Historia del arte · Mitología comparada · Psicología profunda · Simbología religiosa · Filosofía

25 de marzo de 2010

La Palabra

Con los Rudra, con los Vasu,
con los Aditya y con Todos los dioses voy.
Sostengo simultáneamente a Varuna y a Mitra,
a Indra y a Agni, y a los dos Asvines sustento.

Soy quien guía al Soma exuberante,
dirijo al Tvastar y también a Pusan y a Bhaga.

Otorgo la riquieza al preste,
al que invoca bien, al estrujador de soma y al inmolador lego.

Soy la que tiene el dominio, la que concentra los bienes preciosos,
quien discurre, la primera entre los que gozan del homenaje.

A muchos lugares me han asignado los dioses,
entro en muchas imágenes, tengo muchas estancias.

El que distingue, se alimenta merced a mí,
quien entiende la cosa dicha y el que alienta,
todos residen en mí sin ser conscientes de ello.
Tú que sabes, escucha: lo que yo te digo es digno de creerse.

Soy yo quien, por naturaleza, anuncia
lo que complace a los devas y a los hombres
Hago poderoso a quien amo,
yo hago al que proclama fórmulas y al perspicaz yo doy la sabiduría.

Yo soy quien tensa el arco para Rudra,
¡que destruya la flecha al enemigo del enunciado!
Yo he creado la contradicción entre los hombres
He penetrado el cielo y la tierra.

Yo soy quien creó al Padre en la cúspide de este mundo.
En el mar, en las aguas está mi origen,
desde allí me propagué por entre todos los seres,
y concierno al mismo cielo con lo que mi cerebro vierte.

Yo también aliento, como el viento,
y me adueño de todas las existencias.
En el Cielo y más allá, en la Tierra y más allá,
hasta tal extremo de grandeza he llegado.
Rig Veda, X.125


Ἐν ἀρχῇ ἦν ὁ Λόγος,
καὶ ὁ Λόγος ἦν πρὸς τὸν Θεόν,
καὶ Θεὸς ἦν ὁ Λόγος

Al principio era la Palabra,
y la Palabra estaba con Dios,
y la Palabra era Dios.
Juan, 1:1.


Así pues, la palabra es imagen del pensamiento; y el pensamiento es imagen de Dios.
Corpus Hermeticum, Libelo XII.
La Palabra es Magia

ara todas las culturas de la antigüedad, el lenguaje y la escritura eran considerados como un don sagrado. Así, en Egipto, el escriba Thot, patrón de las artes y las ciencias, fue el creador del lenguaje que obsequió a los hombres, y junto a su compañera Seshat, son los señores de la escritura. Thot, dios de la sabiduría y la magia, comparte estos títulos con el gran Odín/Wotan germánico quien, a través de su autosacrificio: colgado nueve días en el Árbol del Universo atravesado por una lanza, obtuvo el conocimiento de las runas que luego heredó a la humanidad, no sólo para utilzarlas como lenguaje común sino también para la adivinación y la preparación de sortilegios. Los caracteres germánicos eran considerados, no como meras letras con un valor fonético, sino como símbolos con vida propia, dotados de poder, lo que se atestigua por el propio significado de la palabra runa, "secreto", "susurrar".



Veit ec at ec hecc vindga meiði a
netr allar nío,
geiri vndaþr oc gefinn Oðni,
sialfr sialfom mer,
a þeim meiþi, er mangi veit, hvers hann af rótom renn.

Við hleifi mic seldo ne viþ hornigi,
nysta ec niþr,
nam ec vp rvnar,
opandi nam,
fell ec aptr þaðan.


Sé que pendí .. nueve noches enteras
del árbol que mece el viento;
herido de lanza .. y a Odín ofrecido,
—yo mismo ofrecido a mí mismo—
del árbol colgué .. del que nadie sabe
de cuáles raíces arranca.

Ni pan me tendieron ni copa alguna;
fijo en lo hondo miré;
las runas alcé, las gané entre gritos;
caí a la tierra de nuevo.
Edda Mayor, Hávamál o Los Dichos de Har, 138 y 139.

