Historia del arte · Mitología comparada · Psicología profunda · Simbología religiosa · Filosofía

7 de agosto de 2009

Blancanieves y los siete metales

rase una vez una hermosa reina que cosía sentada junto a una ventana cuyo marco estaba hecho con madera de ébano. Era un frío día de invierno, y distraída por la belleza de los copos de nieve que caían como plumas blancas, la reina se picó el dedo con la aguja y tres gotas de sangre cayeron sobre la nieve. La reina contempló el contraste de la sangre roja sobre la nieve blanca y el marco negro de ébano y suspiró: "¡Cómo quisiera tener una niña con la piel tan blanca como la nieve, los labios rojos como la sangre y el cabello negro como la madera del ébano!"...

La Alquimia emplea un lenguaje propio cargado de símbolos, muchas veces poco claros, que hay que descifrar. Esta simbología alegórica se puede encontrar en mitos, leyendas, e incluso también, en relatos más o menos infantiles.

El cuento más famoso de los hermanos Grimm, Blancanieves (Schneewittchen), es uno de ellos.

Blancanieves es una narración arquetípica que se reitera a lo largo de la historia y la simbología religiosa, y cuyo tema central es el sendero del alma; su descenso desde las regiones celestes hasta las terrestres y su posterior ascenso, ya purificada y transmutada en un ser superior y perfecto.

El contenido esotérico, propiamente dicho, del relato de Blancanieves, se refiere a una realidad extremadamente seria: la iniciación, es decir, el tránsito gracias al artificio de una muerte y de una resurrección simbólicas desde la ignorancia y la inmadurez hacia la edad espiritual del adulto.

Blancanieves es una niña que, todavía en la pubertad, supera, en todos los aspectos, a su perversa madrastra, quien celosa, se esfuerza constantemente por terminar con la vida de su hijastra por ser "mil veces más bella".

Blancanieves es más bella que la reina porque ésta simboliza la belleza material, terrenal y perecedera, mientras que Blancanieves es la belleza espiritual eterna surgida bajo el influjo de la nieve, que "cae del Cielo". El espejo es el Gran Consultor: "Señora reina, eres como una estrella, pero Blancanieves es mil veces más bella". Esotéricamente, el espejo es el "Ojo que todo lo ve", un objeto de la clarividencia. Cuando se trata de autojuzgarse, se dice que "Hay que ponerlo frente al espejo". El espejo es la conciencia misma de la reina malvada, a quien le dice la verdad.

Y por la belleza superior de Blancanieves, su madrastra la somete a una serie de duras pruebas y tribulaciones que tienen el objetivo de matarla, pero que finalmente son superadas, y aunque malvada, se trata simplemente del instrumento del destino para que Blancanieves encuentre la felicidad.

Los siete enanos

Los enanos (en nórdico antiguo, dvergar) son criaturas del elemento tierra; amos del mundo telúrico, son trabajadores de las minas. También asociados a los gnomos o pigmeos, representan el espíritu de los minerales. En su Tratado de las Ninfas, Silfos, Pigmeos y Salamandras, Paracelso describe a estos obreros subterráneos que toman la forma de pequeños ancianos. Los siete enanos representan el aspecto de la materia mineral en sus siete prolongaciones, es decir, los siete metales. Cada enano tiene, además, el carácter del planeta que lo domina -Alegre es el Oro (Sol) ☉. Dormilón es la Plata (Luna) ☾. Tontín es el Azogue (Mercurio) ☿. Doc es el Estaño (Júpiter) ♃. Tímido es el Cobre (Venus) ♀. Gruñón es el Hierro (Marte) ♂. Estornudo es el Plomo (Saturno) ♄.[1] - Quizás J. R. R. Tolkien quiso expresar este mismo simbolismo en El Señor de los Anillos, al elegir precisamente siete enanos como los portadores de siete anillos forjados especialmente para ellos.

Prima Materia

Blancanieves es la Prima Materia. Su cabello es Negro, su piel es Blanca y sus labios son Rojos: colores indiscutibles de la Gran Obra. Estos colores indican las distintas fases por las que atraviesa el proceso alquímico. Los colores son inherentes a la Materia, en Blancanieves indican que son los estados por los que deberá pasar antes de alcanzar la felicidad, a su vez que simbolizan características como la pureza, por el blanco; el amor y la pasión, por el rojo y la muerte, por el negro.
  1. Nigredo. Es el color inicial del Régimen que indica la operación de la Putrefactio, la primera actuación del alquimista en el laboratorio. Se caracteriza por la oscuridad que preside y por el color negro que posee la materia, razón por la cual es representada por el cuervo. En el Negro se ocultan los otros dos colores. Es también la reducción a polvo de la materia en el mortero, la principal operación alquímica, la mortificación por la que los cuerpos mueren y se produce la división de las materias del compuesto, camino de la siguiente fase. La putrefacción se consigue gracias al mantenimiento constante de un calor muy suave sin que éste sufra graves alteraciones, pues de lo contrario se convertiría la materia en ceniza seca y todo el trabajo realizado se perdería.

  2. Albedo. El Magisterio al Blanco. Segundo color principal de la Obra y que sucede al Negro. Es representado por el cisne y marca el fin de la fija­ción. Color que sólo se manifiesta cuando se fija la ma­teria en la primera obra. Su elixir es el Elixir Blanco que convierte los metales en plata, verdadera Luna. Según Roger Bacon, aparece en la superficie del recipiente; es donde se esconde el Rojo. En la tierra blanca se debe sembrar la semilla del oro, es decir, su fermento, pues ha dicho el filósofo: "Blanquead la tierra negra antes de agregarle el fermento". Y otro ha dicho: "Sembrad vuestro oro en la tierra foliácea blanca... y ella os dará fruto centuplicado", después se debe seguir continuamente el proceso de cocción, sublimación, calcinación, imbibición y nuevamente cocción, hasta lograr que algún día la materia revele al fin su preciado color rojo.

  3. Rubedo. Color culminante de la Obra. Señala la obtención de la Piedra Filosofal que aparece tras el Blanco, hay que cocer seguido hasta que aparezca. Es descrito como un color rojo muy profundo y brillante como el de la sangre y el cinabrio. Entre el blanco y el rojo hay un cierto co­lor citrino (Citrinitas), luego aparece el Rey coronado con la diadema roja. Implica todo ello la resurreción de los cuerpos muertos, por eso ha dicho el filósofo: "Que aquellos que no saben matar y resucitar, abandonen el arte". Y en otro sitio: "Aquellos que saben matar y resucitar sacarán provecho de nuestra ciencia. Aquel que sepa hacer esas dos Cosas será el Príncipe del Arte". Es el Fénix, que renace de sus propias cenizas mortificadas, el Elixir Rojo, que convierte los metales en verdadero Sol; un oro mil veces más puro que el que se encuentra en la tierra y en el agua.
Los siete metales en correspondencia con los siete planetas

Transmutación

La madrastra visita a Blancanieves tres veces y ésta no la reconoce; le ofrece primero un lazo que la deja sin respiración, luego una peineta envenenada, y por último una manzana envenenada. En los dos primeros casos los enanos llegan y logran salvarla, pero no sucede lo mismo en el tercero, donde la niña sucumbe ante el veneno de la manzana.

La manzana bien puede representar aquel fruto prohibido del Génesis, efigie de la tentación e incluso de la discordia. Quizás no sea coincidencia que 'manzana' en latín se traduzca como malum, palabra homógrafa usada también en este idioma para designar 'mal'; 'desgracia'; 'calamidad'. En el Génesis, este fruto (pomum) proviene del Árbol del Conocimiento en el que habita la Serpiente del Paraíso quien persuade a Adán y a Eva para tomarlo diciendo que si comen de él "serán como dioses" (Génesis 3:5).

Y tal como Robert Ambelain escribe en Dans l’ombre des cathédrales: "la manzana, incluso en nuestros días, es para las escuelas iniciáticas el símbolo del conocimiento, ya que al cortarla en dos (en el sentido perpendicular al eje del pedúnculo) hallamos dentro un pentagrama, símbolo tradicional del saber..." y, por lo tanto, contiene el número áureo.

Pero el color de la manzana nos indica ya su identidad: es el agente rojo que le dará su fuerza final a la Materia y su verdadera razón de ser. Sin el veneno mortal que contiene, la Materia no podría convertirse en Elixir Rojo, fuente de la vida y de la inmortalidad.

Luego, al morir Blancanieves, es puesta dentro de una urna de cristal, que nos recuerda al Crisol, sagrado recipiente de vidrio en forma de huevo en el que la Prima Materia sufre sus diversas transformaciones y pasa a través de sus tres fases: nigredo, albedo y rubedo. Ahí permanece "como si estuviera muerta", hasta que llega el Príncipe y la revive con un beso. Se reitera el tema de la "salvación por el amor", amor que todo lo vence. El Príncipe es el Azufre de los Filósofos con el que Blancanieves se casa. Este casamiento final alude a las "Bodas químicas", la unión del Fuego y el Agua; el Macho y la Hembra; el Hermano y la Hermana; la Coincidentia Oppositorum; la coniunctio entre el Azufre y el Mercurio para dar nacimiento al Rebis Hermafrodita.
Coniunctio.
Arnau de Vilanova, Rosarium Philosophorum.
Los símbolos del Rey y la Reina que se hacen uno solo representan la consecución de la Piedra Filosofal, la unidad final y la victoria definitiva sobre la muerte y la oscuridad.

La triple muerte y resurrección de Blancanieves cumple con el proceso iniciático de la vida y tiene un paralelismo con las tres caídas en el Vía crucis del Cristo, y los tres días antes de su resurreción. Sobre el aspecto iniciático, Mircea Eliade dice: "Lo que es llamado iniciación coexiste con la condición humana, que toda existencia está constituida por una serie ininterrumpida de «pruebas», de «muertes» y de «resurrecciones», cualesquiera que sean los términos de que se sirva el lenguaje moderno para traducir estas experiencias", experiencias que reafirman el último significado religioso y sagrado de la vida y la posibilidad real de un final feliz.
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Bibliografía:


-Jacob & Wilhelm Grimm, Schneewittchen.
-Mircea Eliade, Mito y Realidad.
-N. J. Girardot, Initiation and Meaning in the Tale of Snow White and the Seven Dwarfs, The Journal of American Folklore 90 No. 357 (July-September 1977).
-Robert Ambelain,
Dans l’ombre des cathédrales.
-Paracelso, Liber de nymphis, sylphis, pygmæis et salamdris, et de cæteribues spiritibus (Tratado de las Ninfas, Silfos, Pigmeos y Salamandras). 1566. Obelisco.
-Albertus Magnus, Compositum de compositis.

Notas.

[1] ↑ N. del A. En la historia original no se mencionan los nombres de los enanos. Aquí se aluden a los nombres en español dados por Walter E. Disney en su largometraje animado de 1937 para identificar su personalidad (Sneezy, Sleepy, Dopey, Doc, Happy, Bashful, Grumpy).