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25 de marzo de 2010

La Palabra

Con los Rudra, con los Vasu,
con los Aditya y con Todos los dioses voy.
Sostengo simultáneamente a Varuna y a Mitra,
a Indra y a Agni, y a los dos Asvines sustento.

Soy quien guía al Soma exuberante,
dirijo al Tvastar y también a Pusan y a Bhaga.

Otorgo la riquieza al preste,
al que invoca bien, al estrujador de soma y al inmolador lego.

Soy la que tiene el dominio, la que concentra los bienes preciosos,
quien discurre, la primera entre los que gozan del homenaje.

A muchos lugares me han asignado los dioses,
entro en muchas imágenes, tengo muchas estancias.

El que distingue, se alimenta merced a mí,
quien entiende la cosa dicha y el que alienta,
todos residen en mí sin ser conscientes de ello.
Tú que sabes, escucha: lo que yo te digo es digno de creerse.

Soy yo quien, por naturaleza, anuncia
lo que complace a los devas y a los hombres
Hago poderoso a quien amo,
yo hago al que proclama fórmulas y al perspicaz yo doy la sabiduría.

Yo soy quien tensa el arco para Rudra,
¡que destruya la flecha al enemigo del enunciado!
Yo he creado la contradicción entre los hombres
He penetrado el cielo y la tierra.

Yo soy quien creó al Padre en la cúspide de este mundo.
En el mar, en las aguas está mi origen,
desde allí me propagué por entre todos los seres,
y concierno al mismo cielo con lo que mi cerebro vierte.

Yo también aliento, como el viento,
y me adueño de todas las existencias.
En el Cielo y más allá, en la Tierra y más allá,
hasta tal extremo de grandeza he llegado.
—Rig Veda, X.125


Ἐν ἀρχῇ ἦν ὁ Λόγος,
καὶ ὁ Λόγος ἦν πρὸς τὸν Θεόν,
καὶ Θεὸς ἦν ὁ Λόγος

Al principio era la Palabra,
y la Palabra estaba con Dios,
y la Palabra era Dios.
—Juan, 1:1.


Así pues, la palabra es imagen del pensamiento; y el pensamiento es imagen de Dios.
—Corpus Hermeticum, Libelo XII. 
 
La Palabra es Magia

ara todas las culturas de la antigüedad, el lenguaje y la escritura eran considerados como un don sagrado. Así, en Egipto, el escriba Thot, patrón de las artes y las ciencias, fue el creador del lenguaje que obsequió a los hombres, y junto a su compañera Seshat, son los señores de la escritura. Thot, dios de la sabiduría y la magia, comparte estos títulos con el gran Odín/Wotan germánico quien, a través de su autosacrificio: colgado nueve días en el Árbol del Universo atravesado por una lanza, obtuvo el conocimiento de las runas que luego heredó a la humanidad, no sólo para utilzarlas como lenguaje común sino también para la adivinación y la preparación de sortilegios. Los caracteres germánicos eran considerados, no como meras letras con un valor fonético, sino como símbolos con vida propia, dotados de poder, lo que se atestigua por el propio significado de la palabra runa, "secreto", "susurrar".

Veit ec at ec hecc vindga meiði a
netr allar nío,
geiri vndaþr oc gefinn Oðni,
sialfr sialfom mer,
a þeim meiþi, er mangi veit, hvers hann af rótom renn.

Við hleifi mic seldo ne viþ hornigi,
nysta ec niþr,
nam ec vp rvnar,
opandi nam,
fell ec aptr þaðan.


Sé que pendí .. nueve noches enteras
del árbol que mece el viento;
herido de lanza .. y a Odín ofrecido,
—yo mismo ofrecido a mí mismo—
del árbol colgué .. del que nadie sabe
de cuáles raíces arranca.

Ni pan me tendieron ni copa alguna;
fijo en lo hondo miré;
las runas alcé, las gané entre gritos;
caí a la tierra de nuevo.
—Edda Mayor, Hávamál o Los Dichos de Har, 138 y 139.

Elder Futhark, alfabeto rúnico.

Los babilonios tenían a Nabu como dios de la escritura y los mayas a Itzamná, muy identificable con el Thot egipcio. En las religiones monoteístas más ortodoxas, ya que no está permitido representar a Dios bajo una forma e imagen definidas, se le representa con una sola palabra, a menudo de cuatro letras (tetragrammaton): como יהוה (YHVH, latinizado Yahvéh o Jehováh) en hebreo entre los judíos, y الله (Aláh) en árabe entre los musulmanes. En la tradición judaica, el demiurgo YHVH creó al Universo por medio de las 22 letras del alfabeto hebreo, mismo que, según creen los cabalistas, es la esencia de todas las cosas.
Veintidós letras fundamentales. Él las estableció, grabó, agrupó, pesó e intercambió. Y formó con ellas toda la creación y todo lo destinado a formarse.
Sepher Yetzirah, 2:2
Para judíos y cristianos, la Biblia, recipiente de la "Palabra de Dios", es un libro viviente.

Para nuestros ancestros, el simple hecho de leer una escritura; la ciertamente "milagrosa" capacidad de transmitir ideas y conceptos desde un aparentemente inerte pedazo de piedra, madera, cuero o papiro a la propia mente, era un acto de la más alta magia.

Y no hay razón para contradecir esto.

El sólo hecho de que algún sabio de la Antigua Grecia o un poeta de la Edad Media pueda hablarnos hoy aún después de haber muerto hace siglos, no puede ser otra cosa que magia.

Versos, fórmulas, mantras, conjuros, encantamientos, oraciones y hechizos, se han usado durante toda la historia para transformar la realidad. Una de las palabras mágicas más famosas de la historia proviene de la cultura romana y era la fórmula Abracadabra aparecida por primera vez en el siglo II en el poema De Medicina Præcepta, escrito por el sabio Serenus Sammonicus, médico del emperador Caracalla, usada para curar enfermedades. Las letras de la palabra debían ser escritas en pergamino de la siguiente manera:

ABRACADABRA
ABRACADABR
ABRACADAB
ABRACADA
ABRACAD
ABRACA
ABRAC
ABRA
ABR
AB
A

El paciente, o alguien en su nombre, recitaba la fórmula tal como se había escrito. A medida que la fórmula decrece, la fiebre desaparece. Un posible origen de esta fórmula es el arameo Avrah Kahdabra que significa "Yo crearé como hablo". También es posible que se haya derivado del caldeo Abbada Ke Dabra, el cual quiere decir aproximadamente "perecer como la palabra", pues en el amuleto de pergamino se escribe dicha palabra de forma que "muere" gradualmente, (los fans de Harry Potter notarán de inmediato la razón de usar la frase caldea original como un peligroso hechizo).

En el hinduísmo y el budismo las fórmulas y oraciones se denominan mantras. El término «mantra» (तन्त्र) proviene del sánscrito y significa 'liberador de la mente'; está formado por manaḥ ('mente') y trāiate ('liberación') y tradicionalmente se refiere a las sílabas, palabras o frases sagradas de origen sánscrito que se repiten para invocar a un dios o como apoyo para meditar o para formar un sonido capaz de transformar el entorno. Entre ellos el más famoso es la sílaba AUM, , símbolo que corresponde a la tríada brahmánica (Trimurti): Brahman (A), Vishnú (U) y Shiva (M). Esta sílaba también se le llama udgīthá ("canto fuerte") o praṇava mantra ("oración vibrante"), pues es considerada por los hindúes como el sonido primordial, origen y principio de la mayoría de los mantras, palabras o sonidos divinos y poderosos tal como el mantra de Avalokitesvara, el boddhisatva de la compasión:
 
ॐ मणि पद्मे हूँ
Aum mani padme hum

Este mantra significa literalmente "gloria a la joya en el loto". Al recitar repetidamente los mantras, los monjes llegan a alcanzar estados alterados de conciencia debido a que el cerebro emite constantemente ondas de baja frecuencia y éstas son amplificadas por las vibraciones sonoras que producen las entrenadas cuerdas vocales de los monjes. Se cree también que cada una de las siete vocales del alfabeto sánscrito, al ser pronunciadas correctamente, producen una vibración específica que sirve al oyente como medio de meditación para cambiar estados anímicos.