Elder Futhark, alfabeto rúnico.
Los babilonios tenían a Nabu como dios de la escritura y los mayas a Itzamná, muy identificable con el Thot egipcio. En las religiones monoteístas más ortodoxas, ya que no está permitido representar a Dios bajo una forma e imagen definidas, se le representa con una sola palabra, a menudo de cuatro letras (tetragrammaton): como יהוה (YHVH, latinizado Yahvéh o Jehováh) en hebreo entre los judíos, y الله (Aláh) en árabe entre los musulmanes. En la tradición judaica, el demiurgo YHVH creó al Universo por medio de las 22 letras del alfabeto hebreo, mismo que, según creen los cabalistas, es la esencia de todas las cosas.
Veintidós letras fundamentales. Él las estableció, grabó, agrupó, pesó e intercambió. Y formó con ellas toda la creación y todo lo destinado a formarse.
Sepher Yetzirah, 2:2
Para judíos y cristianos, la Biblia, recipiente de la "Palabra de Dios", es un libro viviente.

Para nuestros ancestros, el simple hecho de leer una escritura; la ciertamente "milagrosa" capacidad de transmitir ideas y conceptos desde un aparentemente inerte pedazo de piedra, madera, cuero o papiro a la propia mente, era un acto de la más alta magia.

Y no hay razón para contradecir esto.

El sólo hecho de que algún sabio de la Antigua Grecia o un poeta de la Edad Media pueda hablarnos hoy aún después de haber muerto hace siglos, no puede ser otra cosa que magia.

Versos, fórmulas, mantras, conjuros, encantamientos, oraciones y hechizos, se han usado durante toda la historia para transformar la realidad. Una de las palabras mágicas más famosas de la historia proviene de la cultura romana y era la fórmula Abracadabra aparecida por primera vez en el siglo II en el poema De Medicina Præcepta, escrito por el sabio Serenus Sammonicus, médico del emperador Caracalla, usada para curar enfermedades. Las letras de la palabra debían ser escritas en pergamino de la siguiente manera:


ABRACADABRA
ABRACADABR
ABRACADAB
ABRACADA
ABRACAD
ABRACA
ABRAC
ABRA
ABR
AB
A
El paciente, o alguien en su nombre, recitaba la fórmula tal como se había escrito. A medida que la fórmula decrece, la fiebre desaparece. Un posible origen de esta fórmula es el arameo Avrah Kahdabra que significa "Yo crearé como hablo". También es posible que se haya derivado del caldeo Abbada Ke Dabra, el cual quiere decir aproximadamente "perecer como la palabra", pues en el amuleto de pergamino se escribe dicha palabra de forma que "muere" gradualmente, (los fans de Harry Potter notarán de inmediato la razón de usar la frase caldea original como un peligroso hechizo).

En el hinduísmo y el budismo las fórmulas y oraciones se denominan mantras. El término «mantra» (तन्त्र) proviene del sánscrito y significa 'liberador de la mente'; está formado por manaḥ ('mente') y trāiate ('liberación') y tradicionalmente se refiere a las sílabas, palabras o frases sagradas de origen sánscrito que se repiten para invocar a un dios o como apoyo para meditar o para formar un sonido capaz de transformar el entorno. Entre ellos el más famoso es la sílaba AUM, , símbolo que corresponde a la tríada brahmánica (Trimurti): Brahman (A), Vishnú (U) y Shiva (M). Esta sílaba también se le llama udgīthá ("canto fuerte") o praṇava mantra ("oración vibrante"), pues es considerada por los hindúes como el sonido primordial, origen y principio de la mayoría de los mantras, palabras o sonidos divinos y poderosos tal como el mantra de Avalokitesvara, el boddhisatva de la compasión:
ॐ मणि पद्मे हूँ
Aum mani padme hum
Este mantra significa literalmente "gloria a la joya en el loto". Al recitar repetidamente los mantras, los monjes llegan a alcanzar estados alterados de conciencia debido a que el cerebro emite constantemente ondas de baja frecuencia y éstas son amplificadas por las vibraciones sonoras que producen las entrenadas cuerdas vocales de los monjes. Se cree también que cada una de las siete vocales del alfabeto sánscrito, al ser pronunciadas correctamente, producen una vibración específica que sirve al oyente como medio de meditación para cambiar estados anímicos.

