos ■
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Bibliografía.

-Richard Wilhelm & Carl G. Jung, El Secreto de la Flor de Oro.
-Carl Gustav Jung, Recuerdos, sueños y pensamientos.
-Carl Gustav Jung, Psicología y Alquimia. 1944.
-Carl Gustav Jung, La Psicología de la Transferencia. 1946.
-Carl Gustav Jung, Mysterium Coniunctionis. 1955-1956.
-Carl Gustav Jung, Paracelsica.
-Jolande Jacobi, Paracelsus. Artz Gottsucher an der Zeitenwende (Textos esenciales). Con conferencias del Dr. Carl Jung. Ed. Siruela.