Incluso hoy, hay métodos y técnicas psicológicas modernas que afirman tener la capacidad de lograr la transformación del comportamiento mediante las palabras. Una de ellas es la cada vez más popular Programación Neurolingüística (PNL) que, a semejanza de la hipnosis, se basa principalmente en "programar" la mente a través del uso de palabras precisas o sabiamente elegidas que tengan un significado en la mente de los demás de acuerdo con la personalidad y con el propósito en particular, ello en conjunto con la correcta dicción, el volumen, la velocidad, el espaciamiento, el tono de voz e incluso el lenguaje corporal. En definitiva, se trata del arte de usar el lenguaje con diversos fines que van desde los terapéuticos hasta el de influir y convencer socialmente para el éxito en los negocios y las relaciones personales.

La pluma es más poderosa que la espada, dice el dicho de Edward Bulwer-Lytton. El lenguaje, surgido y desarrollado por medio del largo proceso evolutivo que fue adaptando nuestros cerebros para utilizarlo, es una de las características más importantes que distinguen al ser humano del resto de los seres vivos, pues a diferencia del lenguaje animal que es básicamente sensorial, el lenguaje humano es un sistema abstracto de códigos que utiliza signos y símbolos. El lenguaje es una herramienta que permite la expresión del pensamiento y de la voluntad. Como dice el biólogo evolutivo Richard Dawkins tratando de explicar la evolución tecnológica, "el lenguaje permite compartir ideas y un ser capaz de comunicar ideas comienza también a pensar con propósito, a actuar con propósito y a crear con propósito. El lenguaje permite incluso que nuestras ideas perduren en el tiempo y sobrevivan a los individuos. Así por ejemplo, alguien en el pasado ha ideado la rueda y a través del tiempo otros, deseando viajar más rápido utilizan la idea transmitida y logran inventar otras máquinas como el automóvil". Sin el lenguaje, todos nuestros conocimientos no habrían podido subsistir y todos nuestros avances tecnológicos no existirían.

La Palabra es Luz

Heráclito (535-475 a.C.), fue el primero en usar el término Λόγος (Logos), -traducido como "razón", "tratado", "estudio", "discurso", "palabra"[1]- para nombrar al principio de orden y conocimiento en el Universo: "No a mí, sino habiendo escuchado al Logos, es sabio decir junto a él que todo es uno". Los estoicos identificaron al Logos con el principio divino animador del Universo y los cristianos reconocen a Jesús, el Cristo como encarnación del Logos/Verbum, que para los gnósticos es a su vez la Gnosis.

Es la Gnosis conferida al hombre; el Fuego robado a los dioses por el osado titán Prometeo quien, castigado por ello, reveló luego a Heracles el modo de obtener las preciadas manzanas de oro del Árbol del Jardín de las Hespérides, custodiado por el dragón Ladón. Semejante era la creencia de la secta gnóstica de los ofitas (s. II): la Serpiente del Paraíso otorgó a los hombres la oportunidad de "ser como dioses" (Génesis 3:5) por la Luz del Conocimiento, desafiando los designios del Demiurgo quien deseaba mantener sumergida a la humanidad en la oscuridad de la ignorancia. "¿No está escrito en vuestra Ley?: Yo digo, vosotros dioses sois." (Juan, 10:34). De manera que la encarnación del Verbo en hombre, misma que lo eleva en su Iluminación y Apoteosis, le otorga el don de la palabra verdadera y la oportunidad de sentarse "a la derecha del Padre".

Derecha: Heinrich Füger, Prometheus bringt der Menschheit das Feuer (Prometeo lleva el fuego a la humanidad), 1817.

Sin embargo, puesto que el conocimiento es poder, el hombre por naturaleza es fácil de ser seducido por el poder, corromperse por su arrogancia y llegar a creerse Dios mismo, pues "ser como dioses" no es igual a "ser como Dios":
Quomodo cecidisti de cælo, lucifer, fili auroræ? Deiectus es in terram, qui deiciebas gentes!, qui dicebas in corde tuo: 'In cælum conscendam, super astra Dei exaltabo solium meum, sedebo in monte conventus in lateribus aquilonis; ascendam super altitudinem nubium, similis ero Altisimo.

¿Cómo has caído del cielo, lucero, hijo de la Aurora? ¿Cómo, tú, dominador de naciones, has sido derribado y arrojado a la tierra? En tu corazón decías: "Ascenderé hasta el cielo y levantaré mi trono encima de las estrellas de Dios, me sentaré en la montaña del encuentro, donde se reúnen los dioses, allá donde el Norte se termina; en los confines de Safón; subiré a las alturas de las nubes, seré igual al Altísimo (Elyón)." Mas has sido precipitado a las honduras del Abismo, el lugar adonde van los muertos.
[2]
—Isaías, 14:12-15.
Tal parece ser lo que le ha ocurrido a nuestra divinizada ciencia moderna, pues en su soberbia, los cientificistas la han proclamado como el "único camino", con las terribles consecuencias que ahora enfrentamos por ello.

Es así que, Lucifer y Cristo (Xριστoς, 'Ungido'), como figuras de la Luz, son parte de una misma y única figura; las dos caras de una sola moneda. Pero cada una posee la función de moderar a la otra, una en su Orgullo y la otra en su Humillación, para equilibrarse entre ambas en Dignidad y Humildad.

Según los ofitas, la Serpiente deseaba la exaltación del hombre y no su decadencia, anhelaba un Hombre-Dios que pudiese reinar en la Tierra con las leyes celestiales, y ascendiendo por el Árbol del Conocimiento desde las raíces hasta su copa, simbolizaba así la unión del Cielo con la Tierra. El propósito real de la serpiente era, entonces, de servir como intermediario entre el Cosmos y el hombre; de traer el conocimiento divino a los seres humanos.

No obstante, YHVH, protagonista absoluto del Antiguo Testamento, ente iracundo y vengativo al que se le ha confundido con el Uno, el Todo, expulsó del Paraíso al hombre por su aspiración de divinidad y lo privó de sus privilegios, maldijo y condenó a la Serpiente, sembrando la enemistad entre su estirpe (el conocimiento) y la especie humana. Pero la función expresa y suprema del Logos, el Verbo por el cual "todo fue hecho", es que nuestra naturaleza humana cobre conciencia de su naturaleza divina y retorne al estado de gracia del que una vez habría gozado, siendo nuevamente Uno con el Todo.

La Palabra es Espíritu

El constante proceso de transmitir la información de un medio físico a otro, puede hacernos comprender que es posible separar -al menos conceptualmente ya que Todo es Uno- la información de la materia, es decir, que la información no es material y que, al igual que el espíritu, comprende un plano de existencia distinto al de la materia, un plano metafísico.

