Historia del arte · Mitología comparada · Psicología profunda · Simbología religiosa · Filosofía oculta
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5 de mayo de 2025

Análisis: El Rey León


Han pasado casi 13 años desde la última vez que publiqué en este espacio. Durante ese tiempo, este blog permaneció en silencio, como el trono vacío de un reino olvidado. El tiempo pasó, las ideas se acumularon en las sombras, y aunque la voz que solía escribir aquí seguía viva, se había exiliado en la oscuridad. La vida me llevó por caminos que me alejaron de lo que alguna vez comencé en 2008, pero no de las palabras, el pensamiento, ni de las historias que siempre me han fascinado.

El Rey León (1994) es una de ellas y una de las que más me han cautivado. Aunque quizás algunos la recuerdan como una simple película infantil, en realidad encierra una riqueza simbólica y emocional que sigue resonando con fuerza. Así como Simba tuvo que atravesar la culpa, la huida y la transformación para comprender quién era en verdad, también yo regreso a estas páginas para redescubrir lo que me impulsa a escribir. Este artículo marca ese retorno, y qué mejor manera de hacerlo que explorando la profundidad de una historia que encierra el poder del viaje interior, del exilio y del reencuentro con uno mismo. Hoy regreso, como quien responde a un llamado, como un rey regresando a su Reino para reclamar no solo su lugar, sino también su voz, su legado y su responsabilidad, con la necesidad de volver a mirar con profundidad aquellas narraciones que han marcado generaciones.

El Rey León es sin duda alguna una obra magistral de la cinematografía animada que ha trascendido como una de las historias más entrañables y queridas de la vieja casa de animación de Disney. Ello no es casualidad, ya que su historia fue creada bajo la influencia de arquetipos lo que la convierte en un fenómeno atemporal, y parte de la razón por la que esta película fue tan exitosa y la favorita de muchos es precisamente por su relación con estos arquetipos, además de que nos enseña una valiosa verdad sobre el sentido de la vida.

Aunque comúnmente se señala que El rey león es una adaptación libre de Hamlet de William Shakespeare, esta comparación resulta superficial. Ciertamente parte de la historia se inspira en esa obra, que a su vez es una iteración de la historia de Amleth contenida en el Gesta Danorum escrita por Saxo Gramático alrededor del siglo XII, y que Robert Eggers llevó recientemente a la gran pantallla de forma magnífica y brutal en The Northman (2022) (un príncipe heredero, el asesinato del padre, el tío usurpador, la aparición del espectro), pero los elementos esenciales de El Rey León provienen de un sustrato mucho más antiguo y universal: el mito solar, el ciclo de vida-muerte-renacimiento, que ya aparecen en uno de los mitos más antiguos de la humanidad: el mito egipcio de Horus, Osiris y Seth.

Esta historia, registrada en los Textos de las Pirámides y otros relatos funerarios del Antiguo Egipto, describe un conflicto cósmico entre el orden legítimo, el caos usurpador y el restablecimiento del equilibrio a través del hijo redentor. El Rey León sigue, en términos simbólicos y narrativos, esta misma estructura mítica.

En el mito egipcio, Osiris es el rey sabio asesinado por su hermano, Seth, para usurpar el trono. Osiris es arrojado al Nilo y el reino cae en el caos. Su esposa, Isis, logra recuperar su cuerpo y concibe a su hijo, Horus, quien crecerá lejos del trono, pero destinado a luchar contra su tío, vengar a su padre y restaurar el orden legítimo.

No hablaré del live action de 2019 ya que la historia es básicamente la misma, pero realmente carece de los elementos más emotivos y únicos para que pueda trascender de la misma manera que la original de 1994. Realmente, como muchos han opinado ya, y coincidiendo con ellos, es un remake totalmente innecesario, pero que en mi opinión no está tan manoseado como otros que aprovechan para promover ciertas ideologías cuestionables.

El Sol y el León

En muchas tradiciones, la figura del león representa al Sol, "el astro rey". Ambos símbolos representan fuerza, valor, nobleza, justicia y poder militar. El metal asociado al Sol es el oro, que es un metal precioso usado por los reyes.

Desde la antigüedad hubo una estrecha conexión entre los dioses del sol y el león en la tradición astrológica. Los babilonios observaron una jerarquía celestial de reyes en el signo zodiacal de Leo. Colocaron al león, como el rey de su reino animal, en el lugar del Zodiaco en el que ocurre el solsticio de verano, es decir, el día más largo del año, de forma que el Sol cuando está en su máxima fuerza (entre el 20 de julio y el 20 de agosto), se encuentra en la casa de Leo, que está regida por el Sol. 

En el Zodiaco babilónico, el león se convirtió en el símbolo de la victoria del Sol. Asimismo, en la simbología hebrea y judeocristiana, el león fue adoptado como símbolo de la tribu de Judá y Jesucristo, cuya teología absorbe los motivos del antiguo mito solar pagano, es llamado como "el León de Judá", razón por la cual el escritor C. S. Lewis representa a Cristo mediante el león Aslan. Por otro lado, uno de los principales emblemas de Persia, como pueblo indoeuropeo solar, era el Sol detrás del León.

El psicólogo canadiense Jordan Peterson analiza la película desde una perspectiva junguiana, y la primera pregunta que se hace, es: ¿Por qué un león es un rey? y responde: 
El león es un depredador que está en la cima de la cadena alimenticia y además tiene un color dorado, como el Sol y una melena (como una corona) que lo hace lucir majestuoso, y por supuesto, es físicamente poderoso, es intimidante... en ese sentido, en este contexto metafórico, su figura como rey tiene sentido.
La película comienza con un amanecer, que equivale al amanecer de la conciencia. En muchas mitologías, el Sol es un héroe, como Horus en el mito egipcio y Apolo en el mito griego: el héroe que iluminaba el cielo de la mañana, así que el heroísmo, la iluminación, la ilustración están unidos metafóricamente, mientras que al terminar el día, el Sol lucharía toda la noche contra la oscuridad y se levantaría otra vez, victorioso en la mañana, de forma que se trata de un ciclo de muerte y renacimiento, lo cual es un tema mitológico muy común.


La razón por la que el Sol está asociado a la conciencia, afirma Peterson, es porque no somos seres nocturnos:
estamos despiertos durante el día y somos muy visuales, la mitad de nuestro cerebro está dedicado al procesamiento visual y estar despierto e iluminado implica moverse a un estado de conciencia más alto del que normalmente estamos, y para representar eso, como el halo dorado de luz sobre la cabeza de alguien. Todo ello se alinea con todo este sustrato metafórico que está fundamentado en un nivel biológico y social... De modo que la película inicia con el comienzo de un nuevo día, y el día es la unidad canónica del tiempo...
El Sol ☉, en astrología, es el planeta asociado con la vitalidad, el propósito y el liderazgo. Es el centro alrededor del cual todo gira, simbolizando el principio de la vida, la fuerza y la claridad, la creatividad, la energía generativa y la capacidad de regenerar la vida. Mufasa y Simba, personifican estas cualidades de manera única, pero a través de sus roles como padre e hijo, ambos reflejan diferentes aspectos del Sol.

Mufasa es el padre y líder, el rey que guía el reino con su sabiduría, fortaleza y generosidad. Como el Sol, él es el centro alrededor del cual gira el orden de la sabana. Su presencia es una manifestación de esta energía regenerativa y da vida al reino, y su ejemplo proporciona la estabilidad y el calor necesarios para la prosperidad y equilibrio del reino. El Sol es la fuente de vida y energía, y de la misma manera, Mufasa representa la fuente de autoridad, protección y claridad moral.

Simba, siendo hijo de Mufasa, está predestinado a seguir el legado de su padre. Como el Sol, Simba tiene el potencial de irradiar luz y vida, pero debe aprender a canalizar esa energía y potencial de manera correcta. Su viaje refleja su proceso de maduración y toma de conciencia, como un joven sol naciente que busca encontrar su lugar en el mundo y su verdadero propósito.

El Círculo de la Vida

El tema más importante de El rey león trata del círculo de la vida, es decir, de cómo la vida se mantiene a sí misma a través de un ciclo continuo de nacimiento, muerte y renacimiento y en el cual todos los seres están conectados manteniendo un equilibrio, lo cual es un tema presente en muchas tradiciones paganas, especialmente las indoeuropeas, a través de sus mitos sobre el Eterno Retorno. 

El rey león nos enseña que debemos encontrar nuestro lugar en el gran Círculo de la Vida, la razón misma de nuestra existencia. Es por ello que la escena de la introducción y la ceremonia de presentación de Simba es tan importante: es una celebración del mundo hacia quien representa la nueva esperanza por el porvenir. Su nacimiento es una celebración a la vida y todos los animales tienen un papel en este ciclo. La canción inicial y la más importante de la película, es un éxtasis que reafirma el tema central de la historia con la letra:

Inglés: 
From that day we arrived on the planet
And blinking, stepped into the sun
There's more to see than can ever be seen
More to do than can ever be done
There's far too much to take in here
More to find than can ever be found
But the sun rolling high through the sapphire sky
Keeps great and small on the endless round
It's the circle of life
And it moves us all
Through despair and hope
Through faith and love
'Til we find our place
On the path unwinding
In the circle
The circle of life

Español: 
Desde el día que al mundo llegamos
Y nos llega el brillo del sol
Hay mucho más para ver de lo que se puede ver
Más para hacer de lo que da el vigor
Son muchos más los tesoros
De los que se podrán descubrir
Mas, bajo la luz del sol, jamás habrá distinción
Grandes y chicos han de convivir
En el ciclo sin fin
Que nos mueve a todos
Y, aunque estemos solos
Debemos buscar
Hasta encontrar
Nuestro gran legado
En el ciclo
El ciclo sin fin.


En la hermosa escena de la ceremonia, el chamán/mago/sacerdote, Rafiki unge (no bautiza) al nuevo príncipe, cuyo destino es suceder a su padre como el rey. El chamán levanta con gran alegría al futuro rey para mostrarlo al mundo y el mundo entero entra en júbilo. Una luz se proyecta en el cachorro desde arriba, indicando su elevado papel en el gran ciclo. 

Rafiki es un guía espiritual, excéntrico pero sabio. Su arquetipo es Mercurio ☿, planeta de la comunicación, el conocimiento, la inteligencia y la magia, es el mensajero que conecta el mundo visible con el invisible. Como consejero espiritual del reino, su capacidad para entender la vida, la muerte y el equilibrio del mundo natural refleja una comprensión profunda que va más allá de lo físico. Como Mercurio en su rol como mensajero de los dioses, Rafiki se mueve en el reino de las ideas y los conocimientos, ofreciendo verdades que van más allá de lo obvio. Rafiki no solo es un transmisor de conocimiento, sino también un agente de transformación, capaz de guiar a Simba a través de sus propios dilemas internos y mostrarle el camino hacia su verdadero destino.

El tío de Simba, Scar, es un león débil y resentido que, a juzgar por sus cicatrices, intentó desafiar a su hermano Mufasa por el trono en alguna ocasión, pero cómo él mismo reconoce, no está muy dotado de la fuerza física con la que cuenta Mufasa a quien envidia profundamente por su posición elevada. A diferencia de su hermano, Scar no es dorado, y tiene una melena negra, lo que representa su alianza con las tinieblas y algunos ven en su cicatriz una analogía a la marca de Caín quien en el Génesis asesinó a su hermano Abel. Como es débil y no puede usar la fuerza física para desafiar a Mufasa por medios legítimos y honorables, usará los medios subrepticios de la moral de esclavos: la manipulación, el subterfugio, la intriga, el engaño y la coerción psicológica, con lo que logrará ser mucho más peligroso. De esta manera, ambos leones encarnan diferentes visiones del poder y responsabilidad, una noble y la otra corrupta.