Incluso hoy, hay métodos y técnicas psicológicas modernas que afirman tener la capacidad de lograr la transformación del comportamiento mediante las palabras. Una de ellas es la cada vez más popular Programación Neurolingüística (PNL) que, a semejanza de la hipnosis, se basa principalmente en "programar" la mente a través del uso de palabras precisas o sabiamente elegidas que tengan un significado en la mente de los demás de acuerdo con la personalidad y con el propósito en particular, ello en conjunto con la correcta dicción, el volumen, la velocidad, el espaciamiento, el tono de voz e incluso el lenguaje corporal. En definitiva, se trata del arte de usar el lenguaje con diversos fines que van desde los terapéuticos hasta el de influir y convencer socialmente para el éxito en los negocios y las relaciones personales.

La pluma es más poderosa que la espada, dice el dicho de Edward Bulwer-Lytton. El lenguaje, surgido y desarrollado por medio del largo proceso evolutivo que fue adaptando nuestros cerebros para utilizarlo, es una de las características más importantes que distinguen al ser humano del resto de los seres vivos, pues a diferencia del lenguaje animal que es básicamente sensorial, el lenguaje humano es un sistema abstracto de códigos que utiliza signos y símbolos. El lenguaje es una herramienta que permite la expresión del pensamiento y de la voluntad. Como dice el biólogo evolutivo Richard Dawkins tratando de explicar la evolución tecnológica, "el lenguaje permite compartir ideas y un ser capaz de comunicar ideas comienza también a pensar con propósito, a actuar con propósito y a crear con propósito. El lenguaje permite incluso que nuestras ideas perduren en el tiempo y sobrevivan a los individuos. Así por ejemplo, alguien en el pasado ha ideado la rueda y a través del tiempo otros, deseando viajar más rápido utilizan la idea transmitida y logran inventar otras máquinas como el automóvil". Sin el lenguaje, todos nuestros conocimientos no habrían podido subsistir y todos nuestros avances tecnológicos no existirían.

La Palabra es Luz

Heráclito (535-475 a.C.), fue el primero en usar el término Λόγος (Logos), -traducido como "razón", "tratado", "estudio", "discurso", "palabra"[1]- para nombrar al principio de orden y conocimiento en el Universo: "No a mí, sino habiendo escuchado al Logos, es sabio decir junto a él que todo es uno". Los estoicos identificaron al Logos con el principio divino animador del Universo y los cristianos reconocen a Jesús, el Cristo como encarnación del Logos/Verbum, que para los gnósticos es a su vez la Gnosis.

Derecha: Heinrich Füger, Prometheus bringt der Menschheit das Feuer (Prometeo lleva el fuego a la humanidad), 1817.
Es la Gnosis conferida al hombre por el Cristo; el Fuego robado a los dioses por el osado titán Prometeo quien, castigado por ello, reveló luego a Heracles el modo de obtener las preciadas manzanas de oro del Árbol del Jardín de las Hespérides, custodiado por el dragón Ladón. Semejante era la creencia de la secta gnóstica de los ofitas (s. II): la Serpiente del Paraíso otorgó a los hombres la oportunidad de "ser como dioses" (Génesis 3:5) por la Luz del Conocimiento, desafiando los designios del Demiurgo quien deseaba mantener sumergida a la humanidad en la oscuridad de la ignorancia. "¿No está escrito en vuestra Ley?: Yo digo, vosotros dioses sois." (Juan, 10:34). De manera que la encarnación del Verbo en hombre, misma que lo eleva en su Iluminación y Apoteosis, le otorga el don de la palabra verdadera y la oportunidad de sentarse "a la derecha del Padre".

Sin embargo, puesto que el conocimiento es poder, el hombre por naturaleza es fácil de ser seducido por el poder, corromperse por su arrogancia y llegar a creerse Dios mismo, pues "ser como dioses" no es igual a "ser como Dios":
Quomodo cecidisti de cælo, lucifer, fili auroræ? Deiectus es in terram, qui deiciebas gentes!, qui dicebas in corde tuo: 'In cælum conscendam, super astra Dei exaltabo solium meum, sedebo in monte conventus in lateribus aquilonis; ascendam super altitudinem nubium, similis ero Altisimo.

¿Cómo has caído del cielo, lucero, hijo de la Aurora? ¿Cómo, tú, dominador de naciones, has sido derribado y arrojado a la tierra? En tu corazón decías: "Ascenderé hasta el cielo y levantaré mi trono encima de las estrellas de Dios, me sentaré en la montaña del encuentro, donde se reúnen los dioses, allá donde el Norte se termina; en los confines de Safón; subiré a las alturas de las nubes, seré igual al Altísimo (Elyón)." Mas has sido precipitado a las honduras del Abismo, el lugar adonde van los muertos.
[2]
Isaías, 14:12-15.
Tal parece ser lo que le ha ocurrido a nuestra divinizada ciencia moderna, pues en su soberbia, los cientificistas la han proclamado como el "único camino", con las terribles consecuencias que ahora enfrentamos por ello.

Es así que, Lucifer y Cristo (Xριστoς, 'Ungido'), como figuras de la Luz, son parte de una misma y única figura; las dos caras de una sola moneda. Pero cada una posee la función de moderar a la otra, una en su Orgullo y la otra en su Humillación, para equilibrarse entre ambas en Dignidad y Humildad.

Según los ofitas, la Serpiente deseaba la exaltación del hombre y no su decadencia, anhelaba un Hombre-Dios que pudiese reinar en la Tierra con las leyes celestiales, y ascendiendo por el Árbol del Conocimiento desde las raíces hasta su copa, simbolizaba así la unión del Cielo con la Tierra. El propósito real de la serpiente era, entonces, de servir como intermediario entre el Cosmos y el hombre; de traer el conocimiento divino a los seres humanos.

No obstante, YHVH, protagonista absoluto del Antiguo Testamento, ente iracundo y vengativo al que se le ha confundido con el Uno, el Todo, expulsó del Paraíso al hombre por su aspiración de divinidad y lo privó de sus privilegios, maldijo y condenó a la Serpiente, sembrando la enemistad entre su estirpe (el conocimiento) y la especie humana. Pero la función expresa y suprema del Logos, el Verbo por el cual "todo fue hecho", es que nuestra naturaleza humana cobre conciencia de su naturaleza divina y retorne al estado de gracia del que una vez habría gozado, siendo nuevamente Uno con el Todo.

La Palabra es Espíritu

El constante proceso de transmitir la información de un medio físico a otro, puede hacernos comprender que es posible separar -al menos conceptualmente ya que Todo es Uno- la información de la materia, es decir, que la información no es material y que, al igual que el espíritu, comprende un plano de existencia distinto al de la materia, un plano metafísico.

Un libro o un programa de computadora contienen información compleja registrada en materia, sea tinta, papel o un CD. La información puede cambiarse de un medio a otro o hasta ser almacenada en el cerebro. Pero el contenido de un libro o del CD no es especificado por las leyes físicas o químicas que rigen a los medios, si fuese así todos los libros serían iguales o sólo diferirían de acuerdo a los materiales utilizados. El contenido del mensaje es independiente de la composición material del medio. El Don Quijote no pierde su significado o calidad literaria si está impreso en el más barato de los papeles y una mala novela no mejora su calidad si se imprime en costoso pergamino. El medio material y la información son dos cosas totalmente diferentes. Se puede hablar de galaxias y de partículas subatómicas en los mismos términos porque ambas tienen masa y carga, ancho y largo.