Un libro o un programa de computadora contienen información compleja registrada en materia, sea tinta, papel o un CD. La información puede cambiarse de un medio a otro o hasta ser almacenada en el cerebro. Pero el contenido de un libro o del CD no es especificado por las leyes físicas o químicas que rigen a los medios, si fuese así todos los libros serían iguales o sólo diferirían de acuerdo a los materiales utilizados. El contenido del mensaje es independiente de la composición material del medio. El Don Quijote no pierde su significado o calidad literaria si está impreso en el más barato de los papeles y una mala novela no mejora su calidad si se imprime en costoso pergamino. El medio material y la información son dos cosas totalmente diferentes. Se puede hablar de galaxias y de partículas subatómicas en los mismos términos porque ambas tienen masa y carga, ancho y largo.

No podemos hacer eso con la información y la materia pues la información no tiene masa, ni carga, ni largo en milímetros. La materia/energía y la información constituyen dos dominios de existencia completamente diferentes que deben ser tratados de manera diferente y bajo sus propios términos. La información es una realidad distinta a la materia y no puede ser reducida a ella, no pueden establecerse al mismo nivel, ni siguen las mismas leyes, aunque evidentemente, como sucede con todo principio dualista, no pueden separarse, tal como no puede separarse la mente del cuerpo; son complementarias, interdependientes e inherentes entre sí; dos partes de un todo.

La Palabra es Vida

George C. Williams (1994) -uno de los más importantes y respetados científicos en el desarrollo de la teoría genética y de la biología evolucionista- coincide con la idea anterior, pues no sólo los libros, los discos fonográficos de vinilo, los CD's y las neuronas funcionan como medios materiales de almacenamiento de información, sino también esa molécula que tanto nos recuerda al Caduceo de Hermes: el Ácido Desoxirribonucleico (ADN), que almacena la información genética (código genético) y la transmite. Y puesto que existen innumerables especies animales que contienen información genética muy diferente entre sí, queda claro que la molécula del ADN es sólo el medio, no el mensaje. Los seres vivos están hechos -además de materia orgánica- de información que se ha transmitido desde hace millones de años, aunque, por supuesto, con aquellas variaciones que conocemos como mutaciones y que hacen posible la evolución y la biodiversidad.

Por otro lado, en distintas tradiciones como en la bíblica, se relata que Dios formó el cuerpo del hombre del polvo de la tierra; de arcilla inerte al que luego dotó de vida con su aliento divino o ruah (Génesis 2:7). Los egipcios compartían esta concepción y daban a este espíritu o soplo divino, el nombre de kneph, la energía vital.

¿En qué difiere, pues, un cuerpo de un animal vivo de uno muerto si ambos cuerpos se componen de las mismas sustancias?

Si mandamos a analizar un pedazo de cinta de grabación virgen y otro pedazo de cinta con alguna grabación previa para saber la composición de las dos, ambos análisis arrojarán el mismo resultado: se nos dirá que se trata de un substrato polimérico recubierto por una de sus caras con un óxido férrico. El análisis fisicoquímico no detectará que en una de las cintas las moléculas de ferrita están orientadas de una manera organizada (grabación magnética), mientras que en la otra su orientación es aleatoria y, mucho menos, será capaz de interpretar la información contenida en dicha orientación.

Este es un principio esencial que siguen con suma obediencia los adeptos del arte alquímico. Se afirma que la Materia de los filósofos del Opus Magnum -que es de poco precio y se la encuentra en todas partes- es una muy oculta simiente secreta que dará vida al Hijo de la Sabiduría, una simiente que es necesario saber extraerla de forma natural y sin violencia por medio del Fuego Secreto. Se dice que cualquier materia que contenga dicha simiente, es una materia "viva", y la que no la contiene está "muerta" y no sirve para el propósito de la Obra, de modo que puede existir un átomo de mercurio "vivo" y también uno "muerto", aunque la estructura química y configuración electrónica de ambos sea la misma.

Por ello, no se trata de un elemento o compuesto químico conocido; la Materia de los Filósofos no es ninguna forma de materia obtenida del mineral, sino una cierta propiedad especial e intrínseca del mismo, sutil e invisible como han descrito los alquimistas, y, en términos más actuales, puede decirse que se trata de una ordenación generatriz subnuclear, cuya estructura geométrica altera la matriz espaciotemporal, produciendo una sincronización o una especie de resonancia cósmica con la fuente universal, lo que le asemeja a la esencia misma del Universo. Esta ordenación puede romperse y desaparecer para siempre cuando se produce una aportación incontrolada de energía como la proporcionada por las altas temperaturas, pues afecta a la estructura atómica de la materia que le sirve de substrato. Por lo tanto, es un tipo de información cósmica contenida en la Prima Materia y desde el punto de vista de un análisis físicoquímico, nadie notará la diferencia entre una materia "viva" y una "muerta".

La información se crea, se transforma y se destruye

La prueba definitiva que demuestra la inmaterialidad de la información y de las ideas, así como su diferencia sustancial con respecto a la materia/energía y, consecuentemente, la falsedad del dogma "todo es materia" del materialismo, es que, al menos en nuestro mundo sensible y mutable, la información puede ser destruida, pero de acuerdo con la primera ley de la termodinámica, la materia/energía no se crea ni se destruye, sólo se transforma.

Si todas las copias de las obras de Shakespeare, o todas las partituras y grabaciones de la música de Beethoven fuesen destruídas, y además todos los actores y músicos que hubiesen aprendido estas obras murieran, entonces esas obras se perderían para siempre sin posibilidad de recuperarlas.

Como ejemplos históricos de esta destrucción podemos citar el incendio del año 48 AEC. que hizo arder miles de textos de la Biblioteca de Alejandría, o la extinción masiva de las especies de dinosaurios hace 65 millones de años, ambas creaciones cuya información se perdió para siempre.

Tal es el inevitable destino que le espera a toda creación. Un día, dentro de aproximadamente cinco mil millones de años, el Sol se expanderá en una gigante roja y devorará a la Tierra con su calor, destruyendo no sólo toda forma de vida existente, sino también, todas las obras producidas por la humanidad. Pero esta característica fatal y perecedera de la información no debe hacernos suponer que la materia, por su aparente eternidad, es superior a ella, pues esto es sólo ilusorio y en realidad Todo ha de volver finalmente a su Fuente Original.

Desde la incipiente escritura cuneiforme realizada en tablillas de arcilla, que dejó atrás a la Prehistoria para dar comienzo a la Historia, hasta nuestros sofisticados sistemas de comunicación, la palabra, ya sea escrita o hablada, seguirá siendo un regalo de los dioses.
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Bibliografía.

-Biblia de Jerusalén.
-Hermes Trismegisto, Corpus Hermeticum y otros textos apócrifos. Selección y versión de Walter Scott. Edaf.
-Rig Veda. Traducción de Juan Miguel de Mora. Conaculta.
-Edda Mayor. Traducción de Luis Lerate. Alianza.
-Sepher Yetzirah (Libro de la Formación).
-Migene González-Wippler, Amuletos y Talismanes. Llewellyn.
-Philip E. Johnson, Defeating Darwinism by Opening Minds. 2002.

Notas.

[1] ↑ N. del A. El sustantivo λόγος procede del verbo λέγω, yo digo, y significa primordialmente lo dicho, la palabra como tal en sentido externo. En sentido interno significa hablar en el sentido de pensar. Y es que antes de decir algo a otros en palabras, nos lo decimos a nosotros mismos.
[2] ↑ N. del A. Estas palabras de Isaías aluden directamente al rey de Babilonia, pero posteriormente san Jerónimo creyó ver en ellas una referencia a la rebelión y caída en desgracia de Satán, y en la elaboración de la Vulgata sustituyó el término hebreo helel, "resplandeciente", por el de Lucifer (Lucipheros), palabra que significa: "Portador de la Luz" (Del latín lux, "luz" y fero, "llevar"), por lo que a partir de entonces se identificó a Satán o el Ángel caído con Lucifer, a pesar de que son figuras distintas y que tienen un origen independiente. Lucifer es un dios menor de la mitología clásica conocido por los griegos como Έωσφόρος (Eosphoros), Héspero, Heósforo o Fósforo, hijo de Eos, la Aurora, diosa de la mañana. Esta decisión pretendía ajustar los distintos significados que el texto hebreo original parecía poseer y el hecho de que Lucifer fuera un descendiente de los dioses paganos, también influyó en la elección de San Jerónimo, pues la evangelización intentaba hacer ver un demonio en cada dios pagano. También Lucifer era en la antigüedad, el nombre del planeta Venus, el cual se ha conocido también como la Estrella de la Mañana o Lucero del Alba.