Si observamos el comportamiento social de los leones, vemos que viven en un severo sistema patriarcal y jerárquico: hay un macho dominante, líder de la manada y los demás machos son sus subordinados. Ningún macho puede aparearse con las hembras, ya que este privilegio es exclusivo del macho dominante. En este punto, cabe señalar que Mufasa tiene a su disposición todo un harén de leonas, sin embargo tiene una esposa principal que es la reina Sarabi.

La Luna ☾ rige al signo de Cáncer, signo de la maternidad, el hogar y las emociones. A pesar de su papel secundario en la trama, la influencia de Sarabi es poderosa: ella es el sostén emocional y moral de la manada. Es la figura materna sabia y fuerte, intuitiva y resistente. Su poder es sutil pero profundo: ella es el reflejo emocional del Reino, la que nutre. No es una madre sobreprotectora ni débil; es una madre firme, como la Luna en su fase llena: iluminadora y serena.

En la tradición simbólica, el Sol y la Luna forman una dualidad. El Sol gobierna, pero la Luna cuida. Mientras Mufasa representa la autoridad, el orden, la ley y la sabiduría racional, Sarabi representa el cuidado, el consuelo y la sabiduría emocional.

La estructura de la manada refleja un orden natural en el cual el macho alfa lidera, protege y perpetúa el linaje, mientras que las leonas cumplen funciones vitales como la caza y el cuidado. Esta jerarquía natural no es una imposición arbitraria, sino una expresión de la complementariedad entre los sexos. El liderazgo masculino en la película es protector, honorable y sacrificial. Mufasa no es un déspota, sino un padre justo y un rey sabio. Las leonas, por su parte, son activas, fuertes, inteligentes y esenciales en la manada.

Nuevamente durante un amanecer, y reafirmando la conexión entre el León y el Sol, Mufasa le muestra a Simba la extensión de su reino desde la Roca del Rey, y le dice que:

"Todo lo que toca la luz es nuestro reino"

Esta expresión, aunque en la película se entiende como un reino físico, en realidad indica algo más, un reino espiritual. 

En seguida le dice:

"El tiempo de un rey como gobernante asciende y desciende como el Sol. Un día Simba, el Sol se pondrá en mi reinado y saldrá contigo como el nuevo rey".

Aunque se lo expresa de forma poética, no hay nada más explícito sobre la identidad alegórica del Rey León que estas palabras.

Luego Simba le pregunta a su padre sobre un lugar sombrío a lo lejos, y el rey le dice que ese lugar más allá de los confines de la luz está fuera de sus límites y que nunca debe ir allí, ese lugar oscuro es el cementerio de elefantes.

Ese diálogo tiene un profundo significado: la luz representa la conciencia, el orden y lo conocido; mientras que la sombra representa el caos, el inconsciente y el peligro de lo desconocido. En términos junguianos, Mufasa encarna al “Padre sabio” que advierte al joven héroe sobre los límites del mundo conocido y la necesidad de respetarlos, porque si uno se sale del ámbito de lo que ya entiende, es peligroso. Desde la perspectiva junguiana, el territorio iluminado representa el ámbito del Padre Rey arquetípico, figura que encarna el Logos, la tradición, el deber y el principio rector de la cultura.


Este consejo es sabio, pero también limitado. Si solo sigues las reglas, nunca evolucionas, y eso abre la puerta al estancamiento y a los peligros internos que no puedes ver. Peterson dice:

"En cierto sentido, eso es exactamente lo que una tradición hace por ti, porque la tradición es precisamente lo que define el dominio de la luz."

Pero Mufasa, como arquetipo de la tradición, no es consciente de su propia Sombra (Scar), y eso lo hace vulnerable. No ha comprendido plenamente la oscuridad que puede habitar incluso dentro de su propio reino. Como Scar es su hermano, ello sugiere que los sistemas de autoridad que no reconocen o integran sus propias sombras (esa parte del yo reprimida y oculta) están condenados a ser traicionados desde dentro.

Scar entiende mejor el lado oscuro de la existencia. Su entendimiento lo vuelve más peligroso, especialmente si no es detectado. Mufasa no reconocía que Scar podía ser tan malvado y letal, y esa ceguera fue su mayor error. Esta ingenuidad es análoga al tipo de ingenuidad que puede llevar al trauma psicológico.

Peterson lo vincula con el desarrollo del trastorno de estrés postraumático (TEPT), el cual sucede cuando se sufre un evento profundamente disruptivo, es decir, una experiencia que de alguna manera rompe los axiomas o esquemas de tu sistema de conocimiento. Es tan inesperado que no puedes explicarlo dentro de los límites del sistema que usas para interpretar el mundo.

Las personas que han vivido traumas graves (como en guerra, abuso, violencia) muchas veces desarrollan TEPT porque eran psicológicamente ingenuas respecto a la verdadera capacidad de crueldad o caos del mundo o de los demás o incluso de sí mismos. La experiencia del mal puro, en otros o en uno mismo, revela la Sombra no integrada, y puede romper completamente la identidad previa.

Aquí se introduce un tema central: el equilibrio entre estabilidad y exploración. Mantenerse en el orden garantiza seguridad, pero te condena a la obsolescencia. Aventurarte en lo desconocido te expone a peligros reales, pero también es donde se encuentra el crecimiento, la sabiduría y la transformación.

Según Jung, este viaje hacia lo desconocido es esencial para la individuación, el proceso de volverse un ser humano completo. Pero es peligroso: el héroe debe estar preparado para enfrentar a los dragones, es decir, las figuras arquetípicas caóticas que surgen cuando uno se aleja de lo familiar. En ese territorio, como diría Jung, uno empieza a organizar el caos mediante fantasías arquetípicas: los relatos internos se llenan de imágenes míticas, dioses, demonios, héroes y monstruos, porque la conciencia necesita símbolos para orientarse en lo no cartografiado.

El conservador quiere bordes fuertes: orden, identidad clara, límites firmes, estabilidad, seguridad. El liberal quiere bordes permeables: transformación, flexibilidad, exploración, libertad. Ambas posturas encarnan principios necesarios. El problema surge cuando se absolutizan y se extreman. La cultura necesita de ambos: la defensa del orden y la apertura a lo nuevo. De hecho, Jung advertía contra la unilateralidad psíquica: una psique sana mantiene una tensión dinámica entre opuestos. Cuando se rompe ese equilibrio, el sistema psíquico o cultural se rigidiza y colapsa.

El héroe debe integrar la luz del orden y la oscuridad del caos para emerger como un rey completo, portador del equilibrio entre estructura y renovación.

La transgresión

Cuando Simba se encuentra con su tío Scar, le presume que algún día se convertirá en rey, que su padre le enseñó todo el reino y que será soberano de todo. Scar, lleno de envidia, usa una táctica de manipulación para despertar una inmensa curiosidad por el cementerio de elefantes.

El joven Simba invita a Nala a dar un paseo fuera de los límites del reino y le susurra que tiene un lugar especial en mente, aunque no revela de inmediato que planea ir al cementerio de elefantes.

Sarabi, la madre de Simba, observando la complicidad entre los dos cachorros, accede a la salida… pero con la condición de que vayan acompañados por Zazú, el siempre responsable mayordomo real. Simba intenta protestar, pero Sarabi es firme.

Este giro arruina momentáneamente los planes secretos del joven león, quien comienza a tramar junto a Nala cómo deshacerse del ave y vivir su aventura sin supervisión.

Zazú, el mayordomo real y confidente de Mufasa, representa un aspecto diferente pero complementario del arquetipo de Mercurio, el planeta de la comunicación, la mensajería, el intelecto y el orden racional. Mercurio es un planeta dual, que puede moverse entre mundos: entre la razón y la intuición, lo mundano y lo sagrado. En El Rey León, esa dualidad está repartida: Si Rafiki encarna a Mercurio como el sabio místico, chamán y puente entre mundos, Zazú representa a Mercurio como secretario, diplomático, informante, guardián del protocolo y regulador del orden comunicativo del reino. Transmite órdenes, reporta noticias y mantiene al rey informado. Es el escriba real que une la visión del rey con el mundo.

A diferencia del Mercurio intuitivo y espiritual de Rafiki, Zazú es rígido, literal y preocupado por las reglas. Representa la mente concreta que se apega a los hechos y al deber. Su comicidad surge muchas veces de su exceso de formalidad, pero también es indispensable para la estructura del reino. Como sirviente del Sol, su papel es estar al servicio de la claridad y la razón, incluso en las sombras.

Al tener conocimiento de que un día será rey, Simba comienza a mostrar aires de grandeza, una personalidad presumida y arrogante que demuestra su inmadurez y su ingenuidad. Éstas son algunas características del signo de Leo.

Leo, regido por el Sol, representa la vitalidad, el ego en formación, la creatividad, la nobleza y el deseo de brillar. Es un signo naturalmente asociado con la realeza, el liderazgo y la expresión del yo. No es casual que Simba —cuyo nombre significa "león" en suajili— encarne estos rasgos: es juguetón, carismático, busca atención, es creativo y leal, tiene un corazón noble y le gusta tomar riesgos. Sin embargo, en su estado infantil, estos atributos están desequilibrados y se vuelve egoísta y fanfarrón: el deseo de brillar se convierte en vanidad, el instinto de exploración en temeridad, y la seguridad en sí mismo, en una forma de ceguera narcisista.

Este es un Leo aún no maduro, que no ha pasado por la forja de la sombra —el enfrentamiento con el dolor, la pérdida y la responsabilidad real— y por lo tanto, no está preparado para reinar. Solo al perderlo todo y confrontar su pasado, Simba podrá integrar su sombra, madurar y transformarse en el verdadero soberano que su signo simboliza.

Impulsado por su curiosidad, su orgullo infantil leonino y su deseo de demostrar valentía, motivado por la manipulación de Scar, Simba decide aventurarse al cementerio de elefantes, desoyendo las prohibición de su padre. Lleva consigo a Nala al peligroso lugar donde ambos se enfrentan a una emboscada de hienas hambrientas que intentan comérselos.

Mufasa aparece y los salva con firmeza y autoridad. Después del rescate, Simba enfrenta a la decepción de su padre, pues puso en riesgo su vida y la de Nala, así como el futuro del reino. Pero en un momento de vulnerabilidad, Mufasa le confiesa su miedo a perderlo, revelando que su aparente fortaleza imponente como rey no lo hace inmune al temor por su hijo. Esta confesión conmueve profundamente a Simba, quien entiende que ser valiente no es arrogancia ni temeridad, sino una responsabilidad.

Al entender que aún es muy pequeño y depende de su padre, su arrogancia es eliminada y por primera vez empieza a comprender el verdadero significado del coraje y la responsabilidad. Es un momento de madurez emocional en el que el joven león comienza a dar los primeros pasos hacia su crecimiento interior. En este instante, se planta en el joven león la semilla del auténtico liderazgo, muy distinta de la bravura infantil que había mostrado hasta entonces.

Mufasa entonces procede a decirle algo que su padre le había dicho:

"Mira las estrellas. Los grandes reyes del pasado nos observan desde esas estrellas. Así que cuando te sientas solo, recuerda que esos reyes siempre estarán ahí para guiarte. Y yo también."

Este diálogo establece uno de los temas centrales de la película: la continuidad espiritual y moral del linaje, el deber del heredero, y la conexión con los ancestros. En ese diálogo, Mufasa presenta las estrellas como algo más que fenómenos astronómicos. Son los espíritus de reyes pasados que velan y guían a quienes miran hacia arriba. Esto sugiere que las estrellas no son solo objetos distantes, sino símbolos vivientes de sabiduría, continuidad y propósito.

Las estrellas se convierten en un hilo simbólico que une la identidad, la memoria y el destino. El cielo no es solo un conjunto de luces dispersas; es un mapa del legado, un lenguaje a través del cual hablan los antepasados. 

Se ha rumoreado que cuando Mufasa le dice a Simba que las estrellas son los grandes reyes del pasado, se puede ver la constelación de Leo. Lamentablemente, no hay evidencia oficial de que los animadores hayan dibujado específicamente a Leo en el cielo, lo cual hubiera sido un detalle brillante y profundamente coherente con la simbología del personaje y el mensaje espiritual de la escena.


Mientras tanto, Scar se encuentra con las hienas en el cementerio de elefantes para convencerlas de aliarse con él en su conspiración contra Mufasa, prometiéndoles alimento y poder a cambio de su lealtad.

Vemos que las hienas son animales con un comportamiento del todo opuesto al de los leones ya que es una de las especies en las que la hembra es la que gobierna. Muchos consideran a este depredador como un animal traicionero, destacando por su astucia y por vivir bajo un tiránico sistema matriarcal. Representan una forma destructiva de la energía femenina, que nos recuerda a la nefasta ideología del feminismo. Las hienas, que desde el punto de vista mitográfico viven en el Inframundo, desde el punto de vista sociológico representan a las clases bajas y al tercer mundo, y como tales, se saltan las leyes para sobrevivir y se alimentan de la carroña (la basura), son fácilmente manipulables por alguien sin escrúpulos que puede utilizarlos a su favor con la promesa de algo mejor.

Los animadores utilizan una imaginería militar con las hienas desfilando prestando lealtad a Scar, lo cual se hizo intencionalmente para aludir al ejército nazi y así utilizar la imagen del fascismo para enfatizar la malevolencia de Scar, aunque realmente la asociación es bastante forzada, puesto que Scar, utilizará, de hecho, el clásico discurso de los oprimidos contra los opresores para convencer a las hienas de organizar un golpe de estado contra su hermano, lo que se asemeja más al marxismo y su lucha de clases. Las hienas pueden asociarse con Marte ♂, el planeta que representa la guerra, la agresividad, la acción, la destrucción y la lucha por el poder.

En un momento, las hienas piensan que matando a Mufasa vivirán en una anarquía lo cual celebran, no obstante, Scar se propone a erigirse como rey y liderar a las hienas, prometiéndoles un reinado de prosperidad. Al final de la canción, Be prepared, en la que con una gran arrogancia y delirio de grandeza, trama su plan para matar a Mufasa y a Simba, se ve detrás de él una media Luna en fase menguante, representando así, la noche, el antagonismo del día y la luz. El reinado del Sol acaba y llega el de la oscuridad y las sombras.

Así como Rafiki representa la actividad de Mercurio ☿ cuyo símbolo contiene una media luna sobre una cruz representando "la mente sobre la materia", Scar presenta rasgos negativos de Saturno ♄, cuyo símbolo es una cruz sobre una media luna: "la materia sobre la mente".

Saturno está asociado con el tiempo, la estructura, la responsabilidad, la disciplina, la limitación y, en su aspecto más oscuro, el control, la rigidez y la fatalidad. Saturno también está asociado con la ambición, pero en una forma más seria y a menudo implacable. Scar encarna este aspecto de Saturno a través de su deseo insaciable de poder. La estructura de poder que él busca no es solo un trono, sino un control absoluto, simbolizando cómo Saturno puede ser implacable y despiadado cuando se trata de alcanzar sus objetivos. El color simbólico de Saturno es el negro.

La Caída y el Exilio: el Viaje del Héroe

Tras poner en marcha su elaborado plan que involucraba provocar una estampida de ñus, Scar lanza a Mufasa al precipicio y manipula a Simba para que se culpe a sí mismo, lo que lo empuja al exilio.

Los ñus representan una fuerza de la naturaleza salvaje y desbordada. Simbolizan el caos que se desata cuando las fuerzas oscuras (Scar y las hienas) manipulan el orden natural para sus propios fines. La estampida no es malvada por sí misma, pero su energía se vuelve destructiva cuando es desviada de su curso natural.

La estampida marca el punto de quiebre en la vida de Simba: la muerte del padre y la caída desde el paraíso infantil a la dura realidad del mundo. En términos psicológicos, es el instante que da origen a su culpa y exilio, un momento típicamente asociado al nacimiento de la herida psíquica que debe sanar más adelante.

Mufasa, como figura solar y paterna, muere en medio de esta furia desatada. El Sol es tragado simbólicamente por la oscuridad (como en un eclipse), dejando a Simba, el joven sol, en la sombra. Este evento refleja el paso de la luz al caos, del reinado de la conciencia al dominio de la Sombra (Scar).

En ese momento, Simba pierde su sentido de vivir y pierde su camino en el gran ciclo. Esta etapa representa el descenso al inframundo, el momento del trauma y de la pérdida de sentido. Es la noche oscura del alma.

Cuando Simba se exilia es encontrado moribundo en el desierto por Timón y Pumba, quienes viven en un paraíso donde lo tienen todo sin reglas ni deberes, dándole la espalda a la sociedad. Simba se va del reino solar y entra en una etapa dionisíaca con Timón y Pumba y su filosofía del “Hakuna Matata”, con la cual va creciendo. El símil más lógico es el movimiento hippie y el hecho de comer insectos para un león viene a ser como volverse vegetariano. Un mundo de riqueza heredada donde puedes vivir en un lugar bello y exótico sin preocupaciones y sin importarte lo que le pase al mundo y adoptar la forma de vida que quieras, representando la rebeldía adolescente donde no quieres asumir responsabilidades.

El período en que Simba vive con Timón y Pumbaa simboliza una etapa de evasión y negación, reflejando una lucha interna entre el deber y el deseo de libertad. Simba se entrega al nihilismo y comienza a olvidar quién es realmente, pues la muerte de su padre la percibe como el final de todo y con lo cual, para él, la vida perdió todo sentido: al olvidar a su padre y sus enseñanzas, está perdiendo su esencia. 


Júpiter ♃, el planeta más grande del sistema solar, está asociado con la expansión, el optimismo, la sabiduría desenfadada, el humor, la filosofía de vida, la abundancia y la permisividad. Timón y Pumba son la encarnación de estos aspectos: representan un refugio alegre, una nueva visión del mundo y la promesa de una vida sin preocupaciones.

Júpiter es el arquetipo del maestro viajero, el que lleva más allá de los límites conocidos. Timón y Pumba rescatan física y psicológicamente a Simba y lo reconfortan. Lo introducen a una nueva filosofía de vida, "Hakuna Matata", que le permite expandir su conciencia al menos temporalmente.

Aunque Timón y Pumba no son figuras de autoridad tradicionales, funcionan como guías involuntarios y accidentales, como lo haría un arquetipo jupiteriano. Llevan a Simba a un nuevo mundo interior, sin exigirle nada, pero dándole un respiro y una nueva visión. En muchos mitos, Júpiter protege al héroe exiliado y le da tiempo para fortalecerse.

Júpiter rige la abundancia, el placer y el hedonismo equilibrado. Timón y Pumba viven en un paraíso exuberante, comiendo insectos de todos los colores, descansando bajo las estrellas, sin trabajar, sin jerarquías. Es un mundo jupiteriano, donde la carencia no existe y el gozo es la norma.

Más adelante, Simba, ya adulto, se encuentra contemplando el cielo estrellado con Timón y Pumba y comienzan a intentar responder qué son las estrellas. Timón asegurando con una certeza presuntuosa que sabe la respuesta, da una interpretación folclórica: son "luciérnagas que se quedaron pegadas en esa gran cosa negri-azul de arriba". Pumba, pese a su apariencia torpe, propone una explicación científica: "siempre pensé que eran bolas de gas quemándose a millones de kilómetros de aquí".

Cuando se le pide a Simba su opinión, él vacila al compartir la enseñanza de su padre y finalmente su creencia de que las estrellas son los grandes reyes del pasado es descartada por ingenua y recibida con risas, y Simba, aún herido por la culpa y la pérdida, guarda silencio. Sin embargo, es precisamente esta visión la que le permitirá, más adelante, recuperar su destino.

Esto tiene semejanzas con la astrología, ya que, tanto para la ciencia materialista como para la religión dogmática, es mera superstición y digna de descrédito. Mientras que la ciencia observa las estrellas de forma puramente física y la religión a menudo les atribuye historias simbólicas de creación, la astrología las utiliza como espejos simbólicos de la psique. No afirma que las estrellas causen nuestras vidas, sino que reflejan nuestro potencial, tal como la imagen estelar de Mufasa refleja la monarquía olvidada de Simba.

El despertar

Tras su charla astronómica, Simba se tumba con pesar en el suelo y su movimiento genera una ráfaga de polvo y hojas que se elevan y viajan con el viento, transportando quizás algo de su pelaje hasta donde se encuentra Rafiki, quien luego las contempla y descubre que Simba sigue con vida.

Las partículas que vuelan son fragmentos de su identidad que han estado perdidos, y que ahora regresan simbólicamente a quienes lo recuerdan. Es como si el alma de Simba, tras recordar las palabras de su padre, empezara a manifestarse de nuevo en el mundo. Aunque él aún no ha decidido regresar, su espíritu empieza a inquietarse. Está incómodo, se está removiendo en su interior. Esa sacudida emocional se proyecta al entorno, y el mundo responde.

La naturaleza actúa como mensajera. En muchas tradiciones míticas, el universo responde cuando el héroe comienza, aunque sea de forma inconsciente, a prepararse. El polvo que Simba levanta en el viento y la revelación de Rafiki forman un puente: el inconsciente del héroe comienza a moverse, y el sabio lo percibe desde la distancia: "¡Llegó la hora!"

En un giro del destino, Nala, ahora adulta, se encuentra de cacería en la región donde Simba vive exiliado y pronto se ve persiguiendo a Pumba. Simba interviene, y sólo después del forcejeo se dan cuenta de quiénes son. Nala se sorprende de verlo vivo y no entiende por qué desapareció, y Simba, cargado de culpa, evita la conversación.

Ese momento marca el inicio del conflicto interno de Simba. Nala representa su pasado, su responsabilidad y la esperanza de su pueblo. Ella es el vínculo con su identidad perdida. El reencuentro, aunque dulce, es también el primer paso hacia la confrontación inevitable con su destino.

En astrología y mitología, Venus representa el amor, la belleza, la armonía, la atracción, la fertilidad y fecundidad. Nala representa estos aspectos, tanto en su rol como figura femenina como en su influencia transformadora sobre Simba.

En la famosa escena de Can You Feel the Love Tonight, vemos cómo la fuerza femenina reaviva la llama interna de Simba y lo empuja a volver a conectar con su verdadera esencia. Ese es el poder venusino: despertar lo dormido a través del amor. Ella reconecta emocional y afectivamente a Simba con su pasado y su identidad. Su reencuentro con él no solo reaviva sentimientos románticos, sino que también despierta en Simba el recuerdo de quién es y cuál es su lugar en el ciclo de la vida, confrontándole con la realidad de que su pueblo está sufriendo y que él tiene un deber como rey.

Al encontrar a Simba, le informa sobre el caos en Pride Lands bajo Scar y le pide que regrese. Pero Simba, aún atado a la culpa y la negación, rechaza esa llamada. Simba no puede regresar solo apelando a la lógica o al deber. Necesita algo más profundo: una revelación interna.

Es entonces cuando acontece el encuentro con el mentor. El chamán Rafiki aparece cantando una versión juguetona de una frase suajili:

"Asante sana, squash banana, wewe nugu, mimi hapana."

Esta frase aproximadamente puede traducirse como:

"Muchas gracias, banana aplastada, tú eres un mono, yo no."

No tiene sentido, pero sirve como un conjuro que en tono burlón rompe la rigidez de Simba y lo provoca. Rafiki, con su comportamiento enigmático y burlón, desarma a Simba emocionalmente hasta llevarlo a enfrentar la verdad sobre sí mismo. A través de un juego de palabras, preguntas incisivas y una actitud aparentemente absurda, Rafiki logra que Simba admita su confusión y su dolor.

Finalmente, Rafiki le revela: "¡Eres el hijo de Mufasa!", y con ello, siembra la semilla de la redención. El sabio ha cumplido su papel: ha recordado al héroe quién es, para que ahora él decida si está listo para asumirlo.

Cuando Simba cree estar informándole que su padre murió hace mucho tiempo, el simio le dice que se equivoca y hace una intrigante revelación: nada más y nada menos que su padre está vivo. Rafiki despierta en Simba una mezcla de esperanza y escepticismo.

Entonces conduce a Simba a un estanque con agua. Rafiki le dice que mire ahí. Simba sólo ve su reflejo en el agua, pero Rafiki le insiste en que se equivoca y que mire nuevamente.


El agua funciona como un espejo, y bien conocemos toda la simbología que existe detrás del espejo y su función como instrumento de la memoria inconsciente, vehículo de autocontemplación e introspección en muchas historias y cuentos de hadas, capaz de proyectar imágenes del pasado, presente o futuro y la cualidad de reflejar el alma.

Los espejos se asocian con el agua, pero también con la Luna, precisamente por su condición reflejante y pasiva. Los mejores espejos son los que se realizan con plata, metal asociado a la Luna y que los antiguos creían que era producido por los propios rayos de ésta. Así, el espejo y la plata aparecen relacionados con todas las diosas lunares, ya que forman parte de sus atributos y emblemas.

De este modo, Simba se somete a un examen de autoconocimiento, en la noche a la luz de la Luna, reflejo sutil de la luz solar, y nuevamente la forma creativa de la energía femenina, esta vez de la noche y el agua, le inspira y da fortaleza a su energía masculina. Él se refleja en el espejo acuático, tal como la luz del Sol se refleja en la Luna.

En la noche descansamos, soñamos y acomodamos nuestros pensamientos tal como Peterson explica:

En el transcurso del día ocurre un viaje desde el consciente hasta el inconsciente y su regreso, desciendes hasta el inframundo de oscuridad y sueños, donde cosas extrañas ocurren ahí. El mundo de los sueños te ayuda a acomodar tus pensamientos, pues si una persona se mantiene despierta demasiado tiempo entonces comienza a perder la razón.

En ese momento Simba empieza a comprender lo que significa aquello: su padre vive en él, (y también sus ancestros, representados por las estrellas del firmamento). Inmediatamente, Simba oye una voz muy familiar viniendo de las alturas:

"Simba, me has olvidado... olvidaste quien eres y así me olvidaste a mi. Ve en tu interior Simba eres más de lo que eres ahora. Toma tu lugar en el ciclo de la vida... recuerda quien eres, tú eres mi hijo, el rey verdadero".

Toda esta secuencia es el corazón espiritual de El Rey León. La aparición de Mufasa en el cielo no solo conmueve por su belleza visual, sino por la profundidad de su mensaje: la identidad de Simba está ligada a su linaje, a su deber, y a la memoria de quienes vinieron antes. Cuando Mufasa dice "me has olvidado… olvidaste quién eres y así me olvidaste a mí", revela que olvidar nuestras raíces es perdernos a nosotros mismos.

Cuando le dice "recuerda quién eres", Mufasa no le está pidiendo simplemente que recuerde su nombre o su historia, sino que reconecte con su esencia, con aquello que lo hace digno y capaz de ser rey. Se trata de un llamado, un mandato profundo: crecer, asumir el rol que nos corresponde, y restaurar el orden perdido. 

La memoria de su padre le hace recordar quién es y su propósito en la vida y entiende que no debe huir del pasado, de forma que a partir de ahí se decide a aceptar su destino y retomar su lugar en el ciclo de la vida. Aunque el rey Mufasa murió físicamente, su simiente, su linaje y sus enseñanzas perviven en su heredero.

Rafiki, como mediador mercurial, conecta así a Simba con el espíritu de Mufasa. Solo entonces Simba trasciende su culpa y asume su destino. Su viaje interior consistirá en reencontrar su camino a través de la memoria y la aceptación del legado que le fue confiado; solo al mirar dentro de sí y reconocer quién es verdaderamente, puede asumir su responsabilidad y restaurar el equilibrio perdido.

El Retorno del Rey

Saturno es el dios del tiempo, y está asociado con el fin de los ciclos y la inevitabilidad de las consecuencias. Scar contiene este aspecto de Saturno, ya que su ascenso al poder se basa en la muerte de Mufasa, un acto de traición y violencia que marca el fin de un ciclo.


Bajo el mandato de Scar, el usurpador, y sus aliadas las hienas, el reino se había sumido en caos y desolación. El equilibrio natural se había roto ya que Scar permite la sobre-explotación de los recursos, los cuales pronto terminan escaseando. La sabana se vuelve árida, el cielo está cubierto de nubes oscuras, y la vitalidad que caracterizaba al reino durante el reinado de Mufasa ha desaparecido. La Tierra del Reino se convierte así en un reflejo físico y espiritual del desorden interior de su rey ilegítimo y del vacío dejado por la ausencia del verdadero heredero.

La luna en cuarto menguante aparece en un par de escenas como un símbolo asociado a Scar. Esta fase lunar, que representa el declive, la disolución y la sombra antes de un nuevo comienzo, refleja perfectamente el rol de Scar como figura de decadencia y ruptura del orden natural. La mengua de la luz lunar coincide con la pérdida de guía y equilibrio en el reino tras la muerte de Mufasa. Scar, como usurpador, encarna esa noche prolongada y ese descenso al caos.

Tras la caída de Mufasa, Sarabi se convierte en el rostro visible del verdadero Reino que espera un nuevo amanecer. Ella es la imagen viva de lo que aún puede salvarse. Permanece como figura de resistencia. Es Sarabi quien permanece para guardar la memoria y mantener la cohesión del pueblo. Como la Luna que brilla en la noche cuando el Sol ha desaparecido, y que con su luz tenue sostiene la esperanza del regreso del día. Sarabi sufre el dolor de su manada, pero aún así, no se quiebra, no se somete. Como la Luna, Sarabi resiste en la oscuridad, manteniendo viva la llama de lo que fue.

Zazú es encarcelado en una jaula, lo que simboliza el silenciamiento del Logos (la razón, el discurso ordenado). Scar desprecia su rol informativo y racional, lo cual representa cómo el poder tiránico suprime la función mercurial del orden, la información y la verdad. Zazú prisionero es la palabra cautiva, la mente lógica ignorada.

Cuando Simba regresa al reino y Scar lo ve, éste siente un gran terror pues lo confunde con Mufasa, no sólo por su parecido físico, sino porque claramente el espíritu y esencia de Mufasa está con Simba y son uno mismo. El terror que experimenta es resultado de la confrontación con el pasado que creía enterrado, y con la justicia que regresa personificada en Simba.

Este momento confirma que Simba ha completado su transformación interior. Ya no es el cachorro impulsivo e inseguro que huyó del reino, sino el legítimo heredero que ha integrado la fuerza y sabiduría de su padre y ha regresado para reclamar su trono. En términos mitológicos, Simba ya no es solo el hijo del rey, sino el rey mismo, y Mufasa vive a través de él, como una línea espiritual ininterrumpida de generación en generación que ahora se manifiesta con autoridad.

La confrontación entre Simba y Scar es inicialmente psicológica. Scar, en un intento de quebrar al joven león frente a todos, lo obliga a confesar que fue el responsable de la muerte de Mufasa, reafirmando la mentira que lo ha atormentado durante años. Simba, aún atrapado en la culpa, casi se rinde ante esa narrativa.

En un momento, Simba se ve al borde del precipicio, en la misma posición en la que Mufasa estuvo antes de morir. Scar se inclina hacia él y le susurra al oído el terrible secreto que nadie sabía: “Yo lo maté”.

Pero esa confesión, en lugar de acabar con Simba, lo transforma. Es el momento en que la verdad rompe el hechizo de la culpa. Simba, lleno de furia, dolor y revelación, salta con una fuerza renovada. Recupera su voluntad, logra escalar de nuevo y enfrenta a Scar con la certeza de quién es realmente.

Simba ofrece a Scar una oportunidad de redención repitiendo las mismas palabras que alguna vez le dijo: “Huye lejos, Scar, y nunca regreses” mostrando que el nuevo rey ha integrado justicia con misericordia. Pero Scar elige la traición una vez más, confirmando su naturaleza corrupta. Así, su destino no es decidido solo por Simba, sino por su propia incapacidad de transformarse.

Scar es la antítesis del héroe, su “sombra”, el lado oscuro del arquetipo del rey. Simba, para reclamar plenamente su identidad y destino, debe vencer no solo a Scar físicamente, sino también lo que él representa: el miedo, la mentira, la culpa y el desorden. La batalla, entonces, es interna y externa al mismo tiempo.

La batalla final entre Simba y Scar, rodeada por el fuego que consume las Tierras del Reino, es el clímax simbólico de toda la película. Este fuego no es solo un recurso visual dramático, sino un símbolo poderoso de purificación, transformación y destrucción del viejo orden. En muchas mitologías, el héroe atraviesa el fuego como un rito de paso. Al enfrentar a Scar enmedio del fuego, Simba atraviesa su momento más crítico.

Una vez terminada la batalla y extinguido el fuego, la lluvia cae. Simba asciende a la roca del rey no solo como heredero, sino como alguien que ha pasado por la muerte simbólica del ego y ha renacido con una identidad integra y madura.

Como segador arquetípico, Saturno simboliza el concepto de que lo que se siembra, se cosecha. El asesinato de Mufasa y las acciones que siguen conducen a su propia ruina, demostrando la inevitabilidad de las consecuencias del mal uso del poder.

Por ello, Saturno es el planeta asociado con el karma, la justicia y el tiempo. La caída de Scar es el resultado de su propio karma: él construye una red de engaños y traiciones que, eventualmente, lo destruyen. Su muerte por sus antiguas aliadas, las hienas, se convierte en una justicia cósmica y poética, un castigo inevitable por sus acciones. Al igual que Saturno, que castiga a quienes no cumplen con sus responsabilidades, Scar enfrenta el castigo por sus transgresiones y manipulación.

Tras derrocar a Scar, Simba asciende a la Roca del Rey, y como Sol que se anuncia en un nuevo amanecer, restaura el equilibrio. La lluvia comienza a caer, un símbolo universal de regeneración, renovación, fertilidad y bendición. La naturaleza se reequilibra. Al tomar el trono, Simba no solo está restaurando el orden, sino también trayendo una nueva generación de luz y energía al reino. Simba ya no es el cachorro huido, sino un rey completo: valiente, sabio y compasivo. Ha integrado su sombra y su herencia.

Simba también restablece el linaje y, con su ahora esposa, Nala, da nacimiento a un nuevo heredero. El ciclo de la vida se renueva con el nacimiento de su hijo.

No hay historia que refleje con mayor intensidad y elocuencia el sentido de la vida que El Rey León. En su narrativa vibrante y profundamente simbólica, esta obra nos enseña que vivir plenamente implica recordar quiénes somos, enfrentar el dolor del pasado, aceptar el deber que nos llama y tomar nuestro lugar en el ciclo eterno de la existencia. Es una historia de pérdida, redención e identidad, que nos enseña que sólo al abrazar nuestra historia podemos transformar el mundo que heredamos en uno digno de ser legado. Que aunque el mundo en el que estamos se caiga a pedazos, cada uno de nosotros tenemos la responsabilidad de cambiarlo y mejorarlo y no evadirse y adoptar posturas pesimistas, antinatalistas, o como dirían hoy, black pilled.

El sentido de la vida es, de acuerdo con El rey león, aceptar nuestras responsabilidades y tomar nuestro lugar en el ciclo de la vida, y esto se consigue renovando y perpetuando nuestra estirpe, nuestros conocimientos y nuestros valores que nos dan una identidad a través de las generaciones.

Asumir nuestras responsabilidades no es una carga, sino un acto de amor hacia quienes vinieron antes que nosotros, hacia quienes nos acompañan ahora y hacia quienes vendrán después. Es al tomar nuestro lugar en ese círculo, que nos encontramos verdaderamente a nosotros mismos, honrando la memoria de nuestros ancestros, enfrentando nuestros miedos, responder al llamado, transmitiendo valores y defendiendo lo que es justo,  Así, la vida cobra un significado más profundo: ser parte viva de una herencia que trasciende el tiempo, que une generaciones a través del coraje, la sabiduría y el amor.


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Fuentes:

-Orión Cortés, Conferencia astrológica sobre El Rey León. 2023.
-Jordan Peterson, Conferencia: "Carl Jung and the Lion King". 2017.

22 de abril de 2011

El Abismo, el Dragón, el Héroe

He aquí las heroicas obras de Indra, y la primera que logró el Portador del Trueno. Él mató al Dragón, liberó las aguas y abrió los canales de los torrentes de la montaña. Al Dragón mató, que yacía en la montaña con su rayo celeste por Tvashtri forjado.

Rig Veda, I.32.1-2.
n gran misterio rodea el comienzo del Universo y de la existencia humana. En la oscuridad de la conciencia yace dormido un monstruoso y terrible Dragón que desea despertar y liberarse de su largo sueño encadenado en las profundidades de la tierra.

Historias de serpientes o dragones gigantescos que habitan un abismo acuático y primigenio y que son derrotadas por héroes divinos o semidivinos, se remontan a la prehistoria y se encuentran en los mitos de los pueblos indoeuropeos. Este mito, así como gran parte de sus variaciones, aunque de origen ario, evidentemente llegó a transferirse por sincretismo a otras culturas como la egipcia, la babilónica e incluso la judeocristiana, por lo que resulta el motivo folclórico más prolífico y antiguo del mundo, denominado a veces como "Chaoskampf", la "Batalla del Caos".

En diversas mitologías, se describe la lucha de un elemento heroico, viril, solar, celeste y espiritual contra un elemento subterráneo, telúrico, ctónico, lunar y material, generalmente en forma de reptil. Así, encontramos las siguientes parejas de combatientes:
  • Indra vs. Vritra (Mitología indoaria)
  • Krishna vs. Kaliya (Mitología indoaria)
  • Fereydun/Thraetaona/Garshasp vs. Azhi Dahaka (Mitología irania)
  • Teshub/Tarhunt vs. Illuyanka (Mitología hitita)
  • Perún vs. Veles (Mitología eslava)
  • Dobrynya Nikitich vs. Gorynych (Mitología eslava)
  • Thor vs. Jörmungandr (Mitología germánica)
  • Sigfried vs. Fafnir (Mitología germánica)
  • Beowulf vs. el Dragón (Mitología germánica)
  • Cronos vs. Ophion (Mitología griega)
  • Zeus vs. Tifón (Mitología griega)
  • Apolo vs. Pitón (Mitología griega)
  • Heracles vs. las dos serpientes de Hera, la Hidra de Lerna y Ladón (Mitología griega)
  • Perseo vs. Medusa y el monstruo marino Ceto (Mitología griega)
  • Belerofonte vs. Quimera. (Mitología griega)
  • Marduk vs. Tiamat (Mitología sumeria y babilónica)
  • Ra vs. Apep/Apophis (Mitología egipcia)
  • Hadad vs. Lotan (Mitología ugarítica)
  • YHVH vs. Leviatán (Mitología judía)
  • Miguel vs. Satán/Dragón (Mitología cristiana)
  • San Jorge vs. el Dragón (Mitología cristiana)
Hay quienes afirman que este mito es una metáfora cosmológica asociada con el triunfo de las civilizaciones patriarcales (indoeuropeas) sobre las matriarcales (pre-indoeuropeas) durante la Edad de Bronce. Las civilizaciones patriarcales indoeuropeas se caracterizaron por cultivar una férrea disciplina, un espíritu guerrero, un fuerte sentimiento de unidad de grupo, una inquebrantable austeridad, el valor, el orden, la espiritualidad y la plena libertad, y cuando se enfrentaron con las culturas matriarcales, caracterizadas por la indisciplina, la pereza, el egoísmo, el individualismo, el apego a las cosas materiales, el placer desmedido, el lujo, el multiculturalismo, el hedonismo, el libertinaje y la promiscuidad (se trataba de pueblos decadentes y espiritualmente agotados), los ejércitos patriarcales salieron siempre victoriosos, a pesar de que siempre eran colosalmente superados en gran número por los ejércitos matriarcales, razón por la que a la Serpiente/Dragón se le represente mucho más grande y aparentemente más fuerte.

Erróneamente algunos intelectualoides marxistas culturales han venido describiendo al patriarcado como un sistema donde a la mujer se le coloca en un segundo plano, donde no goza de libertades y donde desempeña un papel "inferior" al del hombre. Desde este punto de vista, interpretaciones marxistas y feministas buscan instituir una sociedad matriarcal (ignorando que ya vivimos global y plenamente en una y con todas las consecuencias que ello conlleva) creyendo que así contrarrestarán el desequilibrio entre los sexos que habría sido originado, supuestamente, por el auge y dominio del patriarcado. Sin embargo, esa descripción no responde de ninguna manera al patriarcado de civilizaciones tan notables como la griega, la romana y la nórdica, donde las mujeres gozaron de infinitamente mucha más libertad que en las sociedades matriarcales pre-indoeuropeas donde paradójicamente sí existía y existe todavía represión contra la mujer, y a su vez, una notable desvalorización del hombre.

Por otro lado, me inclino a pensar que este gran mito está relacionado además con potencias internas y psicológicas, de las que la manifestación "patriarcado/matriarcado" sería tan sólo un efecto, y que el mito, así como el verdadero patriarcado, de modo alguno implica un sometimiento del principio masculino sobre el principio femenino sino, antes bien, un auténtico equilibrio entre ambos, a diferencia del matriarcado que representa un total desequilibrio entre los principios masculino y femenino.

En este caso, este equilibrio está ya implícito en el mito tal como es: en la derrota (control y dominio) de la Serpiente como fuerza psicológica inconsciente y primitiva (el llamado "cerebro reptiliano" según una teoría psicológica) y del uso adecuado de sus poderes y sabiduría, misma que, por ser una potencia del Caos, vendría precisamente a desequilibrar el Universo si no se le limita y somete, proeza que el hombre y la mujer deben ejecutar conjuntamente, e integrar en su cosmovisión tanto la importancia de la materia, representada por el arquetipo de la Madre Tierra y la Serpiente/Dragón como la del espíritu, representado por el arquetipo del Padre Cielo y el Héroe. Por ello, una manifestación matriarcal, feminista y fundamentalmente misándrica, estaría rompiendo ese balance, así como el machismo, la misoginia y la torpe respuesta al feminismo que es el "masculinismo", lo hacen de igual manera. Por lo tanto, cualquier desequilibrio social que pudiese existir como resultado de preponderar el valor de uno de ambos sexos, o bien, de despojarlos de sus funciones naturales en la sociedad como pretenden algunos, y cuyos efectos negativos en los acontecimientos modernos los percibimos ya en aquellas patologías que hoy se ven incluso como "normales y aceptables", responde únicamente al hecho de desear dejar libre a ese elemento reptiliano, caótico, materialista, libertino y egoísta de nuestra conciencia primitiva.

La constelación de Ophiuchus (Ofiuco), el Serpentario, está representada por un hombre que domina la fuerza bruta de una gran serpiente. Es un emblema elocuente de la necesidad que tiene la humanidad de luchar contra las partes más arcaicas de su conciencia, y de dominarlas, so pena de ser devorado por ellas.

Quizás la actual pretensión materialista y errónea de que esta constelación forme parte del Zodiaco como el signo número 13, responda a una forma simbólica e inconsciente de liberar a la Serpiente de su prisión, ya que sus fuerzas benefactoras son conocidas, o al menos intuidas, y podrían salvar a la humanidad y llevarla a una "Nueva Era" y a un "Nuevo Orden Mundial", pero en realidad se corre el riesgo de desatar una terrible fuerza pues se subestima su verdadero poder, cuyas virtudes requieren que el hombre esté realmente preparado y capacitado física, mental y espiritualmente para que no se salgan de su control, así como hoy están completamente fuera del control espiritual, la ciencia y la tecnología, a las que tanto hemos endiosado últimamente.

Mitológicamente Ofiuco corresponde con Asclepios, hijo de Apolo y la humana Corónide. Éste desarrolló tal habilidad en Medicina, que era capaz incluso de resucitar a los muertos, y Hades, molesto por ello, pidió a Zeus que lo castigara por violar el orden natural, a lo que Zeus accedió. No obstante, como homenaje a su valía, decidió situarlo en el cielo rodeado por la serpiente, símbolo de la vida renovada. El distintivo de Asclepios es un báculo con una serpiente enroscada en él, símbolo que actualmente representa a las instituciones médicas.

Zeus y Tifón

Tifón (Τυφών; Typhon) es el nombre que se le dio al monstruoso y gigantesco hijo de Hera/Juno, la diosa del matrimonio y quien dio a luz a Tifón por sí misma (el egoísmo feminista[1]) a causa de la ira que sentía contra su hermano y esposo Zeus/Júpiter por haber hecho nacer de su cabeza a Atenea. En otras versiones es hijo de Gea, la Madre Tierra y Tártaro, el vacío interior. Tifón nació en una cueva de Cilicia y confinado allí en la misteriosa tierra de Arimos.

Aunque su aspecto no era enteramente reptiliano, Tifón era llamado por los griegos como δράκων (drákōn) tenía dedos con forma de cabezas de dragón y sus piernas estaban formadas por serpientes. Tifón podía quemar todo lo que se le opusiese con su mirada, así como vomitar fuego y lava de su boca, crear huracanes y terremotos moviendo sus alas.

Hesíodo narra que, después de que Zeus derrotó y expulsó a los Titanes, la madre de ellos, Gea, llevó al Tártaro a su hijo más joven, Tifón, quien habría tomado el Cielo y derrocado a los dioses olímpicos ese mismo día si Zeus no lo hubiese visto a tiempo y comenzado a pelear contra él. El dios primero lanzó sus rayos desde el Cielo, luego bajó a la Tierra para golpearlo de cerca. Fue en Cilicia donde Zeus luchó con el monstruo. En la batalla, Tifón atacó a Zeus con sus llamas, derrotándole temporalmente, cortándole los tendones.

Tifón fue finalmente vencido por Zeus, quemándole sus cientos de cabezas serpentinas y arrojado al Tártaro o, según Esquilo, encerrado bajo el volcán Etna donde "su lecho raspa y aguijonea todo el largo de su espalda extendida contra él", o en otras regiones volcánicas, donde es el causante de las erupciones. Esta batalla constituye el principal evento en la Gigantomaquia.[2]

Zeus y Tifón
Apolo y Pitón

En el himno homérico a Apolo/Febo, encontramos el más temprano registro de Apolo combatiendo contra un dragón en Delfos. Muy poco después de su nacimiento en la isla de Delos, Apolo cruzó el mar y vagó por el continente buscando un lugar en el cual establecer un santuario oracular. Finalmente llegó a Haliartos donde comenzó a construir las fundaciones, pero una ninfa lo persuadió para que fuese a Crisa en las laderas del monte Parnaso en Delfos, a construir su gran templo.

Mientras trabajaba en su construcción, encontró cerca de un manantial a una mujer-dragón (drakaina) que era una criatura monstruosa, enorme y salvaje que había sido culpable de una gran violencia contra la gente y los rebaños de esa tierra. Para cualquier hombre, encontrarla significaba la muerte. Ella había sido, además, la nodriza de Tifón. En su discurso de victoria, Apolo le dice a su agonizante oponente que ni Tifón ni Quimera podrán salvarla de la muerte. Esta mujer-dragón no tiene nombre en el himno, pero la literatura posterior la denominó Delphyne, y la describió como guardiana del Oráculo de Delfos. Es a veces equiparada con Equidna (en griego antiguo, Ἔχιδνα: 'víbora'), un monstruo con cabeza y torso de mujer pero con la parte baja de serpiente, y consorte de Tifón.

Jan Boeckhorst, Apolo y Pitón. S. XVII
Después del año 300 AEC. se hizo popular la versión, retomada por Ovidio, en la que Apolo, cuatro días después de nacer, llegó a Delfos cuando Gea o Temis todavía regían el santuario que era custiodado por un dragón llamado Pitón (Πύθων; Python), el cual vivía dentro de una gruta cerca de Delfos, sobre el monte Parnaso, junto a la Fuente de Castalia. Este manantial era el que emitía los vapores causantes de que el Oráculo de Delfos hiciese sus profecías. El monstruo era hijo de Gea, la Madre Tierra, nacida del barro que quedó después del Gran Diluvio. Apolo, para proteger a su madre, Leto, quien era perseguida por Hera, suplicó que le hiciera un arco y flechas a Hefesto/Vulcano, el divino herrero. Tras recibirlos, Apolo arrinconó a Pitón en la cueva sagrada de Delfos. El dios luchó contra el dragón y después de dispararle varias flechas con su arco, finalmente lo asesinó. Luego Apolo fue a Creta para purificar su sangre y después regresó a Delfos para tomar posesión del Oráculo y se le conoció como Apolo Pitio. Fundó el Festival y los Juegos Píticos para celebrar su victoria.[2]

Heracles y las Serpientes de Hera

En los mitos de Zeus y Apolo, Hera aparece como ese arquetipo oscuro del principio femenino, la Sombra-Mujer que es egoísta, individualista y feminista, y en los mitos de Heracles/Hércules se verá igualmente como el principal obstáculo de las hazañas del héroe semidivino a quien odia profundamente y desea destruirle.

Así pues, a los pocos días de haber nacido Heracles, hijo de Zeus y de Alcmena, Hera envía dos serpientes para que lo mataran mientras dormía en su cuna. Pero el pequeño Heracles estranguló a las serpientes, una con cada mano y fue hallado por su niñera jugando con sus cuerpos como si fueran insignificantes juguetes.

Heracles y la Hidra de Lerna

En un ataque de locura provocado por Hera, Heracles mató a sus propios hijos y a dos de sus sobrinos con sus propias manos. Al despertar y descubrir los odiosos actos que había cometido, sintió mucho dolor, y no quiso continuar viviendo con Mégara (otras versiones dicen que también Mégara fue asesinada junto con sus hijos). En penitencia por haber realizado tan criminal acción, la sibila délfica le dijo que tenía que llevar a cabo diez trabajos que dispusiera Euristeo, el hombre que había usurpado su legítimo derecho a la corona y a quien más odiaba.

El segundo de los trabajos de Heracles consistía en matar a la Hidra de Lerna, que era hija de Tifón y Equidna, y fue criada por Hera cerca de la fuente Amimone en Lerna.

Antonio Pollaiuolo, Hércules y la Hidra. 1475
Heracles disparó flechas en llamas al refugio de la Hidra, que era la fuente de Amimone, para obligarle a salir de ella. La Hidra tenía inicialmente tres cabezas serpentinas y un aliento venenoso pero Heracles descubrió que cada vez que cortaba una cabeza, le crecían dos más en su lugar.

Los detalles del enfrentamiento son explicados por Apolodoro. Advirtiendo que no podría derrotar a la Hidra de esta forma, Heracles pidió ayuda a su sobrino Yolao. Éste tuvo la idea (posiblemente inspirada por Atenea) de usar una antorcha para quemar el muñón del cuello tras cada decapitación, cauterizando la herida y evitando así que las dos nuevas cabezas brotasen. Heracles cortó todas las cabezas y Yolao quemó los cuellos abiertos, matando así a la Hidra. Heracles tomó entonces su única cabeza inmortal y la enterró bajo una gran roca en el camino sagrado entre Lerna y Eleia, mojando sus flechas en la sangre venenosa de la Hidra y completando así su segundo trabajo.

Heracles y Ladón

Después de que Heracles cumpliese con éxito sus diez trabajos, Hera le hizo ver a Euristeo que dos de los trabajos no contaban pues había recibido ayuda: ni el de la Hidra; porque le había ayudado Yolao, ni el de los establos de Augías, porque recibió un pago por él (o bien, porque los ríos hicieron el trabajo), de modo que Euristeo ordenó dos más, que Heracles también completó, haciendo un total de doce.

El primero de estos dos trabajos adicionales consistía en robar las manzanas de oro del Jardín de las Hespérides, que era el huerto de Hera en el Oeste. Para proteger el árbol del cual crecían las manzanas doradas, Hera colocó en el jardín a un dragón de cien cabezas que nunca dormía llamado Ladón el cual, al igual que la Hidra, fue engendrado por Tifón y Equidna.

Después de que Heracles matase al dragón, Hera lo puso en el cielo del polo norte en forma de constelación, la cual se llama Draco.

Ra y Apep

En la mitología egipcia, el gran Ra, dios del Sol, navega en su barca solar y debe enfrentarse diariamente contra la gran serpiente Apofis/Apep, que habita en la Duat (Inframundo), y que intenta detener el avance de la barca. Para ello emplea varios métodos: ataca la barca directamente o culebrea para provocar bancos de arena donde el navío encallara. Todo ello tiene sólo una finalidad: romper la Maat, es decir, el Orden Cósmico. Tras derrotarla, Ra, el Sol, asciende de nuevo al firmamento cada mañana por el Este.

La Gran Serpiente Apofis
Apofis representa el mal, con el que había que luchar diariamente para contenerlo; sin embargo, nunca sería aniquilado, sólo era dañado o sometido, ya que de otro modo el ciclo solar no podría llevarse a cabo diariamente y el mundo perecería. Para los antiguos egipcios la existencia del mal era necesaria para que el bien fuera posible. Cuando el cielo se teñía de rojo, era a causa de las heridas provocadas a Apofis. También, interpretaron que los eclipses eran obra suya, en su lucha en la Duat. En la interpretatio græca, el dios Horus es identificado como Apolo, y su enemigo Seth, como Tifón.

Fereydun y Azhi Dahaka

La mitología persa describe a Azhi Dahaka (en avéstico, 'Gran Serpiente') como un monstruo parecido a un dragón de tres cabezas y seis ojos. Se dice que tiene mil sentidos, para sangrar serpientes, escorpiones, y otras criaturas venenosas. Se dice también que puede controlar las tempestades y traer la enfermedad. Este dragón fue derrotado por el héroe Thraetaona o Fereydun, pero no podía ser matado; por ello fue encadenado a la montaña Damavand.

El Monstruo del Caos y el Dios del Sol. Asiria.
Indra y Vritra

Así como en Persia, Grecia y Egipto, en India abundan relatos de combates contra serpientes y dragones, y el más importante es el que se llevó a cabo entre los védicos Indra y Vritra.

Vritra era una serpiente gigante que en los comienzos del mundo abarcó las Aguas Primordiales del Caos impidíendo que fluyeran los siete ríos y la lluvia. Era hijo de Danu, madre de los Danavas, como se les llamaba a veces a los demonios (asuras). De acuerdo con el Taittiriya Sanhita y el Catapatha-Brahmana, fue creado por Tvashtri, el divino artesano y herrero, de algunas gotas de soma fundido sobre fuego; a partir de entonces surgió una flecha que se disparó en todas direcciones, hasta que el monstruo fuese forzado a regresar a los océanos.

Vritra era tramposo (mayin), ateo (adeva), burlón y prepotente (piyaru), malicioso (arcasana) y un demonio insultante (atra mrdhavac). Consumió enormes cantidades de comida, creció en tamaño y no dejó que drenaran libremente las aguas cósmicas de los ríos.

En el Rig Veda (el texto indoeuropeo más antiguo que existe), Indra es el dios más importante. Le están dedicados unos doscientos cincuenta himnos, cantidad elevadísima en comparación con los diez dirigidos a Varuna y treinta y cinco a Mitra. Es el héroe por excelencia, modelo ejemplar de los guerreros, temible adversario de los dasyus o dasas ('enemigos') como se les llamaba a los aborígenes dravídicos de la India, "los de piel negra" (krishnam vacham), matriarcales, a quienes los invasores indo-arios sometieron alrededor del año 1500 AEC. estableciendo la cultura védica. Esta invasión constituyó un conflicto racial y espiritual entre una religiosidad aborigen, siniestra y demoníaca, y la nueva religiosidad solar, "olímpica" y heroica de los invasores aryas, personificada por Indra, igual que la invasión doria de Grecia tuvo como patrón a Apolo, y la de Creta a Teseo, símbolo de lo nuevo y lo heroico, que dio muerte al Minotauro, símbolo de la cultura minoica, pre-helénica y matriarcal.

Los acólitos de Indra, los maruts, reflejan, a nivel mitológico, las sociedades indoiranias de jóvenes guerreros (maiya). Pero Indra es al mismo tiempo demiurgo y fecundador, personificación de la vida exuberante, de la energía cósmica y biológica. Bebedor insaciable de soma, arquetipo de las fuerzas genesíacas, desencadena las tempestades, hace caer las lluvias y es señor de todo lo húmedo.[3]

Dios del Cielo, la tormenta y el trueno (vajrin), equivalente al nórdico Thor, al celta Taranis, al eslavo Perún y al grecorromano Zeus/Júpiter[4] y al igual que Zeus, Baal y Apolo, mató a su enemigo a temprana edad, de hecho, algunos himnos refieren que fue en búsqueda del dragón para combatirlo cuando tenía solamente unos días de haber nacido. Para ello, había bebido una gran cantidad de soma en casa del sabio Tvashtri con el fin de empoderarlo antes de enfrentarse al monstruo. Tvashtri forjó los rayos (vashra) para armar a Indra[5], y cuando Indra se lo pidió, el dios Vishnú hizo espacio para la batalla.

Fue una cruenta batalla la que se libró entre ambos: Vritra le rompió la mandíbula a Indra, y éste lanzó sus rayos, de los cuales muchos de ellos dieron en la espalda, cara y otras partes vulnerables del dragón quien finalmente fue derribado. De acuerdo con algunos himnos védicos, Indra también usó arco y flechas, aunque estas mismas flechas no eran más que sus mismos rayos. De este modo, los rayos de Zeus y las flechas de Apolo, constituyen el mismo poder para derrotar a la Serpiente.

Indra destruyó sus noventa y nueve fortalezas y liberó al fin las aguas y el Sol que hasta entonces estaban confinados en la oscuridad del Caos Primigenio, lo que simboliza claramente el Ordenamiento del Mundo a partir del Caos (Ordo ab Chaos). Vritra fue arrojado a las tinieblas del Inframundo y el Caos permanente que rodea o delimita el Cosmos, y donde permanece. El destierro al infierno y la muerte son equivalentes.

Como sucede en los mitos cananeo, babilónico y egipcio, la recompensa por su victoria fue el reinado del mundo. Por esta hazaña, Indra fue conocido como Vritrahan ('Asesino de Vritra') y también como "Asesino del primogénito de los dragones". Después Indra atacó nuevamente con su rayo y derrotó a Danu, la madre de Vritra. Al igual que el griego Tifón, el egipcio Apofis y el persa Azhi Dahaka, Vritra yace bajo la tierra y las montañas en los bordes de la oscuridad.[2]


La batalla entre Indra y Vritra es la más importante de los textos védicos.

Sigfried y Fafnir

La figura del dragón también se destaca notablemente en el folclore nórdico. En el Cantar de los Nibelungos, Sigfried mata a Fafnir, dragón que custodia el tesoro de los nibelungos. Al bañarse con su sangre, Siegfried obtiene la invencibilidad y el don de hablar el Lenguaje de los Pájaros. Igualmente, en la mitología tradicional escandinava aparece Sigurd, el dios cazador de dragones, quien comparte su nombre con la versión islandesa de Sigfried.

Beowulf y el Dragón

En Beowulf, el poema épico anglosajón más importante y antiguo de la literatura medieval inglesa, se narran las hazañas de un rey escandinavo llamado Beowulf quien, en la última etapa de su vida y con la ayuda de su sobrino Wiglaf, lucha contra un dragón que amenazaba a su pueblo. Después de una sanguinaria batalla, ambos logran acabar con la bestia, pero Beowulf cae gravemente herido y antes de morir encomienda a su sobrino apoderarse del tesoro custodiado por el dragón y utilizarlo para reconstruir el reino.

Thor y Jörmungandr

Jörmungandr (jörmun: 'grande' y gandr 'bastón': 'gran bastón') es una colosal serpiente que rodea Midgard que fue engendrada por Loki y la giganta Angrboda. Cuando los Æsir (dioses mayores) se enteraron de la existencia de este ser maligno engendrado por tan terribles padres, y vieron con su don de la adivinación las cosas horribles que haría, decidieron encargarse del monstruo. Odín lo lanzó al mar que rodea Midgard, donde quedará atrapado hasta el Ragnarök, tiempo en el que se liberará arrastrándose fuera del océano y envenenando los cielos. De sus fauces brotará el veneno y reptará entre el fuego de los gigantes hasta el lugar donde se halle su rival: el gran Thor, dios del trueno, los rayos y la tormenta y protector de la humanidad. Éste, enfrentándose con él por tercera y última vez, lo matará, tras lo cual caminará nueve pasos antes de caer muerto víctima del veneno de la sierpe.

Tanto a Thor como a Zeus/Júpiter, les corresponde el día jueves: en latín Iovis dies, 'día de Júpiter'; y en inglés, Thursday, 'día de Thor'. En alemán, jueves es Donnerstag, 'día del trueno' y asombrosamente en quechua, lengua sudamericana, jueves es illapachaw, 'día del rayo').


Dobrynya Nikitich y Gorynych

El poema tradicional eslavo (byliny) narra la hazaña del héroe épico (bogatyr) Dobrynya Nikitich, un excelente arquero, nadador y luchador conocido por su cortesía y astucia, quien encuentra al dragón (zmey) Gorynych mientras se bañaba en el río Puchai. Dobrynya se encontró indefenso y pensó que moriría ante el monstruo pero luego descubre algún objeto y lo utiliza para derrotar al dragón. El dragón suplica a Dobrynya por su vida y ambos llegan a una tregua. Una vez que el pacto termina, el dragón captura a Zabava Putyatishna, la sobrina del príncipe Volodymir.

Cuando Dobrynya llega a Kiev, el príncipe Volodymir le pide a Dobrynya que rescate a su sobrina. Con la ayuda de un látigo mágico regalado por su madre, Dobrynia comienza a luchar contra el dragón en una batalla que duró tres días. En el tercer día de la sangrienta batalla, Dobrynya siente el deseo de rendirse y huir, pero una voz del cielo le dice que persista y que luche por tres horas más, así lo hizo y después de tres horas Dobrynya logra al fin matar al dragón.

Viktor Vasnetsov, Dobrynya Nikitich matando al dragón Gorynych
La sangre del dragón no fue absorbida por el suelo y Dobrynya y su caballo quedaron atrapados rodeados por la sangre durante tres días. Nuevamente, una voz del cielo le dijo al héroe que enterrara su lanza en el suelo y pronunciara un conjuro. Hecho esto, la sangre comenzó a ser absorbida por la tierra y Dobrynya rescató a Zabava.

Perún y Veles

La batalla mítica entre Perún y Veles fue reconstruida mediante un estudio comparativo de los mitos indoeuropeos y un gran número de canciones y cuentos populares eslavos.

Perún es el dios de la tormenta, del rayo y el trueno (o del lado oscuro del Cielo iracundo), equivalente al Perkunas de la mitología báltica, y a los demás dioses arios del trueno. Sus atributos eran un caballo, un carro, un hacha o martillo, y flechas de piedra. Presidía sobre las armas y sobre la guerra, y los antiguos eslavos lo invocaban antes de entrar en combate. Vladimir el Grande lo colocó como jefe del panteón de la Rusia de Kiev. Cuando Perún dominaba el panteón, era concebido como una figura regia que dirigía el mundo mortal desde una fortaleza situada en la más alta rama del Árbol del Mundo, y que lanzaba rayos sobre la Tierra en momentos de choque con las fuerzas telúricas.

El nombre Veles se asemeja a Vels o Velinas, el diablo de la mitología báltica y enemigo del dios del trueno Perkunas. Es un dios antiguo y complejo, emparentado con las demás versiones indoeuropeas del Dragón, asociado al Mundo Subterráneo, las aguas, la tierra y los dragones. Se le representa como una serpiente con cuernos y barba.

La causa de la enemistad de estos dioses puede deberse a que Veles raptó al hijo, la esposa o el ganado de Perún. También se convierte en un reto: Veles, transformado en una enorme serpiente, sube desde las cuevas del Mundo Subterráneo y repta hasta el Árbol del Universo eslavo, con dirección a los dominios celestiales de Perún, quien se defiende contra Veles con sus rayos. Veles huye, se esconde o se transforma en árboles, animales o personas, hasta que al final Perún lo mata y, mediante esta muerte ritual, todo lo que Veles había robado sale de su cuerpo inerte en forma de lluvia que cae desde las alturas.

Este mito de la tormenta, según algunos investigadores, explicaba el cambio de estaciones a lo largo del año. Los períodos secos se interpretaban como el caótico resultado del hurto de Veles; las tormentas y los rayos eran la batalla entre los dioses y la lluvia significaba el triunfo de Perún sobre Veles y el restablecimiento del orden del mundo.

De manera que el mito se repetía cada año y la muerte de Veles nunca era permanente, ya que volvía a tomar la forma de una serpiente que muda su vieja piel y renace con un nuevo cuerpo. Aunque en este mito en particular desempeña un papel negativo como causante del caos, Veles no era un dios maligno para los antiguos eslavos.

Iván Bilibin, Perún contra Veles.
Teshub e Illuyanka

Teshub, al igual que Thor, Indra y Zeus, está asociado con el cielo, la lluvia y la tormenta en la mitología hitita, es un guerrero que sostiene un rayo triple, yelmo y armas, generalmente un hacha doble (labrys) y espada. Fue una figura adoptada de los hurritas que le rendían culto como su dios principal, el rey de los dioses. Su nombre hitita y luvita fue Tarhunt.

Illuyanka es el dragón-serpiente que fue derrocado por Teshub. Su nombre probablemente es una composición de dos palabras protoindoeuropeas que significan 'serpiente': h₁illu y h₂eng(w)eh₂. Estos componentes invertidos forman la palabra en latín anguilla. Serpiente en latín es anguis.

En una de las versiones del mito, Illuyanka vence en la lucha entre los dos, y Teshub va a la diosa Inaras para pedirle consejo. Siguiendo éste, promete amor a una mortal llamada Hupasiyas a cambio de su ayuda, ella idea una trampa para el dragón y va a él con grandes cantidades de alimentos y bebida, consiguiendo que beba hasta hartarse. Una vez borracho, Hupasiyas ata al dragón y el dios del cielo Teshub aparece con los otros dioses y le mata.

Relieve del dios de la Tormenta, Teshub y su hijo Sarruma matando al dragón Illuyanka.
Museo de las Civilizaciones de Anatolia, Ankara, Turquía. 1050-850 AEC.
En la segunda versión (conocida por el relieve de arriba en la imagen), después de la lucha, Illuyanka arranca a Teshub los ojos y el corazón. Para vengarse del dragón, el dios del Cielo se casa con la semidiosa Hebat, hija de un mortal llamado Arm. Tienen un hijo, Sarruma, que cuado es adulto se casa con la hija de Illuyanka. El dios Teshub encarga a su hijo que pida los ojos y el corazón como regalo de bodas, y éste lo hace. Con ojos y corazón restaurados, Teshub se enfrenta a Illuyanka una vez más. Cuando está a punto de vencer al dragón, Sarruma se entera de la batalla y se da cuenta de que ha sido utilizado para este propósito. Exige que su padre le quite la vida junto con Illuyanka, así que Teshub mata a ambos por medio de una tormenta de lluvia y relámpagos.

Hadad y Lotan

En la mitología ugarítica (no indoeuropea), Lotan es un dragón o serpiente marina de siete cabezas. Lotan vive en un palacio en el mar y es la octava mascota del dios Yaw o tal vez Yaw mismo, quien también fue conocido como Yam (mar) o Nahar (río); el Océano Cósmico. Es el análogo hebreo de Leviatán (serpiente de Levi). Representa la destrucción masiva de las inundaciones, los océanos y el invierno.

Baal Hadad es el dios de la tormenta, el trueno y la lluvia, y fue adaptado del dios acadio Adad. Es hijo de Anu, el Cielo. Lucha contra la Serpiente Lotan y le derrota.

Gustave Doré, La Destrucción del Leviatán. 1865.
En aquel día YHVH castigará con su espada firme, grande y pesada a la serpiente Leviatán,
que siempre sale huyendo, a Leviatán, serpiente astuta, y matará al dragón del mar.
(Isaías, 27:1).
Marduk y Tiamat

El poema épico de la creación sumerio-babilónico-acadio, Enuma Elish, es probablemente el relato más antiguo de la Historia, en el cual se narra una batalla entre las "Fuerzas de la Luz" y las "Fuerzas de la Oscuridad", lucha que dio origen al Cosmos y a la especie humana.

Tablilla babilónica de Tiamat
De ella participa la Antigua Tiamat (del sumerio Ti: 'Vida' y Ama: 'Madre'), una mujer monstruosa, terrible diosa serpiente de dos caras, cuatro ojos y cuatro oídos (aunque no necesariamente se le representa como tal), reina y madre de diversos dioses y criaturas que engendró con su contraparte masculina, Apsu, el Abismo/Océano Subterráneo, que tenía su morada en Kur (palabra que significa literalmente 'montaña', pues los sumerios, así como otros pueblos, concibieron el reino de los muertos como una montaña). Estos nuevos dioses perturbaron a Apsu, por lo que decidió destruirlos, pero uno de ellos, Ea/Enki, dios de la magia y del agua, se anticipó a los deseos de Apsu haciendo un conjuro y sumergiéndolo en un largo sueño para luego matarlo. Sin embargo, Ea no pudo hacer nada contra Tiamat quien deseó vengarse por la muerte de Apsu. Enfurecida, creó una legión de demonios liderados por Kingu, que era su amante y uno de sus engendros.

Detalle de un dibujo a lápiz que realicé en 2004 con motivo de la derrota de Tiamat dando origen al Cosmos.
Tiamat entregó las Tablas del Destino al comandante del ejército Antiguo, Kingu, así como gran poder. Los Dioses Mayores le encomiendan a Marduk, hijo de Ea, la misión de matar a Tiamat y a Kingu, y es nombrado Príncipe de los Dioses. Al derrotar a Kingu, le arrebata las Tablas del Destino. Después de la muerte de éstos en manos del Señor Marduk y encerrados en el Abismo, el Universo fue creado del cuerpo inmolado de la Serpiente: Tiamat fue cortada en dos, su mitad superior formó el Cielo y su mitad inferior formó la Tierra. Luego, Marduk comunica a su padre un nuevo plan que tiene para la sangre de Kingu:
Amasaré la sangre y haré que haya huesos. Crearé una criatura salvaje, 'hombre' se llamará. Tendrá que estar al servicio de los dioses, para que ellos vivan sin cuidado.
De modo que la humanidad fue creada de la sangre, o las "Aguas Vivientes" de Kingu. No deja de ser llamativo el hecho de que el ADN humano se asemeja a dos serpientes enroscadas.

Miguel y Satán

No es raro que muchos identifiquen a Marduk con el Arcángel Miguel, jefe de los ángeles, por la semejanza que presentan las tradiciones judeocristianas en referencia al dragón.
En ese momento empezó una batalla en el cielo. Miguel y sus ángeles combatieron contra el Dragón. El Dragón se defendía apoyado por sus ángeles, pero no pudo resistir, y ya no hubo lugar para ellos en el cielo. Arrojaron pues, al enorme Dragón, a la Serpiente Antigua, al Diablo o Satanás, como lo llaman, al seductor del mundo entero, lo echaron a la tierra y a sus ángeles con él…

Apocalipsis 12:7-9
El Arcángel Miguel arrojando a Satán al Abismo
La fuente que probablemente inspiró al autor para la redacción de éste capítulo de la revelación, fue el apócrifo Libro de Enoch. Según éste, Miguel y sus tropas derrocaron al arcángel rebelde y a sus seguidores y a los cuales arrojaron al Infierno.

Ocho capítulos después, se dice:
Después un ángel bajó del cielo llevando en la mano la llave del Abismo y además una enorme cadena. Sujetó al Dragón y lo encadenó por mil años. Lo arrojó al Abismo y cerró su entrada con la Llave y la aseguró con candados, para que en adelante ya no engañara a las naciones hasta que pasen los mil años. Luego será dejado en libertad por un poco tiempo (…) Y cuando se cumplan los mil años Satanás será liberado de su prisión, saliendo a engañar a las naciones de los cuatro extremos de la Tierra, a Gog y Magog. Los juntará para la guerra y su número será tan grande como las arenas a la orilla del mar…

Apocalipsis. 20:1-9
El Apocalipsis da un tiempo de "mil años" para que se desaten el Ragnarök y la Serpiente encadenada. Este tiempo ya se ha cumplido y vemos ahora por todo el mundo las consecuencias del arrastre del Dragón descontrolado.

San Jorge y el Dragón

Dentro de la cultura judeocristiana, la serpiente o dragón es efigie del mismo Diablo. En la Edad Media, afloraron y cobraron popularidad cuantiosas leyendas como las de Santiago, San Patricio y San Jorge, quienes derrotan a este reptil alado. Así mismo, en el arte cristiano, la sierpe simboliza la tentación y el pecado, y se presenta pisada por el pie de diversos santos, figurando el triunfo del cristianismo sobre el pecado y el paganismo.

Hans von Aachen, San Jorge matando al Dragón. s. XVI.
Paganismo disfrazado de cristianismo.
La leyenda de San Jorge y el dragón aparece en el siglo IX, recopilada luego en el siglo XIII por Jacobo de Vorágine en su Legenda Aurea. En ella, un dragón hace un nido en la fuente que provee de agua a una ciudad, bloqueando su acceso (como sucede con la lluvia de Indra). Para que los ciudadanos pudieran conseguir agua de la fuente ofrecían diariamente un sacrificio humano que se decidía al azar entre los habitantes. Un día resultó seleccionada la princesa y justo cuando estaba a punto de ser devorada por el dragón, Jorge aparece sobre un caballo blanco, se enfrenta con el dragón al que lo mata salvando a la princesa. Los agradecidos ciudadanos abandonan el paganismo y se convierten al cristianismo. Sin duda, un final que cumple una función muy distinta al mensaje pagano original y tal vez en lugar de sólo "someterse", la serpiente quedaría completamente aniquilada en el nuevo imaginario europeo judeocristiano y, con ella, la sabiduría que tenía para ofrecer, pues es a partir de la exégesis abrahámica donde a la mujer se le comienza a identificar con el mal y el pecado, demonizándola y despreciándola como un "ser inferior", muy al contrario que el paganismo indoeuropeo.

El Abismo

Como hemos visto, la Antigua Serpiente Primordial de la cosmogonía indoeuropea reside en el Inframundo, que es muchas veces descrito como un Océano Subterráneo, abismal, oscuro, primigenio, un vacío cósmico, una masa confussa, caótica, informe, de la cual fue creado todo el Universo. Algo semejante a un útero materno.

La cosmogonía gnóstica de Valentinus (s. II EC.) comienza con el perfecto Eón, Abismo, preexistente, el cual estaba con Silencio. Anaximandro (610-546 AEC.) lo llamaba ἄπειρον (apeirón, 'sin límites', 'sin definición'), es decir, lo indefinido, lo indeterminado, lo no diferenciado. Los gnósticos denominaban Pleroma a la substancia primordial de la que provinieron las formas, espíritus y esencias por medio de emanaciones. Los chinos lo llaman Wuji.

Otras cosmogonías no indoeuropeas coinciden en este concepto. En la mitología azteca, al principio existía sólo un océano primigenio donde únicamente vivía el monstruo marino Cipactli. Los dioses, cuando se vieron en la necesidad de dar forma al mundo, decidieron que el cuerpo de Cipactli se dividiera a la mitad: una mitad sobre la otra, obteniendo así el Cielo y la Tierra (Lo mismo que en el relato de Tiamat). El relato cosmogónico de los mayas, el Popol Vuh, comienza describiendo este abismo océanico:
Esta es la relación de cómo todo estaba en suspenso, todo en calma, en silencio; todo inmóvil, callado, y vacía la extensión del cielo. (…) No había nada que estuviera en pie, sólo el agua en reposo, el mar apacible, solo y tranquilo. No había nada dotado de existencia.
Asimismo, Ovidio describe en Las Metamorfosis, el origen del mundo de forma similar:
Antes de que existieran el mar, la tierra y esa cobertura de los cielos que se extiende por doquier, la naturaleza ofrecía el mismo aspecto en todo el universo: es lo que los hombres denominaron Caos, masa informe y confusa, peso inerte en el que se depositaban indiscriminadamente juntos y sin ajustamiento alguno los elementos primordiales de las cosas. Ningún Titán iluminaba todavía el mundo con su luz, ni la luna creciente henchía aún sus cuernos, ni la tierra se balanceaba girando en el éter por el impulso de su propio peso, ni Anfitrite extendía sus brazos a lo largo de las costas y riberas. Aunque allí estaban los elementos de la tierra, del mar y del aire, la tierra carecía de firmeza, el mar de fluidez y el aire de luz y brillo. Ninguno de ellos tenía forma definida y cada uno interfería estorbando el desarrollo de los demás. En una única mezcolanza agitábanse el frío y el calor, lo húmedo y lo seco, lo muelle y lo duro, lo ligero y lo pesado.

Ovidius, Metamorphoseon libri, Libro I:1, Orígenes del mundo. El Caos.
El poema épico nórdico Völuspá o Visión de la Adivina, describe también un período de Caos primitivo, el Vacío abismal del Ginnungagap, seguido por la creación de gigantes, dioses y de la humanidad. El Ginnungagap era el vasto abismo que existía entre Niflheim y Muspelheim antes de la creación. Al norte de éste yacía el intenso frío del Niflheim, al sur, el calor infernal del Muspelheim. Al principio de los tiempos, los dos, Hielo y Fuego, se encontraban en el Ginnungagap; y donde el calor tocaba la escarcha, las gotas de ésta se derretían y formaban la sustancia eitr, que se aceleró en vida en la forma del gigante Ymir, el padre de todos los gigantes de la escarcha.

En Sumeria, el Mundo Subterráneo o Infierno, era conocido con varios nombres, como Absu o Apsu (del sumerio temprano: ab, "agua" y su, "lejos", "profundo", agua profunda o abismo); como Nar Mattaru (El Gran Océano Subterráneo), como también se lo llama en el Enuma Elish:
Cuando los cielos en lo alto no eran nombrados ni la tierra abajo llamada por su nombre. Cuando el Apsu primordial, su procreador, y Mummu-Tiamat que a todos había engendrado, entremezclaron sus aguas en un solo cuerpo pero las cámaras sagradas no habían sido consolidadas ni se podían encontrar cañas en los juncales. Cuando ninguno de los dioses resplandecía ni eran llamados por sus nombres. Cuando los destinos no estaban fijados, entonces nacieron de su seno.

Enuma Elish I, 1-11.
La misma idea se refleja en el Génesis bíblico:
En el principio Dios creó el cielo y la Tierra. La Tierra estaba desierta y sin nada, y las tinieblas cubrían el abismo mientras el espíritu de Dios aleteaba sobre la superficie de las aguas.

Génesis 1:1-2.
La palabra hebrea para abismo, empleada en el texto original del Bereshit (Génesis), es tehom תהום (veharetz hayta tohu vavohu vekhoshekh al-pnei tehom veruach elohim merakhefet al-pnei hamayyim) la cual algunos estudiosos concuerdan en que se trata de un término decadente del nombre sumerio Tiamat.

-Véase también: El Laberinto del Minotauro
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Referencias.

[1] ↑ N. del A. Probablemente Hera fue una diosa de un pueblo matriarcal que habitó Grecia antes de la llegada de los helenos quienes establecieron una sociedad patriarcal. Desde esta perspectiva, su función como diosa del matrimonio y la familia debía moderar las acciones de los hombres. Su ira hacia las infidelidades de Zeus forma el tema principal de las anécdotas literarias de su antiguo culto.
[2] ↑ Joseph Eddy Fontenrose, Python: a study of Delphic myth and its origins.
[3] ↑ Mircea Eliade, Historia de las creencias y de las ideas religiosas. Volumen I: De la Edad de Piedra a los Misterios de Eleusis. Paidós.
[4] ↑ N. del A. Proveniente del dios védico Dyaus Pitar; derivado a Dyu-Piter (Iupiter) y Iovis Pater: 'Padre Cielo'; Deus Pater: 'Dios Padre'.
[5] ↑ N. del A. Tvashtri corresponde exactamente al Hefestos griego, al Vulcano romano y al egipcio Ptah.

Bibliografía.

-Publius Ovidius Naso, Metamorphoseon libri. Porrúa.
-Hesíodo, Teogonía. Porrúa.
-Rig Veda.
-Edda Mayor, Völuspá o La Visión de la Adivina. Alianza Editorial.
-Beowulf y otros poemas anglosajones. Alianza Editorial.
-Cantar de los Nibelungos. Porrúa.
-Enuma Elish, poema épico de la creación. Trotta.
-Biblia de Jerusalén.
-Popol Vuh. Fondo de Cultura Económica.