No podemos hacer eso con la información y la materia pues la información no tiene masa, ni carga, ni largo en milímetros. La materia/energía y la información constituyen dos dominios de existencia completamente diferentes que deben ser tratados de manera diferente y bajo sus propios términos. La información es una realidad distinta a la materia y no puede ser reducida a ella, no pueden establecerse al mismo nivel, ni siguen las mismas leyes, aunque evidentemente, como sucede con todo principio dualista, no pueden separarse, tal como no puede separarse la mente del cuerpo; son complementarias, interdependientes e inherentes entre sí; dos partes de un todo.

La Palabra es Vida

George C. Williams (1994) -uno de los más importantes y respetados científicos en el desarrollo de la teoría genética y de la biología evolucionista- coincide con la idea anterior, pues no sólo los libros, los discos fonográficos de vinilo, los CD's y las neuronas funcionan como medios materiales de almacenamiento de información, sino también esa molécula que tanto nos recuerda al Caduceo de Hermes: el Ácido Desoxirribonucleico (ADN), que almacena la información genética (código genético) y la transmite. Y puesto que existen innumerables especies animales que contienen información genética muy diferente entre sí, queda claro que la molécula del ADN es sólo el medio, no el mensaje. Los seres vivos están hechos -además de materia orgánica- de información que se ha transmitido desde hace millones de años, aunque, por supuesto, con aquellas variaciones que conocemos como mutaciones y que hacen posible la evolución y la biodiversidad.

Por otro lado, en distintas tradiciones como en la bíblica, se relata que Dios formó el cuerpo del hombre del polvo de la tierra; de arcilla inerte al que luego dotó de vida con su aliento divino o ruah (Génesis 2:7). Los egipcios compartían esta concepción y daban a este espíritu o soplo divino, el nombre de kneph, la energía vital.

¿En qué difiere, pues, un cuerpo de un animal vivo de uno muerto si ambos cuerpos se componen de las mismas sustancias?

Si mandamos a analizar un pedazo de cinta de grabación virgen y otro pedazo de cinta con alguna grabación previa para saber la composición de las dos, ambos análisis arrojarán el mismo resultado: se nos dirá que se trata de un substrato polimérico recubierto por una de sus caras con un óxido férrico. El análisis fisicoquímico no detectará que en una de las cintas las moléculas de ferrita están orientadas de una manera organizada (grabación magnética), mientras que en la otra su orientación es aleatoria y, mucho menos, será capaz de interpretar la información contenida en dicha orientación.

Este es un principio esencial que siguen con suma obediencia los adeptos del arte alquímico. Se afirma que la Materia de los filósofos del Opus Magnum -que es de poco precio y se la encuentra en todas partes- es una muy oculta simiente secreta que dará vida al Hijo de la Sabiduría, una simiente que es necesario saber extraerla de forma natural y sin violencia por medio del Fuego Secreto. Se dice que cualquier materia que contenga dicha simiente, es una materia "viva", y la que no la contiene está "muerta" y no sirve para el propósito de la Obra, de modo que puede existir un átomo de mercurio "vivo" y también uno "muerto", aunque la estructura química y configuración electrónica de ambos sea la misma.

Por ello, no se trata de un elemento o compuesto químico conocido; la Materia de los Filósofos no es ninguna forma de materia obtenida del mineral, sino una cierta propiedad especial e intrínseca del mismo, sutil e invisible como han descrito los alquimistas, y, en términos más actuales, puede decirse que se trata de una ordenación generatriz subnuclear, cuya estructura geométrica altera la matriz espaciotemporal, produciendo una sincronización o una especie de resonancia cósmica con la fuente universal, lo que le asemeja a la esencia misma del Universo. Esta ordenación puede romperse y desaparecer para siempre cuando se produce una aportación incontrolada de energía como la proporcionada por las altas temperaturas, pues afecta a la estructura atómica de la materia que le sirve de substrato. Por lo tanto, es un tipo de información cósmica contenida en la Prima Materia y desde el punto de vista de un análisis físicoquímico, nadie notará la diferencia entre una materia "viva" y una "muerta".

La información se crea, se transforma y se destruye

La prueba definitiva que demuestra la inmaterialidad de la información y de las ideas, así como su diferencia sustancial con respecto a la materia/energía y, consecuentemente, la falsedad del dogma "todo es materia" del materialismo, es que, al menos en nuestro mundo sensible y mutable, la información puede ser destruida, pero de acuerdo con la primera ley de la termodinámica, la materia/energía no se crea ni se destruye, sólo se transforma.

Si todas las copias de las obras de Shakespeare, o todas las partituras y grabaciones de la música de Beethoven fuesen destruídas, y además todos los actores y músicos que hubiesen aprendido estas obras murieran, entonces esas obras se perderían para siempre sin posibilidad de recuperarlas.

Como ejemplos históricos de esta destrucción podemos citar el incendio del año 48 AEC. que hizo arder miles de textos de la Biblioteca de Alejandría, o la extinción masiva de las especies de dinosaurios hace 65 millones de años, ambas creaciones cuya información se perdió para siempre.

Tal es el inevitable destino que le espera a toda creación. Un día, dentro de aproximadamente cinco mil millones de años, el Sol se expanderá en una gigante roja y devorará a la Tierra con su calor, destruyendo no sólo toda forma de vida existente, sino también, todas las obras producidas por la humanidad. Pero esta característica fatal y perecedera de la información no debe hacernos suponer que la materia, por su aparente eternidad, es superior a ella, pues esto es sólo ilusorio y en realidad Todo ha de volver finalmente a su Fuente Original.

Desde la incipiente escritura cuneiforme realizada en tablillas de arcilla, que dejó atrás a la Prehistoria para dar comienzo a la Historia, hasta nuestros sofisticados sistemas de comunicación, la palabra, ya sea escrita o hablada, seguirá siendo un regalo de los dioses.
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Bibliografía.

-Biblia de Jerusalén.
-Hermes Trismegisto, Corpus Hermeticum y otros textos apócrifos. Selección y versión de Walter Scott. Edaf.
-Rig Veda. Traducción de Juan Miguel de Mora. Conaculta.
-Edda Mayor. Traducción de Luis Lerate. Alianza.
-Sepher Yetzirah (Libro de la Formación).
-Migene González-Wippler, Amuletos y Talismanes. Llewellyn.
-Philip E. Johnson, Defeating Darwinism by Opening Minds. 2002.

Notas.

[1] ↑ N. del A. El sustantivo λόγος procede del verbo λέγω, yo digo, y significa primordialmente lo dicho, la palabra como tal en sentido externo. En sentido interno significa hablar en el sentido de pensar. Y es que antes de decir algo a otros en palabras, nos lo decimos a nosotros mismos.
[2] ↑ N. del A. Estas palabras de Isaías aluden directamente al rey de Babilonia, pero posteriormente san Jerónimo creyó ver en ellas una referencia a la rebelión y caída en desgracia de Satán, y en la elaboración de la Vulgata sustituyó el término hebreo helel, "resplandeciente", por el de Lucifer (Lucipheros), palabra que significa: "Portador de la Luz" (Del latín lux, "luz" y fero, "llevar"), por lo que a partir de entonces se identificó a Satán o el Ángel caído con Lucifer, a pesar de que son figuras distintas y que tienen un origen independiente. Lucifer es un dios menor de la mitología clásica conocido por los griegos como Έωσφόρος (Eosphoros), Héspero, Heósforo o Fósforo, hijo de Eos, la Aurora, diosa de la mañana. Esta decisión pretendía ajustar los distintos significados que el texto hebreo original parecía poseer y el hecho de que Lucifer fuera un descendiente de los dioses paganos, también influyó en la elección de San Jerónimo, pues la evangelización intentaba hacer ver un demonio en cada dios pagano. También Lucifer era en la antigüedad, el nombre del planeta Venus, el cual se ha conocido también como la Estrella de la Mañana o Lucero del Alba.