9 de julio de 2009

La Danza de Shiva

l Universo, tú, yo, no somos parte sino de una monstruosa ilusión generada por Brahman, mientras su colega Shiva danza.

Lo que es, no es. La única realidad es Brahman-Atman, el Macrocosmos y el Microcosmos, un solo y único Ser. El mundo no existe sino vagamente, a modo de un sueño, una realidad virtual. Todos somos espectros de la mente de Brahman y, al igual que todos los dioses, finalmente seremos absorbidos por el Uno, el Todo. El influjo de Māyā nos hace ver el mundo fragmentado, fragmentos que son ilusiones para la mente.

Toda la vida es parte de un gran proceso rítmico de creación y destrucción, de muerte y renacimiento, y la Danza de Shiva simboliza este eterno ritmo de vida y muerte que continúa en ciclos sin fin. Ananda K. Coomaraswamy explica:
En la noche de Brahman, la Naturaleza está inerte, y no puede danzar hasta que Shiva lo desea: Él sale de su éxtasis y danzando envía a través de la materia inerte ondas pulsantes de sonido despertador, y ¡Ya!, la materia también comienza a danzar, apareciendo como un círculo de gloria a su alrededor. Con su danza, sostiene sus múltiples fenómenos. Cuando el tiempo se completa, todavía danzando, él destruye todas las formas y nombres mediante el fuego y confiere un nuevo descanso. Esto es poesía, pero no por ello deja de ser ciencia.
Las dos formas de la Danza de Shiva son la danza de la creación (Ananda Tandava) y la de la destrucción (Rudra Tandava). Esta danza también simboliza el cambio constante e inherente del Universo y el ritmo diario de nacimiento y muerte, considerado en el misticismo hindú, como la base de toda la existencia.

Al mismo tiempo, Shiva nos recuerda que las múltiples formas son māyā, no fundamentales, ilusorias y siempre mutables, mientras continúa creándolas y disolviéndolas en el incesante flujo de su danza. En palabras del indólogo Heinrich Zimmer:
Sus gestos espontáneos y llenos de gracia precipitan la ilusión cósmica; sus brazos y piernas al viento y su torso balanceándose producen, y son en sí mismos, la continua creación y destrucción del Universo, con la muerte equilibrando al nacimiento, la aniquilación equilibrando a toda creación.
Los artistas hindúes de los siglos X y XI representaron la Danza Cósmica de Shiva en magníficas esculturas danzantes de bronce, con cuatro brazos cuyos gestos equilibrados y dinámicos expresan el ritmo y la unidad de la vida. Los diversos significados de esta danza son transmitidos mediante los detalles de las figuras en una compleja alegoría pictórica.
Nataraja. Shiva, el Señor de la Danza Cósmica.
Desde su antebrazo inferior derecho se desenrrolla una cobra. La Luna Creciente (nacimiento y crecimiento) y un cráneo (muerte) posan sobre su tocado; también tiene en él una flor de estramonio, planta con la que se prepara un veneno. La mano superior derecha de Shiva, en un mudra conocido como damaru-hasta, sostiene un tambor, llamado damaru, que simboliza el sonido que marca el ritmo espacio-temporal y la primera actividad de Shiva llamada Sristi, es decir, la creación. La mano superior izquierda sostiene una llama, que es la energía que impulsa al mundo y que acabará por devorarlo, es el fuego (Agni), el elemento de la destrucción (tercera actividad: Samhara), pero también de la renovación. El equilibrio de las dos manos representa el dinámico equilibrio entre la creación y la destrucción del mundo, equilibrio que se ve acentuado por la expresión serena e imparcial del rostro del danzante: ni placer, ni dolor, en el centro de las dos manos y donde la polaridad de la creación y la destrucción es disuelta y trascendida. Su diestra inferior está alzada en el mudra llamado abhaya que significa "no temáis", y simboliza conservación (Sthiti, la segunda actividad), protección y paz a aquellos que siguen los caminos de la rectitud del Dharma. La siniestra inferior apunta a su pie izquierdo alzado y está en la "posición del elefante" (el elefante es el que abre los caminos a través de la "selva del mundo", es decir, el guía divino) símbolo de la liberación (Anugraha, la quinta y última actividad) del encanto de Māyā; la Gran Ilusión, que engaña a los profanos; los dormidos, con la apariencia de que el mundo es real.

El arete derecho de Shiva es de hombre, el izquierdo es de mujer, porque el dios incluye y está por encima de las parejas de contrarios creadas por el mundo sublunar. Los mechones de cabellos revueltos representan el pelo desarreglado del yogui hindú, que ahora se revuelven en la danza de la vida. Los brazaletes de Shiva, los aros de sus brazos, tobillos y el cordón brahmínico son serpientes vivas. En sus cabellos está escondida una pequeña imagen de la diosa Ganga, porque él es quien recibe en su cabeza el choque del descendimiento del divino río Ganges desde los cielos, y quien permite que las aguas que dan vida y salvación corran suavemente a la Tierra para refrescar física y espiritualmente a los hombres

El aro ígneo a su alrededor es el Universo manifestado a partir de la Gran Explosión Primigenia, además de representar a la naturaleza circular o cíclica del tiempo. La serpiente en su cintura es Kundalini, la energía sexual y creadora. La pequeña figura que es aplastada por el pie derecho de Shiva (que representa la cuarta actividad llamada Tirobhava, la encarnación) es el demonio Avidya, o Apasmara, la Ignorancia, misma que debe ser derrotada antes de alcanzar la liberación.

La Danza de Shiva, dice Coomaraswamy, es "la más clara imagen de la actividad de Dios, de la que cualquier arte y religión pueda presumir". Como el dios es una personificación de Brahman, su actividad es la actividad de la miríada de manifestaciones de Brahman en el mundo. La Danza de Shiva es la Danza del Universo; el incesante flujo de energía que pasa por una infinita variedad de modelos que se funden unos con otros.

La Física moderna ha demostrado que la materia, en realidad, no existe al menos en la forma en que creíamos, sino que más allá de su apariencia sólida y de reposo, está compuesta por ondas electromagnéticas y partículas de energía que vibran y se mueven constantemente. Tanto el movimiento, como el ritmo, son propiedades esenciales de la materia y el Universo; toda la materia en el Universo está en una danza cósmica continua, al ritmo de la "Música de Dios". También se ha demostrado que el ritmo de creación y destrucción no sólo se manifiesta en la sucesión de las estaciones, el movimiento aparente del Sol, las fases lunares y en el nacimiento y muerte de los seres vivos, sino que es también la esencia de la materia inorgánica. Según la teoría cuántica del campo, todas las interacciones entre los componentes de la materia tienen lugar a través de la emisión y absorción de partículas virtuales. La física moderna revela que toda partícula subatómica no sólo realiza una danza de energía, sino que al mismo tiempo es en sí misma una danza de energía, un proceso pulsante de creación y destrucción.

Los esquemas de esta danza constituyen un aspecto esencial de la naturaleza de cada partícula y determinan muchas de sus propiedades. Por ejemplo, la energía utilizada en la emisión y absorción de partículas es equivalente a una cierta cantidad de masa que contribuye a la masa de la partícula que autointeractúa. Partículas diferentes desarrollan modelos distintos en su danza, requiriendo diferentes cantidades de energía y esa es la razón de que tengan diferentes masas. Las partículas virtuales, finalmente, no son sólo una parte esencial de las interacciones llevadas a cabo por todas las partículas y de las propiedades de la mayor parte de ellas, sino que también son creadas y destruidas por el vacío. Así, no sólo la materia, sino también el vacío participan en la danza cósmica, creando y destruyendo sin fin los modelos de energía.

Para los físicos modernos, entonces, la Danza de Shiva es la danza de la materia subatómica. Al igual que en la mitología hindú, se trata de una danza continua de creación y destrucción que involucra a todo el Cosmos. Es la base de toda la existencia y de todos los fenómenos naturales.

Hace ya cientos de años que los hindúes plasmaron sus ideas de Shiva danzando en hermosas esculturas de bronce. Actualmente, los científicos utilizan la tecnología más avanzada para fotografiar los modelos de esta Danza Cósmica. El Gran colisionador de hadrones (LHC por sus siglas en inglés) forma parte de esta tecnología. Denominado como "La Máquina de Dios", el acelerador de partículas más grande y poderoso del mundo, que mide 27 km de circunferencia, promete recrear el instante posterior al Big Bang y se espera que este instrumento permita confirmar la existencia de la partícula primordial que recibe el nombre de bosón de Higgs, o, como a veces se le conoce, "la Partícula de Dios".

A la entrada del laboratorio que sustenta esta gigantesca máquina circular (semejante al aro ígeno de Shiva), el CERN (Organización Europea de Investigaciones Nucleares), ubicado entre la frontera de Francia y Suiza, se colocó una de estas esculturas de Nataraja como símbolo del proyecto. A sus pies se instaló una placa que explica la conexión entre la imagen de la Danza de Shiva y la "danza" de las partículas subatómicas.

La metáfora de la Danza Cósmica, de este modo, unifica a la antigua religión con la ciencia moderna. Realmente, como dijo Coomaraswamy: "es poesía pero no por ello deja de ser ciencia".

Aum Namah Shivaya.

Doctrina del Eterno Retorno

Según el gran historiador de las religiones, Mircea Eliade, "todas las culturas antiguas intuyeron un desenvolvimiento de la "historia" en un tiempo cíclico que se regenera periódicamente ad infinitum. Sus tradiciones narran en mitos, las sucesivas Eras o Edades, encontrándose siempre la "Edad de oro" al principio del ciclo, cerca del illud tempus paradigmático y la cual es posible recuperar", a través del mito y de su representación, es decir, el rito.

En la tradición hindú, dice Eliade, el mito de la repetición eterna encontró su forma más audaz. La creencia en la destrucción y la creación periódica del Universo se encuentra ya en el Atharva Veda (X, 8, 39-40). Se conservan ideas similares en la tradición nórdica, como en la idea de la conflagración universal, conocida como Ragnarök, seguida de una nueva creación, lo que confirma la estructura indoaria de ese mito, y la cual puede, por consiguiente, ser considerada como una de las numerosas variantes de ese arquetipo. Las eventuales influencias orientales sobre la mitología germánica no atentan necesariamente contra la autenticidad y el carácter autóctono del mito del Ragnarök.

Sin embargo, la especulación hindú amplía y combina los ritmos que ordenan la periodicidad de las creaciones y de las destrucciones cósmicas. La unidad de medida del ciclo más pequeño es el yuga, "edad". Un yuga va precedido y seguido por una "aurora" y por un "crepúsculo" que enlazan las edades entre sí. Estos períodos de transición (amsha) al comienzo y al final de cada edad duran una décima parte de la duración total de la edad. Un ciclo completo o mahayuga se compone de cuatro "edades" de duración desigual, de las cuales la más larga aparece al principio del ciclo y la más corta al final, con una proporción respectivamente de 4, 3, 2 y 1. Así la primera edad, la Krita-yuga, dura 4.000 años divinos, más 400 años divinos de "aurora" y otros 400 de "crepúsculo", en total equivaldrían a unos 24.195 años solares; le siguen Treta-yuga, de 3.000 años divinos, más 300 de aurora y 300 de crepúsculo (18.146 años solares), Dvapara-yuga, de 2.000 años divinos, más 200 de aurora y 200 de crepúsculo (12.097 años solares) y Kali-yuga, de 1.000 años divinos, más 100 de aurora y 100 de crepúsculo (6.048,62 años solares). Por consiguiente, un mahayuga dura 12.000 años divinos.

Los indoarios simbolizaban la transición de estas edades con el toro del Dharma, que representa el orden y la moralidad. Durante el Krita Yuga, se alzaba sobre sus cuatro patas, mientras que en el Treta Yuga sólo se sostendría sobre tres, en el Dvapara Yuga sobre dos y en el Kali Yuga sobre una, lo cual corresponde con la duración relativa de 4, 3, 2, 1 de los ciclos (treta significa "tres", y dva, "dos").

Según el calendario tradicional hindú todavía en uso, el Kali Yuga comienza en el 3.102 antes de nuestra era. Si aceptamos este dato para el comienzo del Kali Yuga, obtenemos el calendario siguiente:

Alba del Krita Yuga: 58.042 AEC

Alba del Treta Yuga: 33.848 AEC

Alba del Dvapara Yuga: 15.703 AEC

Alba del Kali Yuga: 3.606 AEC

Kali Yuga: 3.102 AEC

Medio del Kali Yuga: 582 AEC

Comienzo del Crepúsculo: 1.939 EC

Final del Crepúsculo del Kali Yuga: 2.442 EC

El crepúsculo del Kali Yuga habría comenzado por lo tanto en el año 1939 de nuestra era, en el mes de Mayo. La catástrofe final tendrá lugar durante este crepúsculo. Los últimos vestigios de la humanidad actual habrán desaparecido en 2442. Partiendo de estos datos y remontando hacia atrás nos encontramos con que la primera humanidad habría comenzado en el año 419.964 antes de nuestra era, la segunda en el 359.477, la tercera en el 298.990, la cuarta en el 238.503, la quinta en 178.016, la sexta en el 118.529 y la séptima en el 58.042.

La primera edad, el Krita Yuga o Satya Yuga ("Era de la Verdad"), es la era de la realización y de la sabiduría. Una era en la que el hombre vivía en armonía con el Recto Orden del Cosmos y que el calendario hinduista indoeuropeo sitúa en el período Paleolítico cazador-recolector. Corresponde a la Edad de Oro de Hesíodo. Con su amanecer y su crepúsculo, dura 24.194 años.

Las escrituras hindúes hablan del Krita Yuga como una época consagrada a la meditación y a la virtud, y en la que no se concibe la traición ni la maldad. Así, según el Mahabharata, en esta era, todo lo que necesitaban los hombres "era obtenido por el poder de la voluntad", y no existía la enfermedad, la vejez, el odio, la vanidad o la tristeza, con lo cual se está hablando de una época en la que el ser humano era perfecto.

Después viene el Treta Yuga, es decir "la Era de los Tres Fuegos Rituales", la era de los ritos y también del hogar, es decir de la civilización sedentaria, agrícola y urbana. Su duración, con su alba y su crepúsculo, es en total de 18.145 años.

La tercera edad, el Dvapara Yuga o "Edad de la Duda", ve nacer las religiones y las filosofías contestatarias. El hombre pierde el sentido de la realidad divina del mundo y se aleja de la Ley Natural. El Dvapara Yuga dura 12.097 años.

Llega finalmente la cuarta edad o "Edad de los Conflictos" o "de las Tinieblas", el Kali Yuga, en la que estamos actualmente. Dura 6.048 años. Desembocará en la destrucción casi total de la humanidad actual.

A las disminuciones progresivas de la duración de cada nuevo yuga corresponde en el plano humano una disminución de la duración de la vida, acompañada de un relajamiento de las costumbres y de una declinación de la inteligencia[1][2][3]. Esta decadencia continúa en todos los planos —biológicos, genéticos, intelectuales, espirituales, éticos, sociales, etc. acompañada de un progreso material y grandes avances tecnológicos (la materia viva se va atrofiando y degradando, mientras que la materia muerta evoluciona a pasos acelerados)— y alcanza un relieve más destacado en los textos puránicos.

El pasaje de un yuga al otro se produce, como hemos visto, en el curso de un "crepúsculo" que señala un decrescendo aún en el interior de cada yuga, terminando cada uno por una etapa de tinieblas. A medida que nos acercamos al final del ciclo, es decir al cuarto y último yuga, las "tinieblas" se espesan. El último yuga, aquel en que nos encontramos actualmente, se llama, por lo demás, la "Edad de las Tinieblas" (o de Hierro), Kali Yuga. El ciclo completo termina por una "disolución", un pralaya, que se repite de manera más radical (mahapralaya, la "gran disolución") al final del milésimo ciclo. En la mentalidad de nuestros antepasados, las primeras edades fueron tiempos de justicia, armonía, belleza y sabiduría, que poco a poco se fueron corrompiendo hasta dar lugar a tiempos de degeneración, de traición, de conflictos, de violencia, de deshonor, de olvido de los dioses y de los ritos, de maldad, de materialismo, de libertinaje, de destrucción de la identidad racial y cultural de todos los pueblos y de alejamiento de la Naturaleza y de sus leyes.

H. Jacobi cree con razón que, en la doctrina original, un yuga equivalía a un ciclo completo, comprendiendo el nacimiento, el "desgaste" y la destrucción del Universo. Semejante doctrina se acerca más al mito arquetípico, de estructura lunar, que estudia Eliade en su Traite d’Histoire des Religions. La especulación ulterior no hace sino ampliar y reproducir hasta lo infinito el ritmo primordial de creación-destrucción-creación, proyectando la unidad de medida, el yuga, en ciclos cada vez más vastos. Los 12.000 años de un mahayuga han sido considerados como "años divinos", durando cada uno de éstos 360 años, lo que da un total de 4.320.000 años para un solo ciclo cósmico. 71 mahayugas hacen un manvantara. Un millar de mahayugas o bien 14 manvantaras constituyen un kalpa. Un kalpa equivale a un día de la vida de Brahma; otro kalpa a una noche. 30 kalpas hacen un "mes de Brahma". 12 meses de Brahma (360 kalpas) hacen un "año de Brahma". Cien de esos "años" de Brahma constituyen su vida. Pero esa duración considerable de la vida de Brahma no llega siquiera a agotar el tiempo, pues los dioses no son eternos y las creaciones y destrucciones cósmicas prosiguen ad infinitum.[4]
Ouroboros, símbolo del Infinito y el tiempo cíclico del Universo; el Fin es el Principio
Lo que conviene recordar de ese alud de números es el carácter cíclico del tiempo cósmico. De hecho asistimos a la repetición infinita del mismo fenómeno (creación-destrucción-creación nueva) presentido por cada yuga (aurora y crepúsculo) pero completamente realizado por un mahayuga. La vida de Brahma comprende así, 2.560.000 de esos mahayuga, cada uno de los cuales recorre las mismas etapas (krita, treta, dvapara, kali) y termina con un pralaya, un ragnarök, la destrucción "definitiva", en el sentido de una regresión de todas las formas a una masa amorfa, que se produce al final de cada kalpa en el momento de mahapralaya. Además de la depreciación metafísica de la historia que, en proporción y por el solo hecho de su duración, provoca una erosión de todas las formas, y agota la substancia ontológica de éstas, y del mito de la perfección de los comienzos (mito del paraíso que se pierde gradualmente, por la simple causa de que se realiza, toma forma y dura), lo que merece ocupar nuestra atención en esa orgía de cifras es la eterna repetición del ritmo fundamental del Cosmos: su destrucción y su recreación periódicas. El hombre no puede apartarse de ese ciclo sin principios ni fin más que con un acto de libertad espiritual, pues todas las soluciones soteriológicas hindúes se limitan a la liberación previa de la ilusión cósmica y a la libertad espiritual.

En un sentido cosmológico de acuerdo a las observaciones empíricas del Big Bang, cada vez que Shiva crea el Universo con su danza, éste se expande durante cincuenta mil millones de años, luego se contrae durante otros cincuenta mil millones de años y finalmente es absorbido por un agujero negro, o bien colapsado sobre sí mismo, en el llamado Big Crunch para, finalmente, volver a empezar otro Universo. El consenso de los científicos contemporáneos sobre la edad del Universo es de trece mil seiscientos millones de años.

El número 5, entraña un profundo misterio sobre cómo se constituye y organiza la materia en las leyes físicas y biológicas. Cinco son los sólidos platónicos o ideales de los que derivan todas las formas existentes. En la filosofía hindú los cinco sentidos u órdenes de sensación son llamados tanmatras mismos que se relacionan con los cinco tattvas (elementos). También cinco son las actividades que Shiva realiza en su Danza Cósmica: 1. Sristi (creación); 2. Sthiti (preservación); 3. Samhara (destrucción); 4. Tirobhava (encarnación); y 5. Anugraha (liberación).

Después de cinco universos, creados y destruidos, el ciclo se repite, y en la sexta encarnación, el Atman vuelve al primer universo y al primer cuerpo físico.

Esto pasa de igual modo en una extraña serie numérica y cíclica que sigue cierto algoritmo. Para formarla, se toman dos números reales positivos cualesquiera. Por ejemplo, el 4 y el 8.

Para obtener el tercer número de esa serie (4, 8...), se suma 1 al segundo elemento, es decir, 8 + 1 = 9. Después, el 9 se divide entre el primer número (4) lo que da como resultado: 2.25.

Para obtener el cuarto número de la serie se repite la operación, esta vez con el tercero y el segundo: 2.25 + 1 = 3.25 ÷ 8 = 0.40625.

El quinto número, siguiendo exactamente el mismo patrón, sería: 0.625.

Entonces la serie final queda de la siguiente manera:
4, 8, 2.25, 0.40625, 0.625...

Uno podría pensar que si se sigue aplicando el algoritmo sólo se obtendrán nuevos números tan horribles como los anteriores. A medida que se busca el siguiente elemento de la serie, aparecen más números imperfectos y fragmentados.
Veamos:
0.625 + 1 = 1.625 ÷ 0.40625 = 4

Así, después de cinco ciclos, la serie retorna a su estado inicial, consolidando aritmológicamente la Apocatástasis, el retorno a los orígenes.
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Bibliografía.

-Ananda K. Coomaraswamy, The Dance of Shiva.
-Fritjof Capra, The Tao of Physics. Sirio.
-Heinrich Zimmer, Myths and Symbols in Indian Art and Civilization.
-Mircea Eliade, El Mito del Eterno Retorno.
-Martin Gardner, The Magic Numbers of Dr. Matrix. Gedisa.
-Joseph Campbell, The Hero with a Thousand Faces. p. 21. Fondo de Cultura Económica.

-El destino del mundo según los indo-arios.

Notas.

[1]La humanidad va perdiendo capacidad intelectual, según genetistas.

[2]Estudio: Los seres humanos son cada vez más tontos.
[3]Human intelligence 'peaked thousands of years ago and we've been on an intellectual and emotional decline ever since'.
[4] ↑ Otros sistemas de cálculos amplían, en proporción mucho mayor, las duraciones correspondientes.

5 de febrero de 2009

Tai Chi Chuan: La meditación en movimiento

l T'ai Chi Ch'üan es un antiguo arte marcial taoísta, rama del Kung-Fu, que se define como de estilo interno y que consiste en una secuencia de movimientos lentos, suaves, rítmicos y fluidos, que tiene como finalidad alcanzar el equilibrio del propio ser con la Naturaleza.

El Tai Chi Chuan puede traducirse como "Boxeo de la Suprema Polaridad" pues se refiere a la característica dual del Universo expresada en el célebre símbolo taoísta del Tai-Chi, mismo que es considerado como el Tao en su forma manifestada. De él surgen los dos polos fundamentales: Yang, el principio positivo y masculino y Yin, el principio negativo y femenino.

El Tai Chi Chuan es el predecesor de todos los estilos internos y se divide en varios subestilos como el yang, chen, wu, etc. Se define como un arte marcial de estilo interno (Nei-chia) ya que se da gran importancia a las características interiores como la circulación de la energía vital (Ch'i) y la energía mental (Shen). Además, en los estilos externos, la mayor parte del combate práctico se realiza con elementos exteriores y materiales, mientras que en los estilos internos, se intenta "luchar" sobre todo contra fuerzas negativas que residen en el interior.

No obstante, la subdivisión del Kung-Fu en estilos externos e internos, aunque a veces resulte cómoda, en realidad es artificiosa y conceptualmente errónea. Incluso en los estilos externos, las características interiores se consideran esenciales. Además, los que practican los estilos internos no rechazan el uso de técnicas potentes y veloces. Quienes han alcanzado un nivel muy elevado ya no hacen distinciones entre "externo" e "interno".

Filosofía

La filosofía del Tai Chi Chuan se basa en la observación e imitación directa de la Naturaleza, de la que se extraen sus principios fundamentales como lo es el continuo cambio y el movimiento que origina toda la creación. Es similar pues, al concepto filosófico del Fuego de Heráclito; el devenir cósmico y a la ciencia de la Dialéctica. Todo en la Naturaleza cambia y se metamorfosea, y para que este proceso de acción se produzca, es necesaria la sucesiva alternación rítmica de las fuerzas opuestas llamadas Yin y Yang, mientras se manifiesta la Suprema Polaridad. La realidad dialéctica y mutable va desenvolviéndose en fenómenos tan simples, basados en el Principio hermético de Ritmo, como la inhalación y la exhalación, el latido del corazón (sístole y diástole), el movimiento de ambas piernas para caminar, la sucesión del día y la noche, el verano y el invierno, las fases lunares y el vaivén del mar.

En la búsqueda de la adecuación de estos procesos del cambio en la Naturaleza en el propio ser, el practicante de Tai Chi Chuan es consciente de que estos fenómenos suceden también en su interior y su exterior, por lo que comienza la larga y continua adquisición de conciencia y control sobre cada parte del cuerpo, para así poder alcanzar su equilibrio total. Cada parte del cuerpo, en movimiento fluido, debe estar armonizada con las demás; se desplaza hacia adelante un brazo en el justo momento en el que otro se retira hacia atrás; con paciencia y gran destreza, los pies realizan su movimiento, alternándose uno y otro cada vez; lo que sube tiene que bajar y nada se detiene por ningún motivo, todo el conjunto es Yin a un tiempo y Yang en el otro, y esencial es saber respirar para una apropiada ejecución.

Aunque la práctica de este arte milenario puede realizarse en cualquier lugar, y de preferencia donde pueda hallarse la calma y el contacto con lo natural, por lo regular, la enseñanza del Tai Chi Chuan se efectúa en el interior de un diagrama en el piso denominado Ba wa, o "los ocho estados de cambio", mismo que está compuesto por las figuras del Yin-Yang y los ocho trigramas que componen los 64 hexagramas del I-Ching. Cada trigrama representa una dirección con la cual los practicantes pueden guiarse para obtener las posiciones adecuadas y así poder perfeccionar la técnica.

Ba wa o "los ocho estados de cambio".
Está compuesto por el Yin-Yang y los ocho trigramas del I-Ching


Energía interna

Según la Medicina Tradicional China, misma que ha incorporado el Tai Chi Chuan como una práctica destinada al mejoramiento de la salud, en los seres humanos pueden distinguirse tres formas de energía interna:
  • Ching o esencia. Se trata de la forma de energía que confiere al cuerpo su constitución física básica, sus posibilidades de desarrollo y que preside los procesos orgánicos del crecimiento, de la reproducción y del envejecimiento. Es algo similar a lo que en occidente se le denomina como energía sexual. La esencia es en parte hereditaria, pero en parte debe cultivarse viviendo con serenidad, absteniéndose de los excesos, nutriéndose con una dieta equilibrada y alimentación sana, realizando adecuados ejercicios físicos y de respiración (Ch'i Kung).
  • Ch'i o energía vital. Se trata de una forma del ching más refinada. Deriva de la respiración, de los alimentos que constituyen nuestra nutrición y en parte también de la energía originaria transmitida por los padres en el momento de la concepción. La respiración es la que afecta a los practicantes de las artes marciales. Según la medicina tradicional china, el ch'i corre por determinados canales energéticos (los meridianos de la acupuntura) y se puede activar y dirigir por medio de la mente con resultados extraordinarios.
  • Shen o energía mental. Es la forma más refinada de energía interna. Esta hace posible una intensa concentración, mejora la fuerza del pensamiento que hace circular el ch'i y permite adquirir la plena consciencia de cada parte del cuerpo. El shen se refiere también al espíritu del hombre. Quien está dotado de un fuerte shen no sólo se comporta de una manera concentrada y vital, sino que practicando la artes marciales podrá llegar a poseer lo que los maestros de Kung-Fu llaman ching shen o espíritu de vitalidad. Con este término se indica la concentración aplicada a las artes marciales, la íntima unión entre la energía mental y el movimiento; la perfecta simbiosis entre espíritu y técnica. La expresión ching shen tiene también el significado de energía psicofísica, es decir, de vitalidad mental y física. Sólo quien posee ching shen puede llegar a la verdadera maestría.
Respiración

El instrumento principal para el conocimiento del ch'i es la respiración. En la práctica del Kung-Fu en general, y del Tai Chi Chuan en particular, es esencial utilizar una serie de técnicas de respiración que principalmente consisten en una respiración de tipo diafragmático abdominal, que incluye la visualización de que el aire inhalado se concentra en forma de ch'i en el llamado t'an tien, que es un punto que se encuentra en el centro del abdomen, un par de centímetros por debajo del ombligo.

Durante la inhalación se contraen los músculos abdominales, ejerciendo un empuje de los intestinos hacia abajo y al mismo tiempo se retraen los glúteos. Normalmente se inhala y se exhala por la nariz, y no es necesario llenar o vaciar completamente los pulmones.

La inhalación (de fuerza Yang) acostumbra a tener lugar en la fase inicial de la preparación de una técnica y la exhalación (de fuerza Yin) en la fase final. En caso de ejecutar un ataque, se realiza siempre exhalando; a veces en una única exhalación se realizan varias técnicas de ataque en rápida sucesión.

En Japón, al ch'i se le conoce como ki; en el yoga de la India, como prana; en Grecia se le conocía como pneuma; los egipcios le llamaban kneph; los hebreos, ruah; los mayas lo denominaban kinam; los iroqueses lo nombraron como orenda; los hawaianos como tane y los polinesios como mana. Todas estas palabras tienen el mismo significado literal: aire, aliento, soplo divino, fuerza, energía vital. Los maestros de zen y budo enseñan que la respiración de los seres vivos es un reflejo de la respiración del Cosmos. En la meditación, la respiración se considera el medio para que el flujo energético pueda entrar en contacto con el pensamiento, las emociones, el instinto y los estados físicos. De esta manera, cada parte del cuerpo se carga con la energía vital, que luego será descargada con un fin particular.

Beneficios en la salud

Durante la práctica del Tai Chi Chuan, se distinguen importantes elementos en el movimiento como la suma lentitud, la flexibilidad, la continuidad, la suavidad y la firmeza; características que transmiten un sentimiento de armonía y serenidad que tienen el propósito de unir la conciencia con el cuerpo. Por eso el Tai Chi Chuan se ha convertido en un arte muy popular en todo el mundo, cuyos importantes beneficios en la salud lo hacen más apreciado, pues se trata de una práctica ideal para conservar la salud y conseguir la longevidad.

Algunas personas han observado que la práctica regular y constante del Tai Chi Chuan durante un tiempo prolongado se ve reflejada mediante efectos favorables en el sistema nervioso central, el equilibrio, la flexibilidad y el sistema cardiovascular. También ha contribuido a la reducción de dolor, del estrés y de la ansiedad y también se ha señalado el mejoramiento del sistema respiratorio.

A través de la correcta meditación y de la aplicación de las técnicas de respiración, se puede desarrollar la energía natural del ser y armonizar la personalidad y el metabolismo.
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Bibliografía.

-Ignazio Cuturello & Giuseppe Ghezzi, Kung Fu Shaolin. De Vecchi.

24 de noviembre de 2008

El poder de un paradigma

n paradigma es la cosmovisión personal; es la forma en que un individuo percibe e interpreta el mundo que lo rodea. Son las creencias, opiniones, perspectivas o puntos de vista, que son siempre subjetivas, que son útiles en su momento pero cambian constantemente.

Un modo simple de pensar en los paradigmas consiste en considerarlos como mapas. Todos sabemos que un mapa no es lo mismo que el territorio. Un mapa es simplemente una explicación de ciertos aspectos de un territorio. Un paradigma es exactamente eso. Es una teoría, una explicación o un modelo de alguna otra cosa que existe en la realidad.

Supongamos que uno quiere llegar a un lugar específico del centro de París. Un plano de la ciudad puede ser de gran ayuda. Pero supongamos también que se nos ha entregado un mapa equivocado. Por un error de imprenta, el plano que lleva la inscripción de «París» es en realidad un plano de Roma. ¿Puede imaginar el lector la frustración y la inefectividad con las que tropezará al tratar de llegar a su destino?

Se puede entonces trabajar sobre la propia conducta: poner más empeño, ser más diligente, duplicar la velocidad. Pero nuestros esfuerzos sólo lograrán conducirnos más rápido al lugar erróneo.

Uno puede asimismo trabajar sobre su actitud: pensar más positivamente acerca de lo que intenta. De este modo tampoco se llegaría al lugar correcto, pero es posible que a uno no le importe. La actitud puede ser tan positiva que uno se sienta feliz en cualquier parte.

Pero la cuestión es que nos hemos perdido. El problema fundamental no tiene nada que ver con la actitud o la conducta. Está totalmente relacionado con el hecho de que el nuestro es un plano equivocado.

Si tenemos el plano correcto de París, entonces el empeño y el esfuerzo que empleemos es importante, y cuando se encuentran obstáculos frustrantes en el camino, entonces la actitud puede determinar una diferencia real. Pero el primero y más importante requerimiento es la precisión del plano.

Todos tenemos muchos mapas en la cabeza, que pueden clasificarse en dos categorías principales: mapas del modo en que son las cosas, es decir, hechos o realidades, y mapas del modo en que deberían ser las cosas, o valores. Con esos mapas mentales interpretamos todo lo que experimentamos. Pocas veces cuestionamos su exactitud; por lo general ni siquiera tenemos conciencia de que existen. Simplemente damos por sentado que el modo en que vemos las cosas corresponde a lo que realmente son o a lo que deberían ser.

Estos supuestos dan origen a nuestras actitudes y a nuestra conducta. El modo en que vemos las cosas es la fuente del modo en que pensamos y del modo en que actuamos.

Antes de seguir adelante, invito al lector a una experiencia intelectual y emocional.

Observemos durante algunos segundos este dibujo:

Ahora mira este dibujo y describe cuidadosamente lo que ves:

¿Ves una mujer? ¿Cuántos años tiene? ¿Cómo es? ¿Qué lleva puesto?

Es probable que describas a la mujer del segundo dibujo como una joven de unos veinticinco años, muy atractiva, vestida a la moda, con nariz pequeña y aspecto formal.

Pero, ¿y si yo te dijera que estás equivocado? ¿Qué pensarías si yo insistiera en que se trata de una mujer de 60 o 70 años, triste, con una gran nariz, y que no es en absoluto una modelo? Es el tipo de persona a la que probablemente ayudarías a cruzar la calle.

¿Quién tiene razón? Vuelve a mirar el dibujo. ¿Logras ver a la anciana? En caso contrario, persiste. ¿No identificas su gran nariz ganchuda? ¿Su chal?

Si tú y yo estuviéramos hablando frente a frente podríamos discutir el dibujo. Tú me describirías lo que ves, y yo podría hablarte de lo que yo veo por mi parte. Podríamos seguir comunicándonos hasta que me mostraras claramente lo que ves y yo te mostrara lo que veo.

Como ése no es el caso, examina esta tercera figura:

Ahora vuelve a ver la segunda imagen. ¿Puedes ver ahora a la anciana? Es importante que lo hagas antes de continuar leyendo.

Este ejercicio experimental es útil para demostrar con claridad y elocuencia que dos personas pueden mirar el mismo objeto, disentir, y sin embargo estar ambas en lo cierto. No se trata de relativismo lógico, sino de psicología.

Para realizar este ejercicio, se entrega la imagen de la joven (1a) a una persona, y la imagen de la anciana (3a) a otra. A continuación se pide que las observen con detenimiento durante unos 10 segundos y después que las entreguen de vuelta. Entonces se muestra a ambas personas la segunda imagen, la cual combina las otras dos imágenes, y se pide que describan lo que ven. Muy probablemente la persona que observó anteriormente la figura de la joven, también verá a la joven en la segunda imagen. Del mismo modo, la persona que haya visto la lámina de la anciana, también verá a la anciana en la segunda imagen.

Entonces se puede pedir a una de las personas que intente describir lo que ve a la otra persona. En este diálogo, muy probablemente tropezarán con problemas de comunicación.

— ¿Qué quieres decir con que es una anciana? ¡No puede tener más de veinte o veintidós años!
— ¡Vamos! Debes de estar bromeando. ¡Tiene setenta años, podría tener cerca de ochenta!
— ¿Qué te pasa? ¿Estás ciego? Es una mujer joven, y muy guapa, me gustaría salir con ella. Es encantadora.
— ¿Encantadora? Es una vieja bruja.

Muchos argumentos serán presentados, con los dos interlocutores seguros y firmes en sus posiciones. Todo esto ocurre a pesar de una muy importante ventaja con la que algunas personas cuentan: el conocer de antemano la posibilidad de que exista otro punto de vista, algo que infinidad de personas nunca admitirían. Sin embargo, al principio, sólo unos pocos tratamos realmente de ver la figura con otro marco de referencia.
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-Stephen R. Covey, Